8 de abril de 2010

El despacho de Daniel

Se cerró el pantalón y me invitó a salir del coche. Entramos en la casa por una escalera interior. Una vez abrió la puerta, me dejó pasar delante de él. Yo avancé contoneándome, ahora sí, sin pudor, usando el reclamo de mi cuerpo para sus ojos. Sus manos empezaron a acariciar mis posaderas. Tiró de mis caderas hacia atrás y me pegó contra su cuerpo. Tenía la altura justa para mí. Sentía palpitar su sexo justo entre mis nalgas. Estaba durísimo. Tanto que casi me hacía daño. Conduciéndome desde las caderas me guió hacia la escalera de madera que conducía al piso superior. Nada más subir mi pierna derecha al último escalón, su mano se coló debajo de mi falda, acariciando la cara interna de mi muslo.

- Vaya... - jadeó al alcanzar el destino de sus dedos y descubrir que no llevaba nada debajo - eres mejor de lo que podía soñar...

- ¿Te gusta? - mis manos apretaron más su cuerpo contra el mío

- Más de lo que puedo soportar - me guió hacia el sofá.

Se sentó con las piernas separadas. Yo me situé como pude entre ellas y empecé por lamer sus testículos. Con la impaciencia que provoca la desesperación, subí lamiendo su sexo hasta que llegué a su cima y lo engullí con ansia mientras él accionaba el aire acondicionado y encendía la música desde el mando a distancia.

Él se dejó hacer por un rato. Recogí y degusté hasta la última gota de su líquido brillante. Volví a sentir su grosor acariciando mis carrillos, me hundí hasta tocar con mi nariz en su vientre, rozando mi garganta... Entonces él volvió a tirar de mis cabellos con firmeza hacia arriba y me sentó a horcajadas sobre su vientre. Su miembro palpitaba contra el mío, aprisionado entre ambos cuerpos, y mi sexo volvió a reclamar con desesperación su presencia. Tras un segundo de decepción, empecé a alegrarme de que se hubiera contenido, imaginando que pronto me saciaría de otra forma distinta. Sus manos recorrían mis pechos acariciándolos en amplios movimientos, arañando con maestría sus contornos exteriores. Gemí echando la cabeza hacia atrás y él aprovechó mi momentánea ausencia para aprisionar mis pezones con sus dedos como tenazas, arrancándome un grito salvaje de excitación y dolor. No permitió que el dolor ascendiera demasiado, y uniéndolos en el centro con sus manos, hizo que su boca caliente y líquida dispensara sobre ellos el bálsamo de sus labios, arrancando palpitaciones insoportables en mi vagina, que yo apretaba más y más contra su miembro durísimo.

Cogió mis muñecas estirando mis brazos detrás de mi espalda, arqueando mi cuerpo. El muy cabrón se las sabía todas, y mis pechos crecieron hacia delante ofreciéndose más aún a su boca hambrienta de mí. Cerré los ojos de nuevo, retorciéndome de placer y frotando mi vientre más y más contra su miembro, cuyos espasmos sentía como si estuviera dentro de mí. Después de empujar con ambos pies la mesita auxiliar, me fue inclinando hacia atrás hasta que mis hombros reposaron en el suelo. Liberé mis piernas, apoyándolas sobre sus hombros, y él se inclinó sobre mí dedicándose a estrujar y pellizcar mis pechos. La visión de su sexo enrojecido me subyugó. Lo necesitaba dentro de mí ya. No quería esperar más, ¿cuándo iba a llenar mi vacío de una vez? Sacó sus piernas apoyando los pies en el suelo a mis costados y, muy despacio, sin dejar de mirarme a los ojos clavados en el objeto de mi deseo, lo tomó con una mano forzándole a apuntar hacia abajo, hacia mi vientre que se le ofrecía brillante rosáceo. Las venas de sus manos, hinchadas por la fuerza necesaria para doblegar su erección, se fundían con las venas azuladas de su miembro. Todo su cuerpo denotaba la tensión máxima del esfuerzo. Comenzó a frotar su glande entre mis labios, y cada movimiento me arrancaba un gemido más intenso. Cuando rozó mi zona más sensible, grité elevando mi vientre, y él lo encajó en mi estremecida entrada con un movimiento seco.

Yo gemía y jadeaba recorrida por mil estremecimientos cuando sus manos se deslizaron por mis riñones. Su cuerpo se tensó de nuevo marcando cada músculo al elevarme en volandas, regalándome con la visión de la compleja belleza del cuerpo masculino. Como resultado, él volvió a quedar sentado sobre el sofá con mis piernas sobre sus hombros, y mi cuerpo alzado por sus brazos, perfectamente encajado en su miembro, dispuesto a recibirle en cuanto él lo deseara. Fui testigo de cómo su voluntad luchaba contra su resistencia. Los brazos le empezaron a temblar. Ambos sabíamos lo que ocurriría cuando ya no resistieran más, y ambos lo deseábamos y queríamos prolongarlo por igual. Las sacudidas se hicieron más patentes a medida que su resistencia se debilitaba, y yo me sentía absolutamente dilatada, tensa como si su miembro se hubiera transformado en un titán.

Al fin, la presión de sus dedos en mis costados empezó a ceder, entró un poco más en mí, grité de excitación y deseo, y cedió dejando mi cuerpo deslizarse entre sus manos hasta mis axilas, hundiéndose en mí inexorablemente. Creí que me iba a romper, de mi garganta ascendió un aullido de excitación, placer y temor, pero sus muslos se arquearon lo justo para no destrozarme. Me abracé a su torso plena de él, con los ojos llenos de lágrimas de placer, mientras los músculos de mi vagina recorrían espasmódicamente la carne ardiente que la llenaba. El primer clímax me alcanzó al instante. Fuera de mí, empecé a moverme siguiendo el compás de mis contracciones. La posición de mis piernas, que habían resbalado de sus hombros para posarse sobre el respaldo del sofá, me impedía realizar los movimientos que más deseaba. Pero al girarme y retorcerme descubrí cómo aumentaba su roce en mi carne y pronto me encontré moviendo mis caderas en círculos y gozando de las palpitaciones de su sexo contra las paredes del mío. Una segunda oleada de placer me sacudió como una hoja. Aullé echándome las manos a la cabeza y tirando de mis propios cabellos. Él se había tomado un descanso que no duró demasiado. Sus dedos se aferraron con fuerza a mi cuerpo y comenzó a subirme y a bajarme lentamente, cumpliendo con mi mayor deseo. Sus músculos poderosos me movían como a una muñeca. Nunca pensé que tuviera tanta fuerza… pero él continuó aumentando el ritmo de sus movimientos. Poco a poco, a medida que me dejaba caer clavándome en su verga, fue relajando los muslos. Cada penetración era más profunda, más larga, más enloquecedora. Primero sentí que los dedos de mis pies empezaban a contraerse. Por mis tobillos comenzó a crecer esa sensación que tanto conocía. Mis piernas empezaron a temblar incontroladamente. Y él seguía y seguía, clavándose ya completamente en mí, cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Empezó a elevar su pubis a cada acometida. Su miembro parecía no tener fin, a cada instante entraba más dentro de mí, golpeando casi dolorosamente en el fondo de mi cuerpo a cada embestida…. Hasta que un nuevo estremecimiento recorrió todo mi cuerpo y perdí la noción de todo. Primero fue esa oleada de calor, luego un espasmo tremendo. Cada vez que empujaba amplificaba mis sensaciones, mientras mi alma se elevaba más y más por los aires, fuera de mí, entregada al mar de sensaciones que me invadía de forma salvaje, azotándome. No sé cuánto tiempo me mantuvo en aquella montaña rusa de placer y de locura. Cada vez que parecía amainar y darme algo de tregua, él arreciaba en su violencia, lanzándome hacia el cielo otra vez. Perdí la cuenta de mis orgasmos. Me oía gritar, gemir, aullar, como si se tratara de alguien muy lejano, ajeno a mí. De repente, sus manos se volvieron más duras. Su gesto – borroso para mí desde hacía rato – se endureció. Supe que iba a dármelo, acababa de bajar de una de las mayores bofetadas de placer cuando sentí cómo desde su sexo retumbaba una larga serie de espasmos hasta que, acompañado de un aullido ronco, me inundó una oleada de lava hirviente que volvió a lanzarme por los aires, arrancando a mi vagina una miríada de sensaciones. Entonces llegaron las mayores embestidas. Su cuerpo se tensaba como un arco debajo de mí hundiéndose más y más en mis entrañas, llenas de su cálida esencia hasta que, de golpe, se derrumbó en el respaldo jadeando. Tiró de mí hasta que mi torso descansó contra el suyo. Un río de líquidos se escapaba de mi cuerpo, chorreando por su sexo. Bajó sus manos entre mis nalgas para recogerlo y dármelo a probar. Después siguieron recorriendo mi espalda, sensible como las cuerdas de un arpa, desgranando notas de pasión y de placer, alternando dulces estremecimientos gozosos con salvajes oleadas de fuego, acentuadas por movimientos violentos de su pelvis.Poco a poco fuimos dejándonos caer en ese dulce sopor que acompaña al agotamiento, entregados a las sensaciones que proporciona el placer satisfecho. Abandonados a la sensualidad, regresaron los besos y las caricias, mis dedos recorriendo el sudor que perlaba su frente, sus labios evocando a la piel de gallina en mi cuello, mecidos por la brisa del deseo cumplido.

Al cabo de un rato, Daniel se levantó.

- ¿Te apetece una copa? - ofreció mientras apagaba el aire acondicionado.

- ¿Tienes Bombay sapphire?

- Claro... es mi favorito. – sonrió

- Un gintonic poco cargado, entonces... - empecé a juguetear con lo primero que tenía a mano, desperezándome en el sofá.

- Vuelve a hacer algo de calor... - agregué tomando el mando del aire.

- ¡No toques eso! - se precipitó hacia mí con una violencia inusitada.

Demasiado tarde. La pantalla de plasma ocupaba casi toda la pared. Con el gesto mudado por la sorpresa, Humberto me miraba fijamente.


Deseando respirar los aires del Sur...

11 comentarios:

  1. Ola
    Passando aq para te conhecer!
    passe la no seximaginarium!
    LEO

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  2. Niña...si uno fuera un hombre sin imaginacion, sin ansias de amar a una mujer desde el deseo...leer tu blogg seria una preciosa manera de aprender. Leerte es ademas de un placer...una fantastica manera de saborear la imaginacion de una mujer...de fantasia.

    Mi mejor sonrisa para ti

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  3. Guauuuuu! He vivido con intensidad este polvo, yo también he acabado agotado... Creo que necesito ese gintonic ;P

    Genial tu forma de relatarlo. Besos.

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  4. Es un placer pasar por tu Blog y dejarse seducir por tus letras e tus golpes de deseo...

    Besos calientes
    AL

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  5. Despues de esto no me extrañana ese agotammiento, mi vista y mi mente tambien se han agotado.
    MUY EXCITANTE!!!!!!!!!!!
    Besazos!!!!!!!!

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  6. Todos un festival de placeres, da gusto leerte relatar de esta forma logras dejar mucho calor en la mente y en el cuerpo hermosa rosaida..jaja
    Besitos de canela guapa.

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  7. que puedo decirte qu no sepas..alucinante, alucinante el texto, su textura, su realismo descriptivo y su realismo magico....inusitado final...genial

    me encantó, pero eso ya lo sabes

    mi beso en tu jardin
    druida

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  8. MMMM, un placer leerte como siempre, el próximo texto me preparé un gintonic antes de empezar a degustar la primera saliva. (silaba quísé decir, me traicionó el subsconsciente)

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  9. Deseando estar en tus juegos, deseando saber que es lo que hay en esa pantalla......

    Sorprendeme......

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  10. Buff buff buff. A sido genial, lo he sentido en mi piel.
    Besos y susurros muy cálidos

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  11. ... y ahora acrobático, al límite del número circense, una escena de exhibición... para esa mirada oculta.
    Ayer Lolita, hoy acróbata... el repertorio no parece tener fin.
    Por cierto que no imaginaba al profesor tan buen portador, por más que insistieras a Pedro sobre sus virtudes, aunque al final el príncipe nos haya salido rana.
    Buen giro argumental, perfectamente ejecutado. Había olvidado por completo los titubeantes principios de la relación. Tanto como la protagonista.

    Lo dicho, detrás de cada seto espera una nueva sorpresa.

    Adentrándome en la rosaleda...

    DP

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.