21 de agosto de 2010

Las tres culturas (segunda parte)

- Sal del coche.

Esa voz… un temblor me recorre de arriba abajo. Porque cuando escucho esa voz, sé muy bien lo que me espera. Y mi deseo se dispara más aún. Haciendo caso omiso de las luces que giran en la cercana carretera, salgo a la noche semidesnuda, con la blusa abierta y mis pechos asomando sobre el encaje del sostén. Sin nada más debajo que las sandalias de cuña. Él me espera al otro lado, con su camisa blanca abierta y el pantalón blanco mostrando a las claras ese bulto palpitante que parece ocuparlo todo. Tiene el cinturón en la mano. Mi respiración se corta por el deseo, imaginando lo que me espera. No sé qué será, pero sé que será algo brutal, salvaje, morboso, por un momento me retuerzo las manos, nerviosa.

Pau me toma del brazo y me conduce hasta la verja, detrás del coche. Siento las hierbas secas arañar mis pantorrillas. Cuando fija mis manos a los barrotes, mi sexo chorrea enloquecido. Sí, sospecho… imagino… saco el culo hacia atrás, ofreciéndome. Otro coche gira en la curva, iluminando brevemente con sus faros la explanada.


El cinturón cae sin piedad sobre mis nalgas y salto sorprendida, volviéndome hacia él.

- Quieta… - sus manos devuelven a las mías a los barrotes – ¿No tendré que atarte las muñecas, verdad?

Mi excitación ha llegado a tal límite que ya me da igual. Azótame, castígame, haz de mí lo que quieras, pero por favor, fóllame ya. Diez azotes. Me hace contarlos uno a uno. Y a cada azote, mi deseo sube más y más. Desde el tercero, de mis labios se escapan frases cada vez más atrevidas. Le pido, le suplico que me folle de una vez. Todo mi cuerpo reclama sentirse lleno de él. 

Diez. Oigo el sonido del cinto al caer sobre el suelo. Sus manos acariciando mis nalgas ardientes. Su lengua calmando mi fuego… y avivándolo más. Por fin, Pau se incorpora. Toma mis caderas con firmeza, atrayendo mi culo hacia él. Por fin… noto su acero durísimo apoyándose en mi entrada más estrecha, que boquea de deseo al sentirle. Se demora un tiempo, disfrutando de mi deseo incontenible. Empujo hacia atrás, pero él se retira lo justo para dejarme sentir cómo mi carne se ensancha para él. Él marca el ritmo. Mis piernas se sacuden víctimas de un temblor incontrolable. Rómpeme… fóllamelo ya… Y entra. De golpe, hasta el fondo de mi ser, arrancándome un aullido de deseo. Permanece quieto hundido en mí mientras tomo conciencia de su dureza, de su fuerza, llenándome por completo. Siento esa sensación aguda ascender poco a poco, como siempre que me llena totalmente con su grandeza, dejándome empalada en él. Antes de que esa punzada de dolor me invada, comienza a moverse. Y la explosión de placer lo ocupa todo. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Y el placer siguiendo su ritmo, más y más arriba a cada instante. Me corro, me voy a correr… y la noche se hace blanca, como si todas las estrellas que cuajan el cielo se hubieran precipitado hacia mí mientras aúllo de gozo. Sus movimientos van manejando mi placer a su aire, elevándome y dejándome caer una y otra vez. Cuando se apiada de mi agotamiento y el vendaval termina, apenas me deja un segundo de descanso. Otra vez sus caderas inician ese ritmo ascendente que vuelve a catapultarme en un instante hasta el cielo. Y de nuevo la locura atronando en mis oídos, mis gritos perdiéndose en la noche, su potencia arrancándome las notas más intensas y sublimes, alzándome y bajándome por los caminos del placer y la locura. Mis manos no pueden sujetarme. Tengo el rostro pegado a los barrotes y las manos apenas logran mantener el peso de mis brazos temblorosos, cuando él sale de golpe de mí.


Aúllo volviéndome hacia él, pidiéndole a gritos lo que mi cuerpo reclama con desesperación, pero algo me detiene. Esas luces han cambiado de dirección, no se van como las otras. Giran hacia nosotros. Rápidamente, Pau abre el portón del monovolumen. 

- Entra ahí, pequeña. Voy a por tu ropa.

El maletero es lo suficientemente grande para acogerme. La excitación embarga mis pulmones, aún jadeantes, mientras me encojo en su iluminado interior. Oigo el sonido del motor acercándose. Las luces se apagan. Ruedas que crujen en la grava. Pau vuelve a levantar el portón, alargándome la falda con una sonrisa malévola flotando en sus labios.

- O… ¿prefieres que sigamos delante de ellos?

Sabe perfectamente lo que esas palabras van a causar en mí, cómo el terror y la excitación se combinan en mi interior. Sabe perfectamente que yo sería incapaz de dar un paso por mi misma en esa dirección, que sólo su mano firme y serena puede llevarme hasta ello. Mientras tiemblo azorada en un mar de sensaciones contradictorias, vuelve a bajar el portón. Me visto a oscuras. Temblando con esa combinación de miedo, morbo y excitación que sé perfectamente que él está azuzando en mi interior. Oigo cómo alguien enciende un cigarrillo. Será él. ¿O no? Aguardo impaciente una señal, con mil ideas volando en mi cabeza. Se abre el portón. Es él. Solo. Me da la mano sonriente. Me besa. Mis ojos encuentran atemorizados el coche que ha aparcado a unos metros de nosotros. Pau me lleva de la mano hasta la puerta del nuestro. La abre para mí con parsimonia, me ayuda a entrar. Me siento desvalida, desnuda, como si los del otro coche pudieran ver todo lo que siento en mi interior, como si acabaran de presenciar la escena que se ha desarrollado minutos antes, cuyos ecos aún resuenan en mi mente ocupando todo el espacio. 

Con esa sonrisa perversa flotando en sus labios, Pau arranca. El vehículo se desliza despacio haciendo crujir la gravilla bajo sus ruedas. Alcanzamos el asfalto, y Bach sustituye el sonido de la gravilla mientras nos perdemos veloces en la noche.

- Hay que darse prisa para acostarnos pronto, porque mañana tenemos que volver.

9 comentarios:

  1. Yo he sentido esos temblores al imaginarte desnuda, esos tersos pechos sobre el encaje del sosten, estoy nerviosa y la verdad que en cada una de tus frases se refugia el morbo.
    UMMMMMM!!!!!!!!, me encanta los golpecitos en las nalgas si luego hay caricias y besos,
    Madre del amor hermoso, con esta entrada te has superado a ti misma y mira que es difícil, tendre que ir a urgencias, por mi problema de corazón, siento taquicardias en este momento.
    Espero que esas mil ideas que volaban en tu cabeza las dejes plasmadas por aquí.
    Besazos húmedos y calientes!!!!!!!!!

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  2. Duerme rápido para volver pronto.

    Intenso relato, muy intenso.

    Un besito desde el rincón de mi Deseo

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  3. Fantástico... realmente espero que su mano sea una mano amiga y fuerte que te ayude a superar esas cimas que ahora se te antojan invencibles.
    Porque su mano tiene ni más ni menos que el valor que tú le das, y desde aquí parece que es mucho.
    Un beso.

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  4. Magnifico, apasionado, intenso. Haces que cada curva de mi cuerpo se estremezca. Eres increíble, Rosaida. Y me has dominado bajo el subyugo de tus palabras. Dulces sueños.

    Besos gélidos

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  5. Genial esta manera tuya de describir el deseo, el morbo y la excitación calientan todo el ambiente, te seguiré hasta el final porque me dejas en el mejor momento uno donde quiero continuar ...

    Besitos de canela hermosa Rosaida.

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  6. OK vuelve pronto! qué ésta vez puede que sea yo la del coche que pare, jijiji, lo disfrutare de lo lindo!
    Qué morbazo mi flor del mejor jardín!
    Un besazo y mis caricias!

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  7. A ver, nena, que ya es de día... ¿vamos o no?

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  8. Estoy seguro que te hubiera gustado que miren.... un beso a tu jardín.

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  9. Que... delicia... de... relato... !!

    Si el primero nos dejo con la boca haciendose agua, este llego y nos hizo agua todo!

    Creo que si tenian publico mirandoles hacer todo eso, nosotros, porque ahi nos llevaste con cada palabra, a sentir y ver todo lo relatado.

    Perfecto chica, perfecto!

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.