19 de abril de 2010

A través del espejo


Estuve todo el día nerviosa, esperando la llegada de la tarde. Sabía que mi Amo maquinaba algo para esa noche. Me ordenó que preparara mi cuerpo y luego me pusiera las medias negras de seda, los zapatos de raso negro con tacón fino y un conjunto que compré hace unos meses: liguero, tanguita y sujetador de color negro con puntilla y cintas de raso blanco.

Tal y cómo Él me ordenó comencé a prepararme. Mientras llenaba la bañera de agua templada, cogí la depiladora para dejar mi piel sin un solo vello, esmerándome en cada centímetro de mi cuerpo, porque mi Amo es muy severo y cuando me revisa escudriña cada palmo y exige sentir el tacto suave, aterciopelado de la piel recién rasurada: “putita, si veo un solo pelo tendré que castigarte para que aprendas… y te aseguro que la próxima vez tendrás muchísimo cuidado”.

Recuerdo que al meterme en el baño me invadió una plácida sensación de relax producida por los vapores aromatizados con los aceites y esencias de rosas que compré esa misma mañana. Cerré los ojos… e inhalé recordando el perfume de los tiernos pétalos de las rosas que flanquean las orillas del gran paseo que lleva al Castillo.

El sonido del teléfono me sacó de la ensoñación y con rapidez busqué un reloj que me indicara la hora. No podía perder más tiempo. Era tarde y el encuentro se aproximaba. La llamada fue una equivocación, pero me sirvió para ponerme de nuevo en marcha. Bañé mi cuerpo con una crema especial de canela. El olor y el tacto eran perfectos. Estaba convencida de que mi Amo aprobaría la elección. Encendí las velas, notando el aroma a vainilla a medida que su luz anaranjada iluminaba la habitación. Me puse con sumo cuidado la lencería y esperé en posición: de rodillas ante el espejo, con la frente en el suelo, los brazos extendidos hacia delante, la espalda bien arqueada y mi culo en pompa, baluarte de Su propiedad. Por un momento, giré la cabeza para verme en el espejo, -¡perfecta! La posición es correcta para que mi Amo disponga de Su putita- rápidamente volví a colocar la frente sobre el suelo al oír los pasos firmes de mi Señor acercándose a la estancia.

- A ver... parece que mi zorrita está preparada, dispuesta para Mi disfrute… ahora voy a inspeccionarte a fondo y espero que no Me decepciones.

Aguardé en silencio a que me preguntara y me diera Su permiso para contestarle, pero no hubo pregunta... mantuve mi boca sellada. Se acercó. Dio dos vueltas a mi alrededor con Sus ojos clavados en mí. Notaba la presión de Su mirada observando mi postura, analizando cada centímetro de mi figura colocada sobre el suelo. Se paró en seco detrás de mí. Sin levantar la cabeza dirigió Su mirada hacia el espejo, fijándose con detalle en el reflejo que le devolvía el cristal enmarcado. Noté como un temblor recorría el interior de mi cuerpo. El miedo se apoderaba de mi mente. Dudas e ideas inconexas se agolpaban en mi cabeza como hormigas zafándose por llegar hasta su reina. ¡Zass! ¡Zass! ¡junta las rodillas! Noté como mis nalgas ardían al mismo tiempo que se escapaba un grito de dolor de mi garganta. Instintivamente llevé la mano hacia mi culo para aliviar el picor producido por la mordedura de la vara. ¡Quieta! ¡Zass!¡Zass! otros dos azotes cayeron sobre mis muslos como dos interminables y abrasadores rayos.

- Rosita, Rosita… no acatas las órdenes de tu Señor... –colocó el extremo de la vara debajo de mi barbilla levantando ligeramente mi cabeza- hummmm te vas a tener que aplicar mucho más si no quieres ser castigada. No quiero enfadarme, putita… pero una buena esclava cuida milimétricamente su postura –volvió a dar una vuelta a mi alrededor con pasos lentos y, llevando los brazos a Su espalda, sujetó la vara con las dos manos golpeándose suavemente las pantorrillas.

- Perdóneme, Amo, no volverá a ocurrir… -bajé la cabeza hasta tocar de nuevo el suelo con mi frente.

- Shss… Las rodillas bien juntas. Decidir cuándo debes ser castigada o cuándo debe ser aliviado tu dolor son decisiones Mías. No vuelvas a levantar la mano del suelo. Yo, y sólo Yo, decidiré cuando aplicarlos… ¿entiendes putita?

- Si, Amo
–con rapidez junté las rodillas que me temblaban como un flan por el miedo a recibir de nuevo el fuego de Su vara. Mis nalgas recibieron Sus manos. Apretaban… estrujaban y abrían sin piedad mi culo expuesto a Su antojo. Con cada apertura sentía cómo mi agujerito se dilataba un poco más. No pude contener los gemidos cuando una mano lo mantuvo abierto, mientras la otra bajó hasta los pliegues rosáceos de mi flor, impregnando Sus dedos con los fluidos que destilaba. Volvió a subir abriendo a Su paso los labios, apretando, pellizcando mi abultado clítoris… dos dedos de Su otra mano invadieron bruscamente mi rincón hasta ese momento cerrado. Aunque el miedo seguía acompañándome, mi sexo chorreaba empapando el interior de mis muslos. Sacaba y metía Sus dedos lentamente, luego aceleró sus movimientos para acabar friccionando bruscamente el fondo de mi vagina. Los ríos de fluidos caían sobre Su mano, mientras mis gemidos se hacían más intensos. Mi sexo convulsionado reclamaba Su presencia. Parecía una perra en celo. Necesitaba desesperadamente Su inmenso miembro en mi interior. No debí hacerlo… pero lo hice…

- ¡Amo, por favor, fólleme!

- ¡Calla zorra! ¡Cuando aprenderás a no pedir!


Con rapidez sacó Sus dedos de mi interior y me azotó sin piedad en las nalgas. Me ardían. Notaba la picadura del fuego sobre mi piel, pero esta vez no… no alivié el dolor con mis manos. Tragué saliva. Respiré hondo y aguanté mientras el sudor de mi cuerpo se enfriaba poco a poco. –Rosita… Rosita… ¿qué voy a hacer contigo? Manteniendo mi posición de sumisa, dio media vuelta y se colocó con los pies casi rozando mi cabeza. Otra vez Su mirada. La intuía clavada en mi nuca. Su mano a modo de tenazas enganchó mi cuello. Noté su presión pero no me dolía. Mi cuerpo comenzó a temblar de nuevo. El miedo volvió a apoderarse de mí. Dejó mi cuello para coger mi cabello. Con un tirón seco levantó mi cabeza dirigiéndola hacia atrás. Ahora mis ojos se reflejaban en los Suyos. Su mirada imperiosa hizo tambalear mi alma.

Noté como se empañaba mi vista, pero no dejé escapar una sola lágrima. Aguanté estoicamente… no quería mostrarle un ápice de debilidad. De nuevo tomó mi nuca y con un golpe seco colocó mi rostro sobre Sus pies. Comencé a besar, a lamer cada uno de Sus dedos cada vez más ansiosa. Cuando quise darme cuenta mi boca recorría la piel de Sus tobillos y ascendía por Sus piernas. Me recreaba en Sus rodillas cuando noté que mi cuerpo no temblaba, el miedo había abandonado mi interior… ahora sentía un excitante deseo por seguir recorriendo aquel cuerpo maravilloso que se me ofrecía como un regalo de los dioses.

- Ahora putita, muéstrame si eres merecedora de poseer el collar de esclava con las iniciales de tu Amo.
El olor a sexo, ese aroma que tanto me gusta, invadió mi rostro cuando acerque mi boca a Su endurecida polla. No podía esperar… sentía la necesidad irresistible de saciar mi apetito cuando vi aquel falo enorme, duro como el acero. Sus venas hinchadas palpitaban entre mis dedos. Lo apreté con mis manos friccionándolo con movimientos rítmicos y suaves, mientras mi lengua se perdía entre los pliegues de Sus testículos. ¡Ohh Dios! Mi sexo cada vez más húmedo convulsionaba en mi interior. Excitada… deseosa, lamía cada centímetro, recreándome en cada rincón, mientras seguía masturbándole. Estaba poseída por el deseo. Chupaba y chupaba a la vez que mi fuego interno crecía. Mi lengua serpenteaba en cada pliegue. Subí ansiosa de un solo lametón hasta Su brillante glande. Recorrí su anillo con la punta de mi lengua, mezclando mi saliva con sus fluidos. Mientras lamía, besaba y apretaba Su glande, le miraba lascivamente, como una perra juguetona y traviesa que espera la aprobación de su Amo para recibir el premio deseado. Su mirada se clavaba en mí, morbosa y pervertida. El brillo de Sus ojos resplandecía entre la luz tenue de las velas. Sentí como un escalofrío recorría mi espalda cuando aquella mirada y Su enorme polla me poseían entera… ya no sentía miedo, ni temblores, lo único que sentía era el deseo de entregarme en cuerpo y alma a mi Dueño. Introduje de un solo golpe toda Su polla en mi boca, y comencé a follarme sin miramientos. No me importaba ahogarme, ni las arcadas que me producía Su glande al tocar el fondo de mi garganta, lo único que quería era sentir aquella grandeza en mi interior. Con rapidez subía y bajaba Su piel mientras mi saliva se escapaba entre mis comisuras descendiendo hasta Sus testículos. Oía sus jadeos y sus gemidos entremezclados con palabras soeces y eso me excitaba aun más. Chorreante, notaba mi clítoris palpitante… con contracciones que se sucedían cada vez más rápidas.

- Para putita… no quiero correrme en tu boca. Antes te follaré el culo. Quiero clavarte en Mi verga.


Agarró mi cabello y con un tirón sacó Su falo de mi boca. Le supliqué que me dejara continuar, pero con dos fuertes bofetadas y ninguna palabra, entendí que debía obedecer y callar.

Giró nuevamente para ponerse frente a mis posaderas. Por el rabillo del ojo, reflejado en el espejo, vi Su piel perlada por el deseo. Sus ojos mostraban la morbosidad de su propósito y mi cuerpo… mi cuerpo sentía la urgencia de encontrarse con Su carne. Bajó Su verga hasta la entrada de mi rosada flor, recogiendo los fluidos chorreantes de mi sexo. Acercó su brillante punta a la entrada de mi ano y con una estocada la metió entera desgarrando a su paso la carne prieta en mi interior. Aullé como una perra dolorida, pero con rapidez la sacó aliviando en parte el dolor que me produjo. El resto del dolor se alejó cuando empezó a azotarme las nalgas y ahora era el escozor el que ocupaba mi mente. Antes de que el picor abandonara mi piel, me embistió de nuevo y agarrando mis caderas empezó a cabalgarme. Un escalofrío recorrió mi espalda. En mi interior le sentía tocar las paredes de mi alma. Aullaba, gemía y jadeaba mientras empecé a mover mi culo con movimientos circulares y de abajo a arriba… de arriba abajo mientras me apretaba contra Su pelvis. La quería toda dentro…

- Amo, rompa el culo de Su puta –le gritaba enloquecida.

Todo ápice de dolor había desaparecido y una sensación placentera me hizo volar entre las nubes… hasta tocar el cielo con mis dedos.

- Amo, de Su permiso para que Su perra se corra…. Amo de Su permiso para correrme… Amo, de Su…

- No, todavía no, putita… todavía no.

Me retorcía, jadeaba y gemía. Creí que no podía detener el orgasmo que llegaba como un torrente arrasando todo a su paso. Intentaba pararlo respirando honda y profundamente, pero sentía que las fuerzas me abandonaban. No podía retenerlo más…

- Amo, de Su permiso para que Su zorra se corra… por favor Amo, de Su permiso para… - Córrete esclava, tienes Mi permiso.

Oleadas de placer invadían mi cuerpo. Como un tsunami recorrió todo mi interior hasta encontrar la salida. Ríos de fluidos escapando de mis cuevas recorrían el interior de mis muslos. ¡Dios! Mi cuerpo temblaba, cuando un gemido ronco se escapó de Su garganta anunciando la llegada de Su néctar. Noté Su calidez llenando mi interior.

- Siente Mi fuego, toma zorrita… Ahhh.


- Si Amo, llene con Su esencia el interior de Su perra. Gracias Amo, gracias.


Lamí los restos que quedaron atrapados en Su piel. Quería sentir en mi boca el sabor maravilloso de Su néctar. Luego le tomé las manos y las besé. Bajé hasta Sus pies y rozándolos con mis labios apoyé mi rostro sobre ellos.

- Ven aquí pequeña. Ven conmigo.

Su voz era suave… aterciopelada. Rodeándome con Sus brazos me levantó, llevándome hasta la cama. Nuestros ardientes cuerpos agradecieron la fresca suavidad de las sábanas. Apoyé la cabeza sobre Su pecho, mientras Sus dedos tocaban mi melena y recorrían la curvatura de mi espalda... me quedé dormida en Su regazo. Volví a sentir que tocaba el cielo con las manos.

6 comentarios:

  1. ¡Por fin llego el primero a una entrada!

    Fantástica la acción, cuidada la puesta en escena y brillante la profundidad en la descripción de las sensaciones y los sentimientos.

    Sin duda, uno de los varietales más interesantes de tu Jardín.

    Felicidades.

    DP

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  2. Todo un placer poder sentir que ambos logran disfrutarse sin limites y bajo el exquisito poder de los mas bajos instintos.
    Eres muy buena despertando la imaginación, me he sentido protagonista y he recordado muchas de mis vivencias con mi Amo.
    Gracias por dejar toda esta carga de pasión en tu hermoso jardín, besitos Rosaida.

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  3. He disfrutado de tu relato. Paso a paso te he seguido, te he visto y he sentido tus ansias de entrega y de pasión.
    Genial preciosa.
    Un beso y un susurro muy cálido

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  4. Estooo... Me voy a fumar un cigarro!

    Besos.

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  5. intensamente exquisito.. tienes que contarnos de dónde sacas esas sensaciones...

    beso nocturno
    druida

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  6. UMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!, que puedo decir ha sido un viaje en el deseo, en el tuyo que a la vez lo haces nuestro.
    Cuanta entrega y cuanto derroche de amor.
    Sigue disfrutandolo!!!
    Besazos guapa!!!!!!!

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.