1 de marzo de 2010

El Patio de armas

A lo lejos, iluminada por la luz de la luna llena, queda dibujada la silueta de la ciudadela medieval . Nos dirigimos a Estremoz, una villa a poco más de cuarenta kilómetros de Évora. Allí se encuentra la Pousada Real donde nos alojamos, un Castillo de mediados del siglo XIII construido para una reina, Santa Isabel. La belleza de su trazado está rematada por la Torre principal, llamada la de las Tres Coronas, acabada en mármol pulido de gran pureza. Pero lo más interesante es lo que encierra el interior de su alma, en lo más profundo de sus entrañas.

El día anterior, en la visita guiada que nos ofrecieron, fuimos conducidos por unos angostos pasadizos hasta la bajada de una escalera en forma de media luna. Nos quedamos perplejos al contemplar aquella majestuosa estancia, una gran mazmorra, era sin duda la más grandiosa que jamás habíamos visto. Supimos en aquel mismo instante que estábamos predestinados a catar… a saborear el agridulce pasado de este brumoso lugar.

El sonido de la grava nos saluda mientras el coche frena en el patio de armas, convertido en aparcamiento. No puedo evitar imaginar cuantas veces habría resonado en aquel lugar el relinchar de los caballos o el suave roce de los ropajes de seda de las damas, acompañando a su reina en el trayecto hacia la capilla. Un escalofrío recorre mi espalda cuando el silencio de la noche se ve rasgado por el sonido familiar de una cremallera al abrirse. Sin darme tiempo a respirar, siento tu mano sobre la nuca agarrando con fuerza mi cuello, indicándome el camino. Dirijo mi rostro hacia ese lugar donde tu aroma me tienta. Mis manos buscan con ansia el calor de tu piel. Suspiro al sentir su suave contacto en mis dedos, y comienzo a recorrer con avidez cada pliegue, cada rincón mientras siento cómo se tensa tu miembro entre mis manos. Mi excitación va en aumento y mis labios buscan el contacto de tu glande. Mi lengua dibuja su contorno saboreando cada gota de su jugo. Recorro el camino que me lleva hacia el aroma más intenso de tu sexo, gimo de placer al respirar el perfume que me pierde… me enloquece. Me recreo lamiendo mientras siento tu mirada clavada en mis ojos. Noto tu respiración agitada y tus caderas se elevan embistiendo una y otra vez dentro de mí. Tus manos sujetan mi nuca mientras las mías se hunden en tus costados, esperando la llegada de tu néctar. Tus músculos se tensan y tus gemidos se acentúan mientras llenas mi boca con la calidez de tu esencia…

Noche sin fin al abrigo de los muros.

5 comentarios:

  1. Cálida lectura arropada con la sensualidad que aporta la música, siempre excitante.

    Abrazos.

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  2. Un viaje para recordar lleno de sensualidad y suspiros de deseo.
    Me ha gustado mucho.
    Un beso y un susurro dulce

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  3. Me encantó. Sensual y lleno de deseo..
    Un beso grande

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  4. Eres precisa, sensual, cálida, excitante
    y profunda.
    La voz del texto entre el néctar que deleitas

    Néctares

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  5. Te exhibes mostrándonos con sensual calidez uno de nuestros modelos favoritos.
    El ambiente, la tensión y el calor aumentan a cada paso.
    Estoy congelado en mi asiento. No sé si podré aguardar un instante más antes de...

    Seguir leyendo.

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.