4 de mayo de 2010

El placer de las burbujas

Las manos de Pedro me recorrían antes de entrar en el jacuzzi. La verdad es que la historia del taxi me había puesto a mil... y yo no necesito que me animen demasiado para arrancar. Me senté directamente a horcajadas sobre él y metí las manos bajo el agua. Sonreí al encontrar su miembro en plena forma.

- Hum... parece que te alegras de verme - bromeé.

- Por supuesto... si supieras lo que venía pensando en el taxi.

- Si tu supieras... -pensé, pero opté por seguirle la broma.

- ¿Ah, sí? - le pregunté mientras le acariciaba debajo del agua recordando mi propia fantasía.

- Uf, al ver al taxista mirándonos por el retrovisor...

- ¿Sí...? - Le animé pensando en lo curioso que es eso de la empatía.

- Bueno... el último día me dijiste lo del trío - empezó titubeante, esperando una protesta que no llegó - pues... la verdad es que me estaba poniendo enfermo. Le he pedido al botones que nos suba la cena dentro de una hora. ¡No hace falta que pase nada! - se apresuró a recular - pero si vemos que tal...

- Ja, jaaa - Reí echando la cabeza hacia atrás mientras su boca buscaba mis pechos - ¡ya veremos... pervertido!Los dientes de Pedro se apoderaron de uno de mis pezones. Lo mordisqueó suavemente. Lo justo para arrancarme un gemido de excitación. Yo seguí acariciándole debajo del agua, sintiendo las burbujas deslizarse entre mis muslos, mientras sus manos recorrían mi cuerpo enjabonándome y dejando un rastro humeante de agua caliente a su paso. Nuestras bocas se fundieron mientras subía mis manos por su vientre, recreándome en el vello de su pecho hasta abrazarme al cuello. Empecé a frotar mi sexo con el suyo, provocándome deliciosos calambres de placer cada vez que su glande acariciaba mi clítoris.

Empecé a jadear. Los brazos de Pedro me rodearon. Bajaron por mi espalda y sus manos tomaron posesión de mi culo, elevándome. Sin dejar de besarle bajé mis manos hasta su sexo, dirigiéndolo hacia mí. Dejarse caer sobre él fue una sensación deliciosa. El agua jabonosa lubricando nuestra piel, las burbujas explotando entre mis nalgas, la gravedad limitada por el agua.... me dejé invadir lentamente mientras le comía literalmente a besos.

Pedro empezó a moverse dentro de mí, pero yo tenía todas las de ganar: mi posición privilegiada me daba ventaja.

- Shhh, shhhh.... quieto, amor...

Empecé a mover mis caderas en círculos, sintiendo el tacto de su carne durísima dentro de mí, arrancándome increíbles sensaciones de placer cada vez que alguna rugosidad acentuaba el roce. Su respiración se aceleró rápidamente. No lo dudé. ¡Estaba a cien mil! Empecé a cabalgarle subiendo y bajando cada vez más rápido, asistida por la ingravidez del jacuzzi. Las manos de Pedro subían y bajaban derramando ríos de agua caliente que se precipitaban arrancándome un mar de sensaciones por toda mi espalda. Las burbujas se estrellaban con fuerza en mi culo, en mis muslos. Cosquilleantes, a veces casi dolorosas, provocándome una sensación cercana al picor, ardiente y mordaz. Nuestros gemidos aumentaron de volumen rápidamente.

- Dios, las burbujas me están matando de gusto... - exclamó Pedro, cuyos testículos debían ser el destino final de la procesión que se perdía entre mis muslos.

Nos corrimos a la vez. Aullando, gimiendo y salpicando todo el baño con nuestros movimientos. El semen de Pedro aún estaba más caliente que el agua de la bañera.... nada más recibirlo me hundí en una marea de sensaciones maravillosas. Amplificadas por mi piel hipersensible, notaba cada burbuja, cada ola de calor erizándome entera. Durante un tiempo larguísimo seguí gimiendo abrazada a su cuello, gozando, hasta que el agotamiento me arrojó definitivamente en sus brazos.Estuvimos un buen rato quietos, dejándonos mecer por el agua mientras nuestros pulmones recobraban su cadencia. En esos momentos Pedro siempre ha sido un amante sublime. Tierno, atento... a sus ojos asoma un brillo especial, algo que te hace sentir la única mujer del mundo.

Como tantas veces, tuve que ser yo la que me sobrepusiera: al principio estaba bien, pero después de un rato siempre me hacía sentir algo incómoda, vulnerable.

- Ufff... qué maravilla - me dejé caer a un lado saliendo de él e intentando adoptar un aire superficial. - ¿Cuándo dices que viene el botones? Porque podría sufrir un desafortunado resbalón y caer en la bañera...

- Jaja.... eres insaciable - rió estirándose.

- No lo sabes tú poco bien... Anda tonto, vamos al salón.

Dejándome envolver por la fragancia del Generalife...

9 comentarios:

  1. Hoy juegas con una de mis fantasías favoritas: El agua, creo que logra despertar siempre deliciosos placeres.
    Besitos de canela desde mi pequeña orilla.

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  2. Menudo baño!! Y yo con plato de ducha...

    Besos.

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  3. Las burbujas al igual que sus caricias acarician tu piel despertando tus pasiones dejandote bañar por ellas.
    Excitante baño.

    Besos.

    Lunna.

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  4. El agua se desliza por el cuerpo como la boca sobre las palabras, el jabon resbala por la piel en la piel... como siempre tú, turbando a lectores desprevenidos... encantadora (te quedan muy bien las pompas de jabon en tu espalda mientras caminas desnuda)

    beso
    Druida

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  5. ¡Qué mezcla de sensaciones! Muy bien narrado, Rosaida.

    Me he sentido flotando en ese mar de calidez salpicado por burbujeantes explosiones.

    Empiezo a tener hambre. ¡A ver si llega pronto el botones!

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  6. Ya leí el post anterior de manera anónima, y bufff, me metió en situación para este magnífico baño. Yo quiero uno así, bueno, uno solo para empezar.
    Seguiré visitando este embriagador jardín, pero ya desde el blog que acabo de abrir, espero que te guste y te sientas bien en él.
    Te dejo mis caricias!

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  7. es un placer las caricias de tus burbujas
    pero primero el placer es que te den jabon por tudo el cuero, ohhhhhh si!!!!!!!!!!!!!
    Luego sentir como se desliza ese jabon con el toque suave de las burbujas y ante esa persona que esperas culmine la faena.
    Besazos cargados de burbujas

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  8. dios me lo antojaste .... preparare todo quiza y disfrute = ..!!

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  9. Echo de menos la perversión de esta Rosaida lujuriosa y ninfómana, lanzándose a todo a tumba abierta.

    En aquella época identificaba su imagen contigo, y en mi imaginación te parecías mucho a ella.

    Ahora sé que eres mucho más mujer que ella, mucho más madura, más profunda... y más hermosa aún, si cabe, para mis ojos.

    Pero no dejo de echar en falta esta pizca de pimienta y de fantasías desenfrenadas.

    Era divertido.

    Un beso

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.