8 de marzo de 2010

La mazmorra

Me tiemblan las piernas… mi cuerpo tiembla más que la oscilante vela que llevas en la mano mientras te sigo por la empinada escalera. Desciendo en un estado de semiinconsciencia, aturdida aún por los acontecimientos. La mordedura inclemente del látigo en mi piel desnuda, mis aullidos al recibir mi castigo, empalada primero por aquél monstruoso artefacto y después doblemente, al recibirte en mi interior… la tormenta de sensaciones a merced del oleaje de tu mar embravecido, perdida entre olas de inmenso placer, sacudida una y otra vez, conducida hasta el mismísimo ojo del huracán de tu fuego.

- Shhh… cuidado, pequeña – tu mano me detiene cuando piso en falso y casi caigo rodando – intenta concentrarte en dónde pisas. Nada más. Sólo mirar al suelo y colocar los pies en los escalones.

¿Cómo quieres que me concentre, si te sigo temblando prácticamente a oscuras, desnuda bajo esta capa que me has colocado sobre los hombros? Me concentro en seguirte obediente, a pesar de sentir cómo se deslizan por mis muslos los tesoros que mi cuerpo aún destila.

Al fin nos detenemos. Abres la verja de hierro lentamente, intentando evitar el sonido chirriante de los goznes herrumbrosos. Te diriges certero hacia la izquierda y con la vela que llevas en la mano enciendes la primera de otras, hasta que toda la inmensa mazmorra queda iluminada por una luz rojiza y oscilante.

No me das tiempo a más. Sin dudarlo, me tomas de las esposas y me conduces hacia un artefacto, que al principio tardo en reconocer: un cepo. Sí… se trata de un cepo de madera de los que usaban para inmovilizar a los condenados. Liberas mis manos el tiempo justo para que el cepo se cierre sobre mi nuca y mis muñecas. El ruido del pasador resuena atronador en mis oídos, como una puerta que se cierra para siempre. Rápidamente inmovilizas mis tobillos, sujetándolos con unos grilletes a los soportes de hierro. Tus manos, acariciando mis nalgas expuestas, me tranquilizan apenas unos segundos antes de que empiece lo peor. Por el silbido... por la forma de tu sombra delante de mí, sé perfectamente de qué se trata. Has traído una de tus cañas de bambú. Tiemblo… empiezo a revolverme. No, con la caña no… sabes que duele más que nada… pareces titubear… quizá al fin decidas… pero no. Con un gesto rápido me colocas una mordaza de bola para que mis gritos no despierten a todo el hotel. Muerdo, segura ya de que nada podrá librarme. Minutos después cuelgo sollozante de la áspera madera. Mis nalgas arden como si las hubieras asado a fuego vivo… entonces tu lengua empieza a recorrer mis marcas. Tus manos, tu saliva, tus besos son el bálsamo que me devuelve a la vida. Y ya mi cuerpo pide que sea algo más que eso lo que recorra mis muslos… y tú pareces oírme. Otra vez… de nuevo… mi entrada más íntima te recibe. Pleno, inmenso… y de nuevo, la tormenta aúlla en mis oídos y las olas se levantan a mi alrededor. No tardo ni un minuto en pedir permiso. No me haces esperar mucho. Y, detrás del primero, viene otro y otro… y sé que no pararé hasta que tú lo decidas, entregada de nuevo al placer de tus acometidas… al ardiente acero de tu espada.
Despierto entre las sábanas. Tus brazos me rodean. La luz de la mañana se filtra por la ventana y el gorjeo de los pájaros saluda al nuevo día. Pronto dejaremos estas tierras. El ajetreo de la ciudad nos reclama. Por un momento dudo si todo no habrá sido un sueño. Desnuda ante el espejo, reviso cuidadosamente mi piel. Inmaculada, como siempre. Ni una marca, ningún vestigio de la batalla. Pero… el húmedo olor de la mazmorra impregnado en mis cabellos me dice que no… que aquello no fue un sueño.

9 comentarios:

  1. Como me ha gustado todo lo que describes dentro de esta mazmorra, he podido sentirte dichosa y satisfecha.
    Besitos de canela Rosaida.

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  2. Me desconciertas, me elevas, me traes me llevas y describes mi mar embravecido.
    Que lujazo leerte, niña!!!

    Néctares

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  3. Uff, te superas en cada relato. Soberbio!

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  4. Estremecedor, inquietante y al mismo tiempo sensual y lujurioso....

    Que hay en todo este juego?

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  5. Es una delicia leerte, como narras cada momento, como expresas cada sensación con una sutileza y una dulzura que embelesa, me encanta.
    Besos y susurros muy dulces

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  6. Esos sueños.. deseados... húmedos...
    Irreales en su realidad...

    uN SALUDO

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  7. El relato genial, pero...

    ¿vas a dejarme encerrado en la mazmorra? o ¿vienes a buscarme?


    besos con grilletes

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  8. otro precioso relato que nos hace bajar a las mazmorras a la vez que subimos al cielo...

    Besos

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  9. Cada vez te exhibes más. Cada nuevo modelo te cae mejor. Éste parece concebido para que seas tú quien lo muestre.

    Sigo leyendo...

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.