17 de agosto de 2010

Las tres culturas (primera parte)

Suena el teléfono. Descuelgo. Al otro lado, una voz familiar con tono preocupado me cuenta que algo no va bien. Cuelgo y salgo en busca de Pau.

- Cariño, Pau… nos tenemos que ir a Toledo.

Le explico a grandes rasgos lo ocurrido mientras nos vestimos. En el coche me retoco el maquillaje. Termino de colocarme la blusa ajustada bajo la falda vaquera y me abrocho la segunda pulsera que sujeta a mis tobillos las sandalias de cuña.

La salida de la capital se hace tortuosa. Coincide con la primera operación salida de las vacaciones estivales. Coches y más coches. Paradas en la autovía que se hacen interminables. Desvíos y carriles cortados. Cuando al fin nos encontramos con vía libre, Pau conduce furioso. Llegamos tarde, pero a tiempo para resolver el tema que nos lleva a la hermosa capital manchega.

Anochece cuando partimos de regreso. Pau conduce silencioso. Paso una mano sobre sus hombros. Mis dedos se enredan en su pelo, descienden por su nuca. Me sonríe de soslayo, a la luz azulada del cuadro. Mis manos se hacen más atrevidas, explorando su pecho cuando reposo mi cabeza en su hombro. Poco a poco desciendo por su vientre. Ahí me espera. Mis caricias han provocado su deseo. Lo siento palpitar a través de la fina tela del pantalón. Mi corazón se acelera al percibir su calor.
- Nena, ten cuidado, que estoy conduciendo…

- Pero es que me gusta… demasiado – susurro a su oído.

Le beso en el cuello, mi lengua recorre el lóbulo de su oreja, alternando mis besos con mis susurros.

- Me encanta… es magnífica… cómo la deseo…

Siento que su potencia ha llegado al máximo, la piel tensa como un arco. De repente, siento una brusca sacudida. Con un volantazo Pau sale de la autopista en la desviación que estamos a punto de rebasar. Aminora la velocidad hundiéndonos en el acogedor silencio de la noche manchega. Bajan las ventanillas, se abre el techo corredizo. Un fuerte aroma a pino nos invade. Mi boca retoma su recorrido descendente por su cuello. Mi mano ya no suelta su preciado tesoro. Ahora, la de Pau descansa sobre mi muslo, ascendiendo atrevida por su cara interna, arrancándome un gemido de deseo.

Poco después, encuentra un pequeño camino de tierra. Los faros iluminan a duras penas las irregularidades del terreno. Una valla. Una verja alta, de hierro negro, nos cierra el paso. Pau no lo duda. Gira el coche en redondo y se arrima marcha atrás a ella. Para cuando las notas del concierto de Bach sustituyen al ronroneo del motor, mis manos luchan desesperadas con su cinturón. Gimo al sentirla entre mis manos. Pau me toma el rostro entre las suyas para besarme. Cuando separo mi rostro del suyo, le miro fijamente un momento para que sienta mi deseo asomándose a mis ojos. Sonríe. Y bajo. Por fin. Me hundo en esa sinfonía de aromas, de carne tersa y ardiente, de sabores enloquecedores. Mis labios le acogen en su interior, recorro su piel sintiendo latir su deseo dentro de él. Descubro su glande empapado y mi lengua recoge ese néctar del deseo que fluye por mí. Dios… es una maravilla…. La deseo entera, potente, invadiendo hasta el último rincón de mi ser. La dejo entrar. Empujo en el fondo de mi garganta unos instantes. Sí… así… más… Comienzo a follarme con ansia. Su piel se desliza suave entre mis labios. Dura, caliente. Oh, dios, me está volviendo loca… Siento mi sexo chorreante. Las manos de Pau recorren mis nalgas. Ha levantado mi falda hasta la cintura y sus dedos exploran bajo mi tanguita rojo cada vez más osados. Lo encuentran, y dos dedos se hunden en mi humedad arrancándome un grito de placer. Sigo gozando de su presencia en mí, llenándome mientras sus dedos me recorren. Encuentran, presionan, acarician, vuelven a invadir. Despacio, con mucha intención, lubrica mi entrada más estrecha con mis fluidos. Su otra mano acaricia mi pelo. De repente, empuja mi cabeza hacia abajo, clavándome hasta la garganta en él mientras dos dedos invaden cada uno de mis agujeritos. Gimo, completamente llena de él. Tira de mi pelo con firmeza, abandonando mis entrañas.
- Quítate la falda.

Nada más terminar, sus manos desabrochan mi blusa con rudeza. Con esa brusquedad que se despierta en él cuando llega el momento, movido por esa urgencia que tanto me excita. Sus manos exploran mis pechos, descubriéndolos sobre el sujetador de encaje. Cada vez más duros, más fuertes, mientras me come a besos la boca. Los pellizca hasta arrancarme aullidos de excitación, los siento duros como el granito, sensibles a cada roce. Esos roces que él sabe repartir, turnándolos con maestría con la dureza de sus dedos como tenazas, arrancándome estremecimientos que rebotan en las paredes de mi sexo, que se apoderan de mi clítoris. Su boca abandona la mía para acariciarlos. Su lengua me arranca espasmos de placer. Sus dientes me obligan a gritar de deseo. Ya no puedo más. Mi sexo le reclama. Mis manos no sueltan su presa ni por un momento.

- Sal del coche.


11 comentarios:

  1. Apasionado e intenso.El deseo es lo mejor del cuerpo.

    Besos gélidos

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  2. Ummm, sabes que siempre vengo a tu jardían a deleitarme con tus ardientes relatos, pero... hoy también a dejarte un regalito! Lo tienes en mi blog.
    Espero que te guste, un besazo y mis caricias!

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  3. O sales pronto del coche o me da un infarto... ¡¡¡sal ya, por dios!!!

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  4. Delicioso como siempre, espero que algundia me habras la puerta a tu jardin

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  5. Excitante viaje, Rosaida.
    Me encanta ver cómo el bosque se transforma en un anexo a tu Jardín.
    ¿El Pinar de las Delicias? jejeee

    Un beso

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  6. Qeu suerte tuvieron la luna y las perseidas de la noche manchega al ser testigos de lo que nos cuentas de este modo tan especial y sensual.

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  7. "Todos los deseos, todas las torturas y ninguna de las certezas, o si.....

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  8. Un relato excitante y que da rienda suelta a la pasion de dos cuerpos que se desean sin importarles que hay al otro lado del cristal.

    Besos.

    Lunna.

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  9. Y como nos dejas asi? que barbara chica... sal del coche!! jaja

    No pudiste darle un mejor calificativo a tu jardin, aqui cosechas delicias y delicias.

    Un gran beso guapa!

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  10. No puedo coger vacaciones ya que me vuelvo inculta, como es posible que hables de cultura y me lo pierda.
    he terminado con calenton muy culto y esperando a que bajaras de ese coche.
    Nada que tengo la flor empapada y tu jardin huele mejor que nunca.
    BESAZOS AROMATICOS PRECIOSA!!!!!!!!!!!!!

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.