22 de diciembre de 2009

Rossy (I) Primer contacto


¡Riiiinng! ¡Riiiinng! - Suena el despertador con furia hasta que la mano perezosa de Rossy emerge entre las sábanas.

¡Dios Mío, son las 7 y media! Voy a llegar tarde a la clase de Medieval- Rossy se coloca a toda prisa la minifalda de tela vaquera, el top a juego y los botines de tacón que dejó preparados la noche anterior.

El mismo conjunto del primer día –recuerda durante el desayuno aquella luminosa mañana en la Facultad de Geografía e Historia, cuando le presentaron a Daniel durante la inauguración del nuevo edificio y él se ofreció guiarla a través de su arquitectura moderna y funcional.

Antes de salir, echa una mirada apresurada al espejo y sonríe satisfecha al observar su figura de estatura mediana, grandes ojos verdes y melena color castaño. Casi choca en el portal con el vecino del cuarto y sonríe coqueta al percibir la mirada de deseo que la echa, y, al ver como tuerce el gesto su esposa, le guiña un ojo con disimulo.

Espera, profe – le grita Rossy una mañana, poco antes de acabar el primer trimestre.
Buenos días, Ro – mientras sonríe pensando en como destaca entre las otras esa alumna de su clase de Historia Contemporánea de primero.
Tengo dudas sobre las estrategias políticas establecidas antes de estallar la segunda guerra mundial –expone la joven en tono desenfadado acompañado de gestos cautivadores.
Pues... tengo ocupadas todas las horas. En la hora de tutoría, tengo citado a un alumno de 2º – con manos ágiles consulta la agenda – a ver... lo siento hoy me resulta imposible. Tal vez puedas acercarte esta tarde a mi casa. Podríamos tomar un café y comentar esas dudas…

Daniel es un hombre culto de 45 años de edad que conserva un cuerpo atlético gracias a las horas dedicadas a un gimnasio cercano a la Universidad. Su elegante forma de hablar cautiva a propios y extraños, y a Rossy siempre le ha intrigado. Algo le dice que, tras su aire de hombre abierto, se oculta algo que no sabría definir.

La casa de Daniel está cerca de la universidad. Se trata de un chalet coqueto, de paredes encaladas, separado de la avenida por un espeso seto de arizónicas. A pesar de que le ha costado algo encontrar la dirección, Rossy sonríe satisfecha al comprobar que llega puntual a la cita. Una mirada rápida al retrovisor para arreglarse y llama a la puerta. Siempre ha preferido el quedo sonido de los nudillos sobre la madera al desagradable ruido del timbre.

Bienvenida, señorita – él la recibe en vaqueros, con una camisa de lino blanco, y sonríe al observar que ella también se ha cambiado.
Espero no molestar – Rossy le devuelve la sonrisa sin reparos, sintiendo su mirada recorrer la blusa escotada y la faldita escocesa que ha elegido para la ocasión.

Diez minutos más tarde conversan ante una taza de café humeante. Hace tiempo que la charla gira en torno a las historias amorosas surgidas en la Universidad y otros cotilleos sin trascendencia cuando él la interrumpe.

Bueno, ya me dirás cuales son esas dudas – dice Daniel tras un momento de silencio, clavando en ella una mirada escrutadora.
Oh, eso… Nada importante. Creo que ya lo he entendido – Rossy adelanta los hombros insinuante, dejando entrever la suave curva de sus senos.
Pues si te apetece puedo prepararte un cóctel – le ofrece Daniel dirigiéndose al mueble bar. - ¿te preparo un margarita?
Bueno, cualquier cosa
– contesta mientras observa complacida el movimiento de sus músculos bajo la fina tela de la camisa.
¿Te gusta el jazz? Pondré un disco que te hará amar la música negra.

Mientras Ella Fitzgerald inicia la suave melodía del “Summertime”, Daniel se acerca a la muchacha invitándola a dejar el sofá. Ro responde a su gesto apoyándose en su mano y se levanta insinuante. Al hacerlo, los labios de Rossy se acercan tanto a los suyos, que Daniel no duda en besarla dando rienda suelta a su deseo, largo tiempo retenido. Ella le responde recibiéndole en su boca cálida y jugosa, gimiendo de pasión. Sin soltar su mano, la conduce entre besos y caricias hasta una habitación situada al fondo de un largo pasillo. Diego abre la puerta y entra sin volverse, mientras ella le sigue con pasos lentos y sensuales.

La estancia, de techos altos y paredes blancas, es amplia y luminosa. La luz penetra a través de dos ventanales, vestidos con cortinas de algodón bermellón tan fino que no impiden el paso de la luz del día.

¡Qué grande! ¿Duermes aquí? – le dice Rossy observando el dosel de forja que rodea la cama cubierta con sábanas de suave satén.
No, no es mi habitación. Es la Sala de juegos. – contesta Daniel mientras la desnuda lentamente, sin apartar su mirada de ella. Ro no muestra resistencia. Le invita a continuar con una sonrisa lasciva y morbosa, dejando que las manos cálidas y aterciopeladas de Daniel rocen su piel.

La sienta en la silla que junto con las dos mesitas y los cuatro candelabros de pie, son los únicos enseres que contiene la estancia. Los ardientes ojos de Daniel brillan por el creciente deseo de iniciar la preparación de Rossy.

Tengo que prepararte para la sesión. Todo saldrá bien. - dice Daniel mientras sus manos mecen la suave cabellera de Ro y sus ágiles dedos palpan deseosos los labios entreabiertos de la muchacha.
¿Prepararme? ¿Para qué? - pregunta Rossy extrañada, pero al mismo tiempo nota como la lujuria se apodera de su cuerpo, deseando cada vez mas que Daniel la folle hasta caer exhausta sobre su pecho palpitante.
Shhhhh! No preguntes. Eres afortunada, sé que vas a disfrutar. - responde Daniel dirigiéndose a una de las mesitas. Abre el cajón y coge lo que parece ser un pañuelo negro.

Rossy permanece en silencio. El frío seco de la forja de la silla penetra en su cuerpo desnudo, haciéndolo estremecer. Observa cómo Daniel vuelve hacia ella con pasos desafiantes. Se coloca detrás de ella para inclinar su cabeza hacia atrás. La luz desaparece y la oscuridad se apodera de Ro cuando Daniel la venda los ojos. Antes de poder articular palabra oye una voz de mujer:

¿Está todo preparado, Dani? - pregunta desde el umbral de la puerta.
Si, está todo. Tal y como convenimos, Carla.- contesta Dani.

continuara...

1 comentario:

  1. Avanzas por la pasarela.La sucinta descripción de tu figura, el aire desenfadado con que caminas, la curiosidad que te guía ...cuidado, gatita..., esas ansias de descubrir y de exhibirte, de tomar y recibir.

    La búsqueda de una figura experimentada en cuyas manos entregarte, capaz de hacer fluir lo mejor de ti.

    Abierta a ¿todas? las sorpresas...

    Sigo leyendo.

    ¡Que siga el desfile!

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.