23 de mayo de 2010

Un encuentro

Caía la noche cuando nos dirigíamos al Hotel. Teníamos prisa por llegar. Callejeando, por fin dimos con la calle donde se hallaba nuestro destino deseado. Tú, agarrado a mi cintura, seguías el ritmo alocado de mis caderas. Nuestros cuerpos lo sabían. Sentían la premura de catar lo desconocido. Degustar nuevos sabores y olores… el tacto de la piel por descubrir.

La habitación nos recibió con una amplitud tan exquisita como servicial. La luna, con su luz plateada iluminando el lecho, será testigo presencial de nuestro pecado, tan único como secreto, tan tierno como perverso.

Tus manos tomaron mi cuello y mi cintura. Con un leve movimiento me acercaste a ti. Tu mirada lo decía todo, tenías ganas de besar esos labios nuevos que se entregaban con deseo. Entreabrí mi boca para que tu lengua se mezclara con la mía. Recibí el sabor dulce de tu beso mientras mi cuerpo se pegaba al tuyo y mis manos se perdían entre tu melena ondulada. Ahora sabíamos que nada nos detendría. Nos mirábamos al tiempo que sonreíamos porque la ropa se resistía a ser despojada. La urgencia que teníamos por rozar nuestros cuerpos, por sentir la piel del otro erizada por el deseo, era la culpable de la demora. Sí… ahora sí. Desnudos de cuerpo y alma, me llevaste en volandas hasta el lecho que aguardaba impaciente por recibir el calor de nuestra pasión desmedida.

Mi respiración se aceleró cuando me tumbaste sobre las sábanas blancas. Comenzaste a besar mi cuello y tus manos se adueñaron de mis senos. Pellizcabas mis pezones crecidos. Jugabas con ellos. Con cada pellizco me arrancabas un gemido. Ahora era tu boca la que los mordía. Estaba cada vez más excitada. Me arqueaba para apretar más mi pecho contra tu boca, pero tú no me dejabas. Entonces descendiste por mi vientre hasta llegar a mi sexo, que aguardaba impaciente la destreza de tu lengua ¡Dios qué lengua! Lamías perdiéndote entre sus pliegues rosados. Pensaba que no podría resistir por mucho tiempo aquel placer tan inmenso, pero tu habilidad marcaba mi tiempo, manejándome a tu antojo. Tomé con mis manos tu nuca siguiendo tu ritmo. Saboreabas la humedad de mi sexo perdiéndote entre su fragancia… aroma que te enloquece. Jadeaba, me retorcía mientras acelerabas el movimiento de tu lengua. El momento del clímax se acercaba… mi clítoris te reclamaba. Me llevaste hasta lo más alto. Los latigazos de placer se sucedían en mi interior. Enloquecí cuando recibí el gozoso orgasmo que tu boca me ofreció. Mientras recuperaba el resuello, te cogí con mis manos para que subieras hasta mi boca y me devolvieras el sabor de mi sexo.
Nuestro vicio nos pervertía cada vez más. Nos adentramos en la locura de lo desconocido. Me coloqué boca abajo con el culo en pompa. Ahora mi sexo reclamaba tu miembro. Primero entraste en mi cueva más húmeda. Entrabas y salías lento al principio mientras tus gemidos se acompasaban a los míos. Luego tus embestidas se sucedían rápidas, cada vez más rápidas. Volviste a llevarme hasta lo más alto. Mis fluidos eran ríos que desembocaban en las sábanas revueltas. Tu endurecida verga salió para perderse entre los encantos de mi otra entrada que se ofrecía impaciente a los deseos más morbosos de tu mente. Con una estocada tu polla atravesó mi esfínter. ¡Dios! Sentí una punzada de dolor. Aullaba, pero rápidamente tu vaivén hizo que el placer me invadiera: Sigue, no pares, quiero sentirte dentro muy dentro. Dámela… lléname con tu leche, gritaba enloquecida. Y tú, jadeante, con la mirada lasciva, poseído por el deseo de tenerme, de follarme… sucumbiste llenándome con tu semen.

Exhaustos nos dejamos caer abrazados sobre las sábanas mojadas. Te besé, recorrí tu torso depilado, recogiendo las sales de tu piel hasta llegar a tu maravillosa y bonita verga. Lamí los restos de tu jugo, recreándome entre los pliegues rasurados de tu sexo.

Eran las tres de la madrugada cuando abandoné el Hotel, llevándome a mi casa tu olor, tu sabor, tu lujuria desmedida… tu pasión desbocada. Volviste a tu ciudad, pero sabías, sabíamos que en la lejanía, nuestros cuerpos se ansiaban… se deseaban y soñaban con tener un nuevo encuentro.


8 comentarios:

  1. Así quien no va a querer otro encuentro, sencillamente electrizante...
    Besitos de canela Rosaida.

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  2. Siempre se quiere una noche más y otra y otra. Tanto deseo no se agota facilmente!
    Me encanta venir a respirar la fragancia de tu jardín Rosaida!
    Te dejo mis caricias!

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  3. Como no ansiar otro encuentro!

    Besos encontrados.

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  4. UMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!!!!, que rico encuentro que ganas de leer ya el reecuentro de este encuentro, joder estoy acelerada y mi boca seca.
    Y las fotos, UFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF!!!!!!!.
    Sublime Diosa del erotismo!!!!!!!!
    BESAZOS REENCONTRADOS!!!!!!!!

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  5. Qué envidia de tipo, tan entregado y apasionado. Y encima dándolo todo hasta el extremo...

    besos amalados

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  6. Siendo así, cualquiera elige no repetir. yo repetiria, una y otra vez, una y otra vez

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  7. Locura, pasion ,entrega....a veces estas palabras son identicas...


    fascinante y erotico


    besos

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  8. Realmente memorable... ¿repetimos?

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.