28 de diciembre de 2018

El último pensamiento del viejo o el primero del nuevo


Se dice que hay personas que cada día del año se replantean su vida o su signo de vida -¿es así, primera banda? -Has comenzado bien, continúa. Quizá este grupo sea el menos numeroso, ya que replantearse la vida cada mañana puede suponer una tarea demasiado tediosa, amarga y estresante. Pero, con la llegada de un año nuevo, quizá haya otros muchos que sí repasen el uno de enero los acontecimientos vividos. -Y tú, segunda banda, ¿qué opinas? -Que quiero conocer el final. Como, por ejemplo, Soledad Giménez cuando rubrica en una de sus sentidas canciones, frases o estrofas como las siguientes:
 

“... bien sabes que te puedes ir, que no te venza el miedo… Tú me haces tanta falta como te hago yo a ti… tú tienes el camino ahí, no es fácil ser libre… uno sin el otro somos playa sin mar… tú siempre volverás a mí, muy lejos no te irás.”
 

No sé si...
...“Este es el tipo de cosas que te pierden.
Y además, son las que más daño te hacen.”
Pero,
sí siento el fluir de la sangre con las ganas renovadas,
latiendo por cada palmo bebido, por cada gota de piel encharcada.
Y a las emociones elevándose al cubo mientras palpita la sien,
luciendo sin faroles, con esa libertad de la que bajarte no puedes.
Y después, siento el aleteo de los sentimientos calando,
la ilusión febril de un encuentro ahogado en el tiempo,
el que quema como la cal y amarga como la hiel,
ese malestar que te deja la dificultad de ser libre,
la desdicha de tu sueño encontrado a destiempo.
 
 

24 de diciembre de 2018

Y que venga la noche (a tres bandas)


Cuando venga la noche,
temida soledad sin sus cálidos brazos,
no hallaré consuelo sin el calor de su pecho.
Cuando venga la noche
y con ella el arrojo del amante bajo la luna de plata
sellaré con un beso la pasión que nos deje el amor.
Cuando venga la noche
y con ella el dibujo de sus dedos en la piel erizada
buscaré entre las sedas la huella de la miel dejada.
Cuando venga la noche
y con ella la otrora escondida oscuridad
no quitará la luz que su mirada me dará.
 

Regálame tu amor,
serán mis brazos
el cofre del tesoro que te guarde 

Regálame tu amor,
serán mis besos
avivando el tornasol de tu diamante 

Regálame tu amor
serán mis ojos
el paraguas que te cubra hasta que escampe 

Regálame tu amor
y mis latidos
saludan junto a ti al sol que nace.

Y yo te regalaré mi amor
Cuando tus brazos exploren
El tesoro que esconde mi interior 

Y yo te regalaré mi amor
Cuando mi diamante, pequeño pero brillante,
Sienta al deseo avivando tus besos. 

Y yo te regalaré mi amor
Cuando tus ojos persigan ofrecer
Que fue la tormenta la que me dejó sin cubierta 

Y yo te regalaré mi amor
Cuando tus latidos saluden claros y nítidos,
Sin sombras ni sendas rizadas que eclipsen al sol que nace.