9 de febrero de 2010

Dulce Sábado

La luz del alba ilumina la estancia. Su haz dorado demarca cada curva de tu cuerpo que yace dormido sobre el lecho, aún caliente… húmedo por los fluidos que dejaron nuestros cuerpos. Lecho que dio cobijo a la última contienda mantenida en la noche ardiente de nuestro viernes.
Te miro, siento tu respiración ahora dormida y recuerdo cómo era anoche: acelerada, entrecortada por los gemidos y jadeos mientras mi lengua recorría el bocado más exquisito de tu cuerpo… recuerdo…
La estancia iluminada por las velas. La armonía musical de Scheherazade danzando por cada esquina de la sala. Sobre la cama, la vestimenta que elegiste para la ocasión… seré la odalisca del Sultán.
Abrigando el suelo, una manta gruesa de suave terciopelo marrón. Sobre ella me encuentro postrada, esperando tu llegada. El sonido de tus pasos acelera el ritmo de mi corazón. Siento cómo la humedad se abre paso entre los pliegues de mi sexo rasurado. Agarrada a tus tobillos, beso y lamo cada uno de los dedos de tus pies… tu voz, grave y firme, aprueba lo que tus ojos ven.
Comienza la danza. Guiada por la música, deslizo con suaves movimientos cada parte de mi cuerpo. Los pañuelos engarzados en las muñecas y en la cinta que abraza mis caderas dibujan coloridos paisajes. Mientras me acerco a ti dejo caer uno a uno los pañuelos. Ahora mi cuerpo desnudo solo muestra el collar que lleva mi nombre.
Tu cuerpo me llama, me tienta… arrodillada comienzo a lamer, saborear lo que tanto me gusta, y mientras lo hago te miro a los ojos… porque sé que te gusta mi mirada lasciva, la del deseo que mana por cada poro de mi piel.
La excitación tensa tus músculos. El deseo eleva tu voz… el morbo articula tus frases con palabras impúdicas… obscenas. La lujuria mueve con fuerza tus brazos, que voltean mi cuerpo mostrando la exaltación de las dos ansiadas entradas.
Lucho por mantener mis labios sellados, pero no puedo resistir más… te imploro, ruego entre gemidos que me penetres, que me utilices a tu antojo… soy tuya… tu posesión. Primero atacas con fuerza la entrada más húmeda, y… cuando el delirio se apodera de mi sexo… paras, sales… y embistes con furia la cueva que más te enloquece… te pierde. Exhaustos tras la contienda, me miras… merezco el castigo.
Sobre el lecho, boca abajo, colocas el antifaz sobre mis ojos. No veo, pero siento las esposas en las muñecas inmovilizando mis brazos. Noto las cuerdas rodeando los tobillos, tensando mis piernas… un agudo silbido llega a mis oídos… siento la fusta en Tu mano.
Una nueva contienda pone fin a nuestro viernes. Amanece… dulce sábado.


7 comentarios:

  1. Hummm... apenas tuve tiempo de leer las esperanzas de un viernes que se prometía sublime cuando encuentro las realidades plasmadas en el siguiente pergamino...
    Haré azotar al espía por su falta de diligencia.
    Un camino de rosas, prometía el viernes, y una rosaleda completa se desvela al día siguiente.
    Qué placer gozar de tus fragancias, Rosaida, día a día, noche a noche.
    Seguiré cautivo de tus narraciones... al menos durante mil noches más.

    Malik

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  2. Que delicioso viernes entre las pasionales lujurias, para despertar un sábado ávido de placer ... y con la mirada lasciva de querer ¿aún más ?
    Baila querida, en el Jardín del Edén

    Néctares

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  3. Veo que pasaste un buen fin de semana! ;)

    Abrazos.

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  4. esto es una delicia de jardin. Muy sensual. Me encantó. Un beso grande.

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  5. Delicioso delicioso, voy a seguir invesigando en el resto del blog...

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  6. Con trajecito y todo, esa es una veta en la cual no me aventuro aún.
    Suena muy interesante.

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  7. He pasado un largo y agradable rato leyéndote.



    Gracias por ello.



    Saludos...

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.