26 de febrero de 2010

La Ciudadela

Nos dirigimos hacia el restaurante donde habías reservado mesa para dos. Las calles son estrechas, con el firme empedrado, vestigio de lo que fue una ciudadela medieval. El aire frío de la noche se cuela entre mis piernas erizando mi piel. Un leve temblor se apodera de mi cuerpo, pero tu atenta mirada se percata de que necesito el calor de tus brazos. Me rodeas con fuerza y siento el contacto cálido de tu cuerpo penetrar en mi piel. Parece que el frío se despide abandonando mis huesos mientras seguimos juntos con pasos rápidos y acompasados.

El restaurante está situado en un palacete de grandes bloques de piedra, coronado por amplias bóvedas construidas con arcos de medio punto. Nos sentamos en la mesa redonda uno frente al otro. La luz de la vela situada en el centro hace resaltar el brillo de tus ojos. La cena transcurre entre miradas cómplices, risas y caricias. Brindamos y bebemos con un rioja gran reserva, de esos que a ti te gustan tanto. El vino, hummm, es un buen aliado para desatar los instintos más salvajes del deseo. También te encanta provocarme, excitarme delante de la gente… introduces un dedo en tu copa de vino y lentamente lo metes en mi boca. Lo chupo y relamo para que no se escape ni una gota de ese preciado líquido. Observo cómo tus labios entreabiertos dejan escapar tu lengua que sigue sinuosamente los gestos de la mía. La pareja de la mesa más próxima nos ojea con cierto nerviosismo… se muestran incómodos, pero esto nos excita aún más. Ahora es tu pie el que se adentra en mi jardín. Abro las piernas para facilitar tu entrada, me estremezco al notar tu tacto en mi sexo. Separas los labios y sientes la humedad cálida del deseo fluyendo en mi interior. Necesito tenerte entre mis piernas, en mis brazos, en mis senos… dentro de mi palpitante flor.

La excitación se hace irresistible mientras la pasión llama con fuerza en las puertas de nuestro corazón… Apuramos las copas de vino y partimos hacia el Castillo…

Parador de nuestro destino.

7 comentarios:

  1. Leerte bajo la atenta mirada de la voz de Krall, es tocar el cielo con los sueños, Rosaida.

    Te felicito tus letras realmente exquisitas como deben ser.

    Néctares

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  2. Se intuyen grandes momentos de placer, me encanta esta manera de ganarse tu jardín...
    Besitos de canela Rosaida

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  3. Maravillosos principios...
    Prometedores comienzos...
    Se deja el deseo
    volar en el tiempo.

    Un saludo.

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  4. LOs caminos del erotismo tienen sus delicadas formas.
    Si suceden en un restaurante tienen unos tintes de otors apetitos.
    Leerte me deja un sentir de verdadera sutileza.
    Y lo celebro porque pocas personas relatan estos aspectos de la vida sin perder de vista la sutileza.
    Saludos.

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  5. Supongo que lo que sigue es la conquista del castillo, una hermosa fortaleza que bien vale la pena asaltar.

    Bxos

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  6. Estoy deseando conocer la continuación.

    Abrazos.

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  7. A medida que avanzas por la pasarela, tus pasos son cada vez más firmes y tu estilo cada vez más depurado.

    Al pasar ante nosotros nos haces un guiño, preparándonos para la siguiente parada: una cena exquisita, perfecto preludio de lo que vendrá.

    Sigo leyendo...

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.