30 de octubre de 2009

Rosmery

Con las manos sudorosas, el corazón latiendo a mil por hora y las piernas temblorosas, se pregunta si no le fallaran las rodillas jugándole una mala pasada. Eran las cinco de la tarde del primer viernes otoñal. El fin de semana prometía largo y Rosmery, nerviosa, espera la voz que marque el momento de entrar en escena. Un Aria de Verdi indica que comienza el primer pase del desfile. Sintiendo que el corazón se acelera por momentos, Rosmery titubea un par de segundos mientras se dice -¡no! esta vez no va a pasar, ¡hoy si será el día que marque mi carrera hacia la meta del triunfo!.

De figura esbelta y gran belleza, entra en escena segura que el público la observará y juzgará con ojos muy críticos. Con el cambio de clásica a música ligera, Rosmery inicia su peculiar pase. El marcado vaivén de sus caderas, hace que el triquini satinado de color cereza que muestra, brille con luz propia. La modelo intuye la gran multitud de miradas que observan su contoneo, pero sólo se fija en una de ellas, de ojos oscuros, rotundos y poderosos que la obligan a clavar la vista en ellos mientras camina por la pasarela.

- Siendo el dueño de tus actos, Mery, te conduciré hacia la cima de la felicidad, donde hallarás el placer de saborear su mas pura existencia. En la obediencia y lealtad a tu Amo encontrarás el sosiego y serenidad que tu cuerpo y alma necesitan, confía en mí. Como el que oye una melodía, Rosmery escucha perfectamente alineadas cada una de las palabras, en tono firme pero amable, con voz grave pero suave.

Concluido el primer pase del desfile, ya en el parking, se disponía a abrir la puerta del vehículo, cuando la voz de John, fascinante y seductora la interrumpe. Le intuye cerca, casi pegado a ella, su aliento y olor a piel le delatan. Nerviosa, gira la cabeza con pose altiva para mirarle a los ojos. Tan cerca estaba de ella que su boca roza los labios carnosos de la modelo. Trémula por la situación, aparta la mirada de él, pero John, con mano segura, le toma la barbilla besándola en la boca. Lentamente su lengua recorre el fino cuello de Rosmery hasta llegar al lóbulo de la oreja.

-Seré quién te guíe, no digas nada, sólo... dejate llevar -dice John

Un escalofrío le recorre la espalda, erizándola el vello, humedeciendo su sexo. No llega a comprender qué le pasa, pero siente en su interior que debe obedecer -"esa voz, su voz" -piensa.

La excitación va en aumento y el deseo de ser poseída se hace más patente. Jadeante, es conducida al capó del vehículo. Con un sólo movimiento, John le quita la blusa. Sus manos se deslizan hasta los tersos senos pellizcando sus abultados y endurecidos pezones.

-Mi servil putita, te ofrecerás a mí suplicando que te folle.


Como si se tratara de un sueño, ajeno a ella, se escucha diciendo:

- Sois el dueño de mis actos, de mi cuerpo y de mi alma. Mi entrega será plena y mi lealtad absoluta, mi Señor.

Desnudos sobre el frío metal del deportivo, John con firmeza, clava la mirada en los ojos de la modelo, ordenándole que agarre su falo y con veneración se lo introduzca en la boca.

-Míralo bien, mi amada esclava, siente su poder, admira su grandeza.

Tímidamente, Rosmery se agacha hasta llegar a la altura de la verga, comprobando su magnitud la recorre con su impaciente lengua, lamiendo cada centímetro de piel, olfateando como una perra el aroma que desprende cada poro, hasta desear con desesperación que ese gran pene llegue a lo mas profundo de su garganta.

John, cada vez más dueño de la voluntad de la modelo, tras ver cómo cae rendida a sus pies, la ordena que se levante y le mire. Con un solo movimiento la sitúa boca abajo, apoyando su cuerpo desnudo sobre el gélido acero del automóvil.

-Abre las piernas y estira los brazos, zorrita, ¡todo lo que puedas!
-Le ordena.

Agarrando sus cabellos, le gira la cabeza estampando su mejilla sobre el capó, comienza a besar y lamer todo aquel cuerpo de exuberante belleza entregado a su libre albedrío que, con cada lametón, cada beso, se retuerce, se arquea, tiembla, gime y ruega a su Dios que la penetre, la folle, la atraviese con el ardiente fuego de su pétreo sable. Un lametón recorre todo su sexo hasta llegar a la entrada de ese insaciable ano. La lujuria se apodera por completo de su cuerpo, cimbreándolo hasta límites insospechados. John le separa con brusquedad las nalgas, dejando al descubierto la apetitosa entrada.

-Ahora sabrás lo que es sentir el duro acero de mi espada
.

Una sola estocada penetra hasta el fondo arrancándole de la garganta un grito de dolor.

-Mi Señor, fólleme, encúleme, se lo ruego, por favor.



-No, primero tomaré tu jugoso coño, putita, y cuando la exasperación pueda contigo, entonces y sólo entonces, poseeré tu culo, te lo follaré con dureza, sin piedad, y, aun así mi pequeña zorra, mientras las lágrimas de dolor corran por tu bonito rostro, rogarás, suplicarás que te llene entera con la esencia de mi poder.


Ofreciéndose a John, suplica desesperadamente ser atravesada, empalada por el regio cetro de su Amo. Sin clemencia, la penetra una y otra vez, rasgando a su paso el culo virgen de la servil perrita, que entre gritos de dolor de las continuas embestidas y el placer producido por sentirse llena, agradece a los dioses la ofrenda concedida de ser suya. Entre gemidos y sollozos los orgasmos se suceden uno tras otro, los cuerpos sudorosos, temblorosos, poseídos por el fuego del deseo se funden lentamente hasta transformarse en uno sólo.

-Despierta Rosmery -dice Nicoleta. -¡Vamos! ¡Vamos o llegaremos tarde! ¡Venga! Ya sabes que en el primer pase del desfile no podemos retrasarnos ni un solo minuto. ¡Vamos Mery, vamos!

1 comentario:

  1. Principio de un todo: una hermosa mujer a punto de iniciar el desfile y un sueño por realizar.

    Seguiré tus huellas a través de la pasarela de tus escritos. Noche a noche, día a día, deleitándome con el desfile que está a punto de comenzar.

    Inicio el camino dispuesto a gozar de cada paso, a dejar prendida mi mirada en cada contoneo; a perderme en la línea de tus piernas infinitas mientras caminas hacia mí; a dejar que se deslice por tu silueta mientras te alejas de nuevo.

    Un gran comienzo, Rosaida, plagado de premoniciones y deseos. De sueños que espero que se hagan realidad a lo largo de esta andadura.

    Sigo leyendo...

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.