24 de marzo de 2010

Un sofá de piel en flor

Me derrumbé jadeante en el sofá, agradeciendo el contacto de su fresca piel en la mía. Mientras Pedro servía unas copas, encendí un cigarrillo. Un segundo después regresaba rodeado de la tenue luz de las lámparas, arropado por el suave murmullo de un tema de Sting.

Dejó la chaqueta sobre el respaldo de una silla, y mis manos se lanzaron en busca del nudo de su corbata. Él me miraba fijamente, dejándose hacer, encantado. Sus ojos se clavaban en los míos, sentía su mirada en mi rostro, en mis pechos, a medida que mis manos liberaban uno a uno los botones de su camisa, dejando su pecho a mi alcance. Suspiró cuando mis dedos se enredaron en su vello. Un escalofrío le estremeció al sentir mis uñas arañarle suavemente, y se relajó entregándose a las sensaciones que empezaron a recorrer su cuerpo. Sintió cómo todo el vello de su cuerpo se erizaba a medida que mis manos descendían, arañándole ligeramente a veces, con más intensidad otras, con toda intención las más. Mi boca se apoderó de uno de sus pezones y lo mordí con fiereza. Él sofocó un grito y abrió mucho los ojos, clavándolos en mi mirada de colegiala traviesa. Comenzó a jadear mientras mis manos descendían por su vientre, acariciándole lentamente. Seguí el reguero de vello, y mi boca comenzó a seguir el camino marcado por mis dedos.

Pedro empezó a jugar con sus dedos en mi nuca mientras las aletas de mi nariz se abrían aspirando esa mezcla de colonia varonil y esencia masculina que me enloquece. Gimió ronroneando al notar cómo mis manos temblaban al desabrocharle el cinturón. Tiró de mis cabellos en el justo momento en que me apoderaba de su miembro durísimo y caliente, clavando sus ojos en los míos sin dejarme bajar la vista, consciente de que aquello me atraía como un imán, disfrutando de la desesperación que se dibujaba en mi rostro.

Empezó a murmurar palabras inconexas al sentir mis manos subir y bajar por su miembro, masajeándole y deleitándome con su cálido contacto. Pero, aunque siguió sin soltar mi cabeza, comenzó a mover su pelvis arriba y abajo acompañando mis movimientos mientras violentos estremecimientos recorrían su espalda. Cerré mis manos con más fuerza alrededor de su ardiente miembro, esforzándome en proporcionarle más placer. Él sentía cómo su propia piel se deslizaba completamente lubricada entre su glande y mis manos, y sus gemidos fueron en aumento hasta que, incapaz de contenerse por más tiempo, abandonó la presión en mi nuca, liberándome. Entrecerró los ojos entregado al gozo cuando siguieron a los míos, que se agrandaron de excitación al encontrar ante ellos la dureza de su sable hinchado, cuyas venas azuladas palpitaban al ritmo de su deseo. Su olor se estrelló de golpe contra mi nariz al bajar la cabeza, y ya no pude esperar más.

Oí a Pedro gemir al sentir cómo descendía directamente hacia su glande y, apoyando mis labios carnosos en su punta brillante, me lo fui introduciendo lentamente, gozando por fin de su fuerza incontenible dentro de mí. Sentía un ansia absoluta de él, y no paré hasta sentirme completamente llena, su extremo rozando ya mi garganta. Justo antes de ahogarme, salí de golpe y me lancé a lamer sus testículos, sin dejar de acariciarle. Me hundí en ese mar de sensaciones que son el olor y el tacto del sexo de un hombre, impecablemente rasurado. Mi lengua recorría ávida los rugosos pliegues de sus testículos, ascendía por el palpitante conducto que me guiaba hasta su cima. Lamía, besaba y saboreaba sin traba alguna aquella maravilla que se me ofrecía. A veces, subía los ojos para mirarme en sus pupilas, restregando su sexo por mi cara, impregnándome con su aroma. Otras, cerrando los ojos, me dejaba llevar por la urgencia de mi sexo que la deseaba enloquecido y me follaba suavemente la boca al ritmo de mi propio deseo. Supuse que iba a alcanzar el clímax, porque tomó mi nuca con fuerza y empezó a dirigir el ritmo con los movimientos de su pelvis. Me encantaba.

Cada acometida era recibida por mi boca alborozada y acompañada con un espasmo en mi sexo. Era como si entrara en los dos sitios a la par, y ya tan sólo deseaba sentir su llegada, libar su esencia varonil. Él gemía y resoplaba como un toro, y estaba segura de que pronto estallaría dentro de mí. Lo deseaba… cómo lo deseaba. Mi respiración se agitó, víctima de la expectación, mientras su marea se demoraba más y más…

Hasta que, con una última embestida, descargó su torrente dentro de mí. Pedro gemía y se retorcía al compás de mis movimientos, mientras me esforzaba en tragar hasta la última gota de su néctar, que amenazaba con derramarse por mis comisuras. Sentí como el rubor encendía mis mejillas, arrebatadas por las sensaciones. Pedro se vaciaba una y otra vez en grandes oleadas dentro de mí, y cada oleada me provocaba un estremecimiento de placer morboso. Tragué y tragué a punto de ahogarme, ávidamente, disfrutando del calor y el sabor de su alma, hasta que sentí como Pedro se derrumbaba. Exprimí con mis manos su miembro. Succioné con mi boca su glande. Agoté su esencia hasta vaciarle por completo, antes de levantar mis ojos hacía él.

Salvo su pecho, que subía y bajaba al ritmo de su agitada respiración, todo aquel volcán en erupción se había transformado por completo, y la paz que irradiaba su rostro me recordó al niño que algún día fue.

Lamiendo una última gota que resbalaba entre mis dedos, me senté sobre mis talones.

- ¿Un cigarrillo? – me acercó la copa cuyos cubitos habían perecido al deshielo largo tiempo atrás.
- Gracias, tesoro – le besé devolviéndole su sabor – eres un sol.
- Bueno, qué, ¿te vienes a Granada?
- Claro, mi amor. Contigo voy a donde sea.

Son como niños -pensé al ver la sonrisa en su rostro- se mueren por sentirse orgullosos de su varita mágica. ¡Y cómo me gustan esas varitas!
- Bueno, chica, cuenta… -preguntó desde la cocina mientras preparaba otros gintonics- ¿qué tal el catedrático de tu nueva beca? ¿Está bueno? ¿Ya te lo has tirado?
- Todo se andará… me lo estoy trabajando
- ¡Menuda zorra estás hecha! –guiñó un ojo- ¿Cómo es? ¿un ratón de biblioteca?
- De eso nada, cariño –respondí algo molesta– El tío tiene un polvazo. Lo de los eruditos con anteojos y pajarita sólo sale en las películas. Se llama Daniel, está macizo y tiene un culito divino. Caerá, ya lo verás.
- Ya… pero seguro que no te lo hace tan bien como yo –
respondió algo celoso.
- Si quieres te lo presento… y montamos un trío.
- Mejor lo hacemos con la rubia ésa de arqueología que me ibas a presentar.
- Vale… si quieres la invitamos también y montamos una orgía. No creo que Daniel le haga ascos tampoco.

- Entonces, ¿cómo quedamos? –contestó volviendo al tema del viaje- El avión sale el miércoles a las seis. ¿Te recojo en tu casa a las cuatro?
- Perfecto. ¡Ah, por cierto! –añadí como quien no quiere la cosa- El viernes tendré que pasar por el despacho de un abogado… cosas de familia. No te importará que te deje solo un par de horas ¿verdad?


En busca de otra piel…

10 comentarios:

  1. yo estoy tumbado en mi sofa, destrozado, con unas ganas de tener esa boca en........ y de poder beber de.......esa bebeida que sale en la foto, eso si le tendre que poner mucho hielo.
    Besos OLIVER

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  2. Ejem ejem... te dije alguna vez que me encanta el jack daniels? ;P
    Y tu entrada tambien me encantó!

    Besos.

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  3. El ritmo es perfecto, la sensualidad adecuada, un encuentro inolvidable.
    Tu jardín mi querida amiga, cada día es mucho más aromático, destilas fragancias sutiles en tus letras

    Néctares

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  4. Me encanta tu jardín por la pasión que desbordas en él y por aroma a sensualidad y a entrega.
    Desde luego me haces suspirar y encenderme cada vez que te leo.
    Un beso y un susurro tierno preciosa

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  5. MMMMMMMMMMMMMM, más que excitante todo lo escrito, y desde luego a partir de esta visita el Jack Daniels acaba de tomar una nueva dimensión en mi vida (siempre fuí más de whiskys Irlandeses) peeeeeeeeeero visto lo visto me paso al Jack

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  6. Fantastico relato!!!, lleno pasion, sensualidad y sexo desenfrenado y lo mejor la borrachera que cogera de ti.
    chin-chin, preciosa!!!!!!!!!!!

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  7. Muy bien relatado. Excitante! y yo me animaría a quedar todo ese grupillo, suena muy reketebien!
    Un besote!

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  8. Que buen regalo es tenerte así de entretenida, creo que con ese arte de hacerlo tan feliz no habrá uno que se te resista hermosa Rosaida.
    Besitos desde mi pequeña orilla.

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  9. esto es equisito...qué forma de escribir y describir

    besos inquietos
    druida

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  10. Qué ejercicio de detalle. Cada narración resulta más excitante.

    Perfecta combinación de vicio y sensualidad.

    Echo de menos a Rossy, pero ¡me encanta Rosaida!

    Sigo...

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.