13 de julio de 2010

Los jardines del Barroco

Tras dedicar un día a contemplar la belleza que se esconde tras los muros del Louvre, decidimos emplear otro día completo a pasear y respirar el húmedo verdor del Barroco.

El cielo nos ofrecía su cara más gris. Amenazaba con llover. Pero no nos importaba, lo que aquel lugar mágico nos mostraba superaba, sin lugar a dudas, cualquier inclemencia meteorológica.

Mientras paseábamos por las salas del Palacio ibas haciéndome fotos, como siempre. En el salón de los espejos me condujiste hacia una esquina, detrás de una estatua de mármol. Con esa mirada que tan bien conozco, me colocaste tras la estatua, de espaldas al espejo. Me propinaste un azote lo suficientemente fuerte como para que supiera con quién estaba tratando en ese instante. Me quedé muy quieta. Esos cambios tuyos, repentinos, siempre me descolocan. Te separaste un par de pasos, levantando la cámara.

- Súbete la falda por detrás.

Miré alrededor enrojeciendo. La sala estaba llena de gente… pero nadie me veía. Comprendí que no me habías conducido hasta allí por casualidad. Temblando de excitación, obedecí. Llevaba un tanguita negro ínfimo, apenas una cinta que desaparecía entre mis nalgas dejando al descubierto mi trasero. Me apoyé en la estatua, echándolo hacia atrás. Disparaste la cámara dos, tres, quizá cuatro veces moviéndote en busca del plano que buscabas. Cuando bajaste la cámara volví a mirar alrededor, preocupada. La imagen en el espejo reflejaba solamente tu figura y la mía. Me besaste en los labios.


Salimos al exterior. La grandiosidad del jardín me impresionó. Desde lo alto de las escalinatas se dominaba un inmenso complejo de fuentes y jardines. Desde el centro de la más cercana, Leto huía con Apolo entre sus brazos rodeada de ánforas de las que emergían las líquidas columnas del templete de agua que los cubría. Tras ella, un hercúleo Apolo de bronce emergía entre olas mientras tritones y sirenas lanzaban hacia los aires guirnaldas de blanca espuma. Tú observabas el paisaje junto a mí, tan inmóvil como las estatuas, concentrado.

Poco a poco fuimos descendiendo entre los parterres. De vez en cuando parabas para besarme. Tus manos se mostraban atrevidas. Atrevidas como lo son cuando esa faceta tuya emerge de las profundidades. Y sabes que, solamente con vislumbrar su presencia, mis muslos se empapan. Cada caricia entonces se convierte en un estallido electrizante. Un simple gesto me arranca un suspiro. Un beso hace que me derrita… No sé cómo, pero me encontré de tu mano atravesando una portezuela semioculta entre las arizónicas. En su interior, un universo fresco y oscuro nos aguardaba. Una alfombra de hojas secas tapizaba el suelo, crujiendo a nuestro paso. La bóveda de ramas nos cubría dejando pasar aquí y allá algún solitario rayo de luz. Me guiaste despacio entre los troncos de los castaños centenarios. Detrás de uno de ellos, sobre un banco metálico bellamente labrado, una pareja se besaba. Poco más allá encontramos uno vacío, prácticamente incrustado en la tupida pared de arizónicas. Tus manos se deslizaron bajo mi ropa al compás del vibrante concierto de flauta de Vivaldi que llegaba desde el otro lado. Dudé al sentir cómo tirabas de mi camiseta, escudriñando preocupada a través del tupido muro vegetal. Al otro lado docenas de personas paseaban inconscientes de nuestra presencia. Aquí y allá podía vislumbrar el color de una camiseta o un sombrero. Tan cerca que casi podría rozarlos alargando una mano. Tus manos se apoderaron de mis pechos, arrancándome un gemido. Tus labios no se separaban de los míos. Cogiéndome de la cintura, me levantaste, colocándome en pie entre tus piernas.

Tus labios abandonaron los míos para centrarse en mis pezones. Temblé, ahogando un nuevo gemido, escudriñando entre el muro verde aún, temiendo encontrarme en cualquier momento con los ojos de algún turista escandalizado. Mordiste, atrapaste… y yo cerré los ojos abandonándome mientras tus manos se colaban debajo de mi falda. Sentí mi tanga deslizándose por mis muslos. Me deshice de él con impaciencia. Tus labios bajaban por mi vientre arrancándome gemidos de placer. Cuando alcanzaste tu destino aullé de excitación. Por un segundo temí de nuevo, volví a buscar en el muro cualquier señal de haber sido descubierta… nada. Me recostaste sobre el banco. Tu lengua recorría codiciosa mis más anhelantes pliegues, golpeaba sin piedad justo allí donde mi deseo te reclamaba. Me atrapaste entre tus labios y tu lengua se movió frenética, haciéndome enloquecer. No cesaste hasta sentir mi néctar derramándose en tu boca. Las piernas no me sujetaban y cuando la locura remitió un poco me descubrí gritando como una loca, olvidando por completo dónde estaba.

No me dejaste reaccionar. De nuevo tu boca volvió a lanzarse sobre mi abierta flor, jugando con maestría con las sensaciones electrizantes que me poseían, subiéndome y bajándome una y otra vez. Yo gemía entregada a las sensaciones. De nuevo aquella poderosa sensación volvió a ascender desde mi interior, imparable. Me aferré a tu cabeza, empujándote contra mi vientre, instantes antes de volver a salir catapultada hacia el cielo. Las oleadas de placer se sucedían una y otra vez. Tu lengua sabia manejaba a la perfección mis sensaciones, cambiando de ritmo cuando así lo decidías, hasta que, poco a poco, fuiste dejándome caer suavemente, como una hoja mecida por el viento sobre la mullida alfombra de tus besos.


En cuanto sentiste que levantaba la cabeza hacia las arizónicas tus manos me empujaron con firmeza hacia abajo, obligándome a arrodillarme. Las mías desabrocharon desesperadas tu pantalón y me lancé como una posesa a engullir tu miembro. Sentí cómo te liberabas del pantalón con él totalmente insertado hasta mi garganta. Tus manos me dirigían con pasión mientras mi lengua te recorría, mis labios te besaban, mi boca te abarcaba gozando una y otra vez de tu textura. Lo supe cuando tus caderas empezaron a moverse. Ibas a hacerlo. Me ibas a regalar con tu preciado néctar. Me afané impaciente, follándome la boca sin cesar, recorriendo tu glande con mi lengua mientras acariciaba y recorría tu falo con mis manos, sintiendo el latido de tus venas a través de la piel. Mi trabajo obtuvo su recompensa pronto. Sentí cómo empujabas con fuerza con tus caderas, hundiéndote por completo dentro de mí, y una marea cálida inundó mi boca. Bebí agradecida hasta la última gota del líquido de pasión que me donabas, llamando con mi lengua a sus fuentes, tragando sin dejar escapar ni una gota del licor de los dioses.

Cuando acabé giraste mi cabeza. La joven pareja que ocupaba el otro banco se habían cambiado de sitio, animados por nuestra presencia. Él había recostado su espalda en el tronco de un árbol y ella, tan desnuda como yo misma, estaba arrodillada entre sus piernas, ofreciéndonos la visión de sus encantos… los mismos encantos, me percaté, que cuya visión le estaba ofreciendo yo misma al chico. Sus ojos se clavaron un instante en los míos antes de cerrarse. Sus manos se aferraron a la nuca de su compañera y un gemido ronco escapó de su garganta mientras yo me sentaba a toda prisa, cubriéndome como pude con la camiseta, acompañada de tus risas.

Aguardando el momento de navegar sobre otras aguas


7 comentarios:

  1. Siempre me ha parecido muy estimulante hacerlo en un lugar publico, estos jardines han dado una estupenda recompensa a vuestro morbo y veo que hasta logras contagiar a los espectadores...
    Besitos desde mi pequeña orilla.

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  2. qué gusto de lectura, qué maravilla de fotos ... me gusta venir a tu jardín, siempre.

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  3. UMMMMMMMMMMMMMM!!!!
    SIN DUDA ALGUNA ERES PURO FUEGO!!!!
    NO HAY NADA COMO SENTIRSE OBSEVADO MIENTRAS LO HACES, NOTAR COMO SE CLAVA EN TI ESA MIRADA MIENTRAS DISFRUTAS DE LA PERSONA QUE ESTA CONTIGO.
    ME QUEDO CON TU JARDIN, LO HAGO CADA VEZ QUE PASO POR EL YA QUE ME LLENAS DE TU FRAGANCIA, TU DESEO, TU SENSUALIDAD, TU LUJURIA, UFFFFFFFF!!!!!!
    EN FIN, ME VOY A CULTIVAR UN POCO.
    BESAZOS Y SUSURROS A TU JARDIN!!!!

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  4. Exhibicionista y autora de un blog erótico parecen lo mismo, ¿verdad? en la misma frase diría que resultan casi cacofónicos.
    Pero qué distinto es mostrarse con la máscara de la distancia, relatando tus más íntimos instantes y sentimientos cubierta por el halo del anonimato electrónico, al hecho de ser observada en carne y hueso, en vivo y en directo...

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  5. Nada mejor que dejarse llevar secretamente en un museo

    beso
    druida

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  6. CORAZON!!!!!!!!!!!
    pasaba a saludarte y adarte las gracias por ese comentario tan ingenioso, me ha encantado.
    BESAZOS DE JAZMIN!!!!!!!

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  7. Mi querida Amor, gracias a ti, por tu chispa, por tu encanto. Me has hecho reír y ha sido un placer dejar mi humilde huella en tu agradable rincón.
    Besitos, preciosa.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.