9 de marzo de 2019

DESPEDIDA Y CIERRE…

Se detuvo cuando alcanzó el umbral del Monte Pelado. Al asomarse escrutó el nuevo entorno que se abría ante sus ojos. Le pareció enorme y oscuro, tanto que por un momento se le congeló la sangre. Sin pensarlo dos veces, inició el descenso. En un principio, todo le resultó distinto a lo conocido y probado. De camino a las anaranjadas y ardientes profundidades, vislumbró una palabra descrita del revés. Se detuvo un instante para intentar leerla. Sus letras le resultaban familiares, pero aún se hallaban muy lejos para poder interpretarlas. Mientras bajaba por lo que parecía una galería, los cuadros surrealistas se multiplicaban por tres. Poco después, la oscuridad se apoderó de hasta el último rincón. Caminaba a tientas, temblando de frío y también de miedo a lo desconocido. Aún así continuó. De nuevo el resplandor iluminó la senda. Cada paso le resultaba tan anómalo y fabuloso como el anterior. O quizá más, si cabe. Condenados y desolados, ángeles y demonios cruzaban afligidos el descarnado camino. A medida que avanzaba, el calor extendía los brazos aplazando la marcha. También conoció bailes nuevos, de pasos maravillosos, de danzas entre llamas sin quemar a nadie. Y a mirar a través de la cerradura sin preguntar quiénes moran detrás. Aún costándole, prosiguió sin perder su objetivo. Los ríos, espesos como la lava, chocaban de furia explosionando a su paso. Entre llamas enrabietadas y otras más sosegadas, tocó la superficie de un fondo infernal. No podía creerlo, se hallaba en medio de lo que se presumía un “pastel envenenado”. Y junto a él, la palabra que vislumbró al inicio de su dantesca aventura. Algunas letras se encontraban medio hundidas en el lodo caliente. Una a una las fue girando para mostrar la palabra auténtica. ¿Quéeeee? Se le desorbitaron las bolitas cuando deletreó su nombre. ¿Qué hacía allí? ¿Por qué del revés? ¿Desde cuándo y para qué? Necesitaba respuestas. Saber quién descendió hasta los infiernos para vender su alma al diablo. ¡Quién podría urdir una venganza de aquella naturaleza! Y, sorprendentemente, saber a quién tenía por enemigo. Siguió las huellas dejadas por el principal sospechoso. Marcas delatoras. Efectivamente fue alucinante. No llegaba a comprender, ni entender, ni tan siquiera imaginar unos meses atrás. Pero las pruebas no mentían. Las fue recopilando una a una, excepto las absurdas que también existían. Y cuando las tuvo todas, la claridad de los hechos le devolvió su mirada original y aquella sonrisa con la que nació. Y renació de entre las perversas circunstancias...

Entonces comenzó el ascenso.
Lo inició con el alma vacía
y el corazón recién nacido.
Durante la subida,
vacía de días y de soles,
los recuerdos se perdían,
se olvidaban dejados en una vieja balada.
Y ahora no sabía quien le latía,
ni su cuerpo, ni la mirada
ni su alma, ni una palabra conocida,
reconocía.
Poco a poco,
el alivio y los amigos,
y el alma renacida para sentir,
recobran el camino merecido.
Uno sutil, de cuerpo galano,
le pone la piel frente al espejo
En medio, una mano lo toca
roza su cuello con un pañuelo.
Y otro rasgado con ron pirata
corona su boca con un brillante.
Hace tiempo que cuentan
del regreso a su morada,
de noches sencillas y días tranquilos,
de simples momentos
que a veces os miran y otros suspiran.
Desde la paz que deja la llaneza,
una flor serena, grabará la despedida
y un cordial adiós, el sendero cerrará.