30 de julio de 2010

Sinuosas curvas (segunda parte)


Lo cierto es que la cena estaba exquisita, divinamente acompañada por el champagne primero y el Burdeos después, mientras al otro lado del cristal desfilaba un París cuyas luces despertaban ante el ocaso. Con las últimas luces del día giramos alrededor de la Isla de los Cisnes, disfrutando de una envidiable panorámica de la estatua de la Libertad, pequeña réplica de la que regalaron a los estadounidenses. Después remontamos el río de vuelta hacia mi amada torre, cuya primorosa iluminación anaranjada destacaba vivamente contra el azul profundo del cielo. Aunque tu ataque inicial había cedido en violencia, y tu pie acariciaba suavemente mi pantorrilla, cada bocado, cada brindis venía cargado de cómplice sensualidad. Tus ojos se clavaban en los míos, o recorrían sin pudor el balcón de mi escote, consciente del efecto que causabas en mí. Otras veces ascendías rápidamente por mi muslo, arrancándome un gemido de sorpresa, o te pasabas la lengua por los labios después de beber el champagne, sin separar tus ojos de los míos.

Yo estaba segura de que el violinista, la camarera, el maître, hasta la pareja de alemanes, todos, estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo y nos echaban miradas suspicaces cuando yo no les veía. Pero cada vez que la desazón crecía en mí tú te encargabas de convertirla en deseo con un nuevo juego, un nuevo recurso. Cuando, poco antes de los postres, te levantaste ofreciéndome tu mano y me preguntaste de esa forma en que tú lo haces, sin dejar lugar a la negativa, si quería salir a la cubierta superior para fumar, miré hacia todos los lados con verdadero pánico. Estaba convencida de que todo el barco nos estaba mirando, y esperaban a vernos subir por la escalerilla para criticarnos y comentar entre ellos lo que estaríamos haciendo arriba. Tuviste que tirar de mí para que me levantara, paralizada como estaba por la vergüenza y el terror. Tendría que haber visto tu sonrisa malévola, plenamente consciente del torbellino que giraba en mi interior, pero no podía levantar la vista del suelo mientras tu mano en mi cintura me conducía hacia la escalera.

Subir los diez peldaños, consciente de lo cortísimo de mi falda y de mi ausencia de ropa interior fue una prueba terrible. Sentía mil pares de ojos clavados en mis nalgas, otros mil pares que observaban desde adelante lo que mis muslos, que mantenía juntísimos dificultando mi ascensión, dejarían entrever. Un nudo en mi garganta me impedía respirar segura como estaba de estar siendo expuesta a todo el pasaje. Hasta creí escuchar cómo la música cesaba, tal era la locura que me invadía.

Recibí la primera ráfaga de aire frío en mi rostro con alivio, temblando aún como una hoja y sintiendo tu cuerpo cálido tras de mí. Me giraste con cierta brusquedad, y sin darme tiempo a pensar tomaste mis labios con los tuyos, devorándome con pasión. Apenas tuve tiempo de reaccionar cuando una segunda ráfaga se coló por debajo de mi falda, levantándomela. Me giré pegándome a ti, volviéndome desafiante hacia el supuesto auditorio que acababa de gozar de mis encantos.


Nadie. En la cubierta no había nadie. Tan sólo tu risa, tus manos subiendo desde mi cintura y aprisionando mis pechos. Respiré aliviada e intenté girarme de nuevo, pero tú me dirigiste hacia la proa, empujándome suavemente con tu cuerpo. Comencé a andar torpemente, pegada a ti como una lapa, mientras acompasabas tu paso al mío, sin abandonar mis pechos, pellizcándome con esa habilidad tuya los pezones. Todo el temor y la vergüenza se desvanecieron dejando paso a una salvaje excitación. Liberada, gemía sin rubor ante cada movimiento, cada caricia, sintiendo la presión de tu miembro durísimo entre mis nalgas, hasta que llegamos al final de la pasarela, donde dirigiste mis manos para que las apoyara en el frío metal de la barandilla. Después me indicaste que me subiera sobre una pequeña viga que formaba parte de ella, a pocos centímetros del suelo. Fue un movimiento rápido. Aunque alguien se hubiera aproximado, dudo que se hubiese dado cuenta de lo que habías hecho. Pero lo cierto es que en un segundo habías entrado hasta el fondo de mi encharcada vagina, que te recibió alborozada de placer.

Nada de movimientos bruscos, nada de tomarme de las caderas y poseerme como un salvaje, como sueles hacer. Tan sólo permanecer allí abrazados, con el aire en el rostro, el Sena deslizándose a nuestros pies y tu miembro durísimo ocupándome por completo. Apenas el ligero cabeceo del barco, el suave ondular de las aguas… el roce de tu piel en la mía, la pasión liberada en mi interior… y una ola ascendió imparablemente desde mis tobillos. Me aferré con fuerza a la barandilla temiendo caer. Cerré los ojos y llegó, lenta pero inexorablemente, haciéndome caer en un profundo abismo de placer mullido, eterno, ascendiendo suavemente hasta finalizar en un violento estallido. Aullé. Sí. Aullé al viento, aullé al Sena, aullé a París mientras el más mínimo movimiento de tu cuerpo dentro de mí me arrancaba espasmos enloquecidos.



10 comentarios:

  1. Me ha gustado el final, elegante...

    Un beso :)

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  2. mmmmmmmm, es lo primero que se me viene a la mente (y al cuerpo) despues de leer estas dos entregas, son sexys, son morbosas, excitantes, son finas, bueno, que me ha gustado enormemente esa saga.

    Concuerdo con Secreta, pero no solo en el final, son dos relatos muy elegantes, muy bien chica, muy bien.


    Un besote!

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  3. Yo también aprecio especialmente ese final con el Sena convertido en una pista de carreras que pasa vertiginosamente a los pies de la protagonista y las luces de París precipitándose hacia ella como las de las estrellas cuando saltan al hiperespacio de Star Wars...

    Una serie magnífica, llena de carga y muy, muy morbosa, Rosaida.
    Mis felicitaciones.

    Un beso,

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  4. Que gustazo de blog, de música y de letras. Todo pasión, y toda exquisita. Creo que volveré a menudo por aquí. Gracias por el disfrute. Besos momificados

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  5. Me encanto el segundo plato. Habrá postre??

    Besos.

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  6. UFFFFFFFFFFFFF!!!!!!!!
    la primera parte me encanto, pero esta me ha cautivado.
    Me has trasportado al crucero del placer y del deseo, has plamado con tus letras esos besos y caricias.
    COMO SIEMPRE FANTASTICA!!!!!!!!!
    Es una delicia pasarme por tu jardin.
    BESAZOS CORAZON!!!!!!!!

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  7. Exquisita y romántica forma de terminar un paseo por el Sena.
    La fusión perfecta como postre de placeres.
    Felicitaciones cielo.

    Néctares

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  8. Mmmmmmmmmmm, ningún lugar mejor para hacer el amor, para aullar al viento que la vieja y siempre embaucadora Lutecia... un bneso a tu jardín

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  9. Tus dulces letras logran hacer que viaje junto a ti en ese hermoso barco, que manera tan sensual de culminar con toda la excitación y el morbo que ha creado tu dueño para el disfrute de ambos en esa mágica noche...

    Besitos desde mi pequeña orilla.

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  10. Excitante, me ha gustado mucho. Un final curioso por cierto. Oh!A mi me encanta Paris y me encantaría verlo,visitar el cabaret Moulin Rouge -.-

    Besos Gélidos

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.