19 de septiembre de 2010

Roxanne

Nací para vivir de las artes amatorias. No concibo mis días sin sus largas noches dedicadas a los placeres sexuales.

Desde la tarde en que le conocí cayendo en sus redes poderosas, no moví un ápice de mi voluntad para zafarme de ellas. Su mirada me cautivó. Su figura fría e inflexible como el acero empequeñeció la mía haciéndome sentir como si fuera una muñequita.

Al poco tiempo me mudé al centro de la ciudad, a un apartamento amplio que Él compró para mí. Tenía un dormitorio inmenso, con un vestidor muy coqueto y un baño precioso. En el salón-comedor se encontraba la cocina. Lo único que dividía ambas estancias era su largo mostrador. Junto a la entrada, otra puerta daba paso a un pequeño aseo.

Quizá si aquel día me hubiera negado a su propuesta ahora sería esposa y madre. En apenas unos minutos, cuando su mirada se clavaba poderosa en mis ojos, decidí que mi vida se la entregaría a Él. Él sería mi guía, mi mentor… mi dueño.
Fue un sábado por la mañana cuando me entregaron un telegrama que decía “esta noche STOP a las nueve STOP pasará un coche a recogerte STOP”. Era la primera vez que me citaba. El desconcierto y la falta de datos sobre la cita me producían una ansiedad que apenas me dejaba pensar en otra cosa. Deambulaba de un lado a otro de la casa con la mente ocupada en el telegrama cuando llamaron al timbre. Era un joven de una empresa de mensajería que me traía un paquete de grandes dimensiones. Firmé la nota de entrega y le despedí  amablemente.

Me sorprendió gratamente cuando abrí el paquete y vi aquel largo vestido negro de fina seda. Dejaba completamente desnuda toda la espalda hasta el comienzo de la curvatura que forman las nalgas. En la parte delantera se abría un amplio escote que realzaba las curvas de los senos y combinaba a la perfección con la abertura en su vuelo que llegaba más arriba de la mitad de los muslos. En el mismo paquete hallé unas medias rematadas en un trabajado encaje y una fina costura trasera.

También encontré unas sandalias acharoladas de tacón y junto a ellas una nota que decía “Maquíllate realzando tus ojos y recoge tu pelo dejando al descubierto la nuca. No lleves nada más.”

Después de tomar un baño con aceites relajantes, me vestí despacio poniendo mucha atención en cada detalle. Me maquillé cuidándome de resaltar las largas pestañas que enmarcan mis ojos verdes. Recogí mi cabello de forma desenfada pero elegante, tal y como me indicaba en la nota. Y por último me perfumé con mi aroma preferido: esencia de rosas frescas. Una gotita tras el lóbulo de cada oreja, otra entre mis senos y otra más justo allí, donde la espalda pierde su nombre.

Encendí un cigarrillo intentando aplacar el manojo de nervios que sentía en la boca del estómago, ¡que ilusa! Cuando llegó el turno de apagarlo casi no pude acertar en el cenicero.

Miré la hora, aún faltaban diez minutos para las nueve, lo suficiente para echarme un último vistazo ante el espejo de mi dormitorio. Repasé el carmín de mis labios y marqué un poco más el color de mis mejillas.

- Buenas noches. Por favor, acompáñeme.
Un hombre vestido con traje oscuro me llevó hasta la limusina que esperaba aparcada en la entrada del edificio. El chófer aguardaba de pie junto al espectacular vehículo. Me saludó con una leve sonrisa mientras inclinaba ligeramente su cabeza y abría la puerta. Me senté frente al hombre de traje oscuro, que no dejaba de mirarme. Su presencia me incomodaba. Había algo en él que no me gustaba, no sabría decir qué, pero notaba que algo me inquietaba.

- ¿Desea una copa de champán? – ofreció sin apartar su mirada de mí.

- Sí, gracias – contesté sin saber si me apetecía o no.

Descorchó una botella de champán francés y me sirvió una copa.

- ¿Usted no toma nada? – intenté parecer cordial.

No me contestó. Tan sólo recibí una mirada gélida e inexpresiva, mientras pulsaba un botón junto a la puerta. Una mampara oscura comenzó a cerrarse aislándonos del chófer.

Crucé las piernas nerviosa. Los cristales tintados aumentaban mi sensación de aislamiento, y comencé a inquietarme. Intenté buscar en mi acompañante algo de apoyo, pero sus ojos como el hielo me hicieron abandonar cualquier intento de acercamiento. Durante el trayecto miré el reloj varias veces. Los veinte minutos que pasaron hasta que nos detuvimos se me hicieron eternos.

La puerta de la derecha se abrió. Mostrando ante nosotros una escalinata de mármol blanco. Sobre ella aguardaban dos criados con librea. Hice un movimiento para salir, pero la mano de mi silencioso acompañante me detuvo.

- El señor me indicó expresamente que usted pagaría mis servicios y los del chófer. – afirmó con frialdad.
La figura del último apareció frente a la puerta. Me giré, intentando comprender. El hombre del traje oscuro se desabrochó el pantalón, extrayendo una verga de considerables proporciones. Volví los ojos hacia la salida, incrédula. Allí me esperaba el falo negro del chófer, más grande aún. Sentí su manaza presionando en mi nuca, y no me quedó más opción que abrir mis labios, contra los que presionaba ya su enorme miembro. Me turné sirviendo a ambos hombres. El chófer tardó poco en vaciarse en mi garganta y desaparecer. Tuve que tragarme hasta la última gota, porque, como bien indicó mi acompañante, no deseaba manchar un atuendo tan hermoso. El otro hombre fue más difícil. Trabajé con fruición sus testículos, acariciándole una y otra vez mientras me follaba la boca con su miembro duro e insensible hasta que, por fin, mientras profería lo que sin duda eran duros insultos en una lengua extranjera, me inundó de golpe con su semen, que apenas tuve tiempo de deglutir dada la violencia de su erupción. Sin decir palabra se abrochó el cinturón y salió del vehículo. Antes de desaparecer se volvió para indicarme con rudeza que no saliera sin arreglarme el maquillaje. Cuando volví a abrir la puerta uno de los criados me aguardaba junto a la limusina, ofreciéndome su mano para ayudarme a salir. Me apoyé con decisión en él y comencé a ascender por la escalinata, aparentando toda la seguridad que fui capaz de fingir.

Camino de una cita enigmática...

6 comentarios:

  1. Pasa, Roxanne, te estamos esperando...

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  2. Grrr! Me dan cosquilleos solo de pensar que es lo que te estará esperando, chèrie.

    Besos gélidos a mi dulce dama

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  3. si alguien que me ama me hace hacer eso, lo hago volar de mi vida!!!!
    ya imagino que es una historia...pero no me gustaria pasar por algo asi de violento, ni en sueños!!!!
    Ojala la cita hubiera continuado con una sesion de buen sexo, pero con el solamente...o el y otros pero que tu eligieras, claro!
    Ya imagino por donde viene este asunto, pero bueno, gustos son gustos,y a mi no me gusta que me hagan hacer nada por la fuerza!
    menos que menos pagar a nadie con sexo!!!!
    besos y te felicito, lo escribiste muy bien,por cierto!!!

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  4. Que buen gusto tienes Rosaida, lo dejas ver en cada entrada y entre cada linea, ahora que quedamos con la miel en la boca viene lo mejor, y aqui estaremos para leer lo que le sigue en la velada a Roxanne.

    Besote guapa!

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  5. Entiendo que Roxanne sabe de que va el juego y que está de acuerdo, espero...

    Y, dicho esto, espero ansioso la continuación del juego, de esa cita.

    Besos.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.