24 de septiembre de 2010

La educación de Rosita (II)

No era como los muchachos de la aldea. No tenía nada que ver. Ellos se dejaban hacer, gimiendo de placer mientras yo movía mi lengua o me dedicaba a llevarlos hasta el final subiendo y bajando mi cabeza, tal y como me había enseñado Pierre, con sus penes en mi boca. Si alguna vez no podían aguantar y se derramaban en mí, procuraba retirarme para no mancharme el vestido. Pero por lo general, una vez que estaban en plena forma me tumbaban boca arriba y terminaban la faena como unos caballeros, bailando entre mis muslos hasta que ambos nos descargábamos rodando entre los montones de paja.
Pero con el señor no era así. Tomó mi cabeza entre sus manos inmediatamente, y me mantuvo hundida en él, con la punta de su miembro presionando en mi garganta, hasta notar que me asfixiaba. Entonces alivió unos instantes la presión, permitiéndome recuperar el resuello, para volver a empujar con más fuerza aún. De esta forma sentí cómo mi garganta le recibía una y otra vez. Aunque me iba acostumbrando poco a poco a su presencia, la sensación de ahogo y de estar siendo poseída se incrementaba a cada instante. Mi excitación seguía en aumento. Nunca en mi vida había sentido chorrear de esa forma mis líquidos por los muslos. Cerré las piernas con fuerza, avergonzada, pensando que a pesar de todo cuando me levantase él descubriría el tremendo charco que sin duda habría dejado ya en el suelo. El señor tenía un miembro imponente, y por más que empujaba mis labios apenas conseguían alcanzar un tercio de su envergadura. Por primera vez en mucho rato abrí los ojos, enfrentándome al espectáculo, a través de la abertura que dejaba la cremallera de su pantalón, de su pubis cuidadosamente recortado y de su magnífica verga emergiendo hasta mis labios.

Sus movimientos cambiaron de ritmo. Siempre sujetando mi cabeza y moviéndola a su aire, comenzó a moverme con suavidad arriba y abajo, hasta que mis labios apenas aprisionaban su punta para volver a introducirse lentamente en mí hasta llegar al límite de mi boca. Ahora los calambres entre mis piernas eran casi constantes, más aún cuando tenía a la vista todo su miembro cada vez que lo sacaba de mí. No podía más. Comencé a gemir retorciéndome sin atreverme a separar los muslos, deseando sentir aquella delicia adentrándose entre ellos. Al oírlo, el señor salió de mí y me propinó una sonora bofetada en pleno rostro. Subí los ojos hasta él sorprendida, pero sentí su mirada penetrante desnudando hasta el más oculto de mis pensamientos y volví a bajarlos rápidamente hacia el suelo, avergonzada. Lo había visto perfectamente. Estaba segura. Había visto dentro de mí el deseo, la excitación, la necesidad de él. ¡Qué vergüenza! Yo lo sabía. No tenía ninguna oportunidad, ningún derecho. Ahora se estaría riendo de mí. 
Volvió a penetrar un segundo hasta el fondo de mi garganta. Me esforcé en abrirme para recibirle, sabe dios que si hubiera sido posible lo habría hecho de buen grado, deseaba sentirle allí donde nadie había llegado nunca. Pero era imposible, la postura me lo impedía. Después me desalojó tan de golpe como había entrado.

- Eres una putilla caliente, Rosita, me parece que darte gusto no es precisamente lo que yo entiendo por un castigo. – Me reprendió con sarcasmo - ¡mírame!

Subí la cabeza para encontrarme con una venda oscura ante mis ojos. La anudó en mi nuca y, tomándome de las manos, me ayudó a levantarme.

Todo sucedió muy rápido. El chorro escapando entre mis muslos y su mano golpeando en mis posaderas.

- ¡Además, eres una putita cochina! – susurró a mi oído arrastrando las palabras – Vas a limpiar con tu lengua lo que acabas de dejar caer sobre el parquet.

Creí morir de vergüenza. El señor me obligó a hacerlo con las manos atrás, de rodillas. Dirigía mi cara con sus manos, restregando ocasionalmente mi rostro contra mis propios fluidos. Y, para colmo de males, aquello seguía excitándome más y más. Sentía que nuevas oleadas pugnaban por escapar de nuevo de la minúscula tela del tanga.

- Perdóneme, mi señor – balbuceé.

- Calla y lame, perra – me respondió, empujando mi cara contra el suelo.
No volví a decir nada más. Me esforcé todo lo que pude, buscando a tientas en el suelo encerado, incapaz de discernir entre mi propia saliva y los restos que debía haber derramado sobre el suelo, hasta que él dio la tarea por cumplida.

- Ahora sígueme – replicó tirando de mi pelo hacia arriba. – te voy a enseñar el lugar donde educamos a las guarrillas como tú.

11 comentarios:

  1. Deliciosamente cruel, chèrie. Aún siento latir el corazón acelerado, excitado y aprisionado en mi cavidad torácica. Tu forma de redactar, dulce y maravillosa como siempre, hace que me olvide donde estoy.

    Besos gélidos a mi dama.

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  2. Ya dije yo que Rosita prometía y ahí la vemos haciendo de su garganta un mejor lugar para su señor, solo espero verla aprender a dar y a recibir mil placeres mas pues me la imagino risueña, mojadita y satisfecha después de gozar de muchas clases que aún tendrás que narrarnos, hermosa Rosaida, besitos desde mi pequeña orilla.

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  3. Ese juego entre el deseo incontrolable y la vergüenza, es muy excitante, sin duda Rosita será una gran alumna.

    Besos.

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  4. Simpática esta Rosita, tan inocente, tan maleable, tan dispuesta a aprender…

    Deliciosa elección la de Tom Waits, Lady Demoniselle. Sus ambientación musical sigue siendo un acicate para adentrarse en este exótico jardín. Cierto es que con tanto follaje la humedad ambiental hace que la sensación de sofoco sea inevitable, pero se sufre con placer.

    Hoy le dejo dos semillas musicales: una isla y una flor.

    Si las escucha a la vez casi no podrá distinguir una de otra, pero son ambas esencialmente exquisitas.

    Besos.

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  5. Sin duda alguna, Sr. Brummel, coincidimos en los gustos musicales. Los dos temazos que ha dejado en mi Jardín son dos valiosas joyas. La flor de JJ Cale es una auténtica maravilla.
    Una vez más, gracias por su aportación.

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  6. UMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!!!!, hablando de tu jardin no se podia llamar de otra manera que ROSITA.
    No hai nada mas deseable y apetesible que quitarle la timidez poco a poco a la otra `persona.
    Como siempre muy sesul y erotico.
    Besazos HERMOSA FLOR!!!!!!!!

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  7. Una delicia de relato, Rosaida. me ha encantado ver cómo se debate Rosita entre el deseo, el pudor y la obediencia.

    Empiezo a opinar que el señor ha tenido muy buen ojo en la selección.

    Estoy deseando saber lo que le espera, pero sobre todo estoy ansioso por observar sus reacciones, porque creo que serán claves para saber si es digna de ser adiestrada o debe ser despedida de la casa.

    Siempre es un ardiente placer perderse por tu Jardín

    Un beso

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  8. Pobre chica, salir de provincias a servir a la capital sin experiencia ni titulación.
    Bueno nunca es tarde para el post-grado, e ilusión e interes no le faltan.

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  9. ¡Qué a gusto se halla el alma en tu jardín, jardinera! Van los pies desnudos por su tierra fresca, con la misma dulzura con que iban las alas de la niñez ignorante por la ilusión pura.
    (J. Ramón Jimenez)
    Un besote Rosaida, me alegro de leerte!!!!
    Ah! y mis caricias!

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  10. ¡Qué alegría! querida Caricias tenerte de nuevo paseando por mi Jardín. Mis rosas agradecen tus huellas. Para ellas eres cómo el agua fresca de un manantial.
    Gracias por tu cita, es preciosa.
    Besos.

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  11. Que aromas y que sensaciones llenan tu jardin, poeticas formas de describir la sexualidad mas disfrutable, que se puede leer en un blog.

    Rosita tiene mucho futuro, y no pienso perderme un solo capitulo de su educacion.

    Las fotos como siempre, un acompañamiento perfecto a las letras.


    Besos Rosaida!

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.