21 de noviembre de 2010

Roxanne. Juegos Olimpíacos (I)

Apolo se acercó portando dos copas de champagne en una pequeña bandeja.

- Espero que sea de tu agrado. – se inclinó ofreciéndome la primera – Zeus nos indicó que era tu bebida preferida.

- Así es. Muchas gracias. – asentí tomando la copa.

Después le ofreció la suya a Talía, arrodillándose ante nosotras, cosa que hizo las delicias de la mujer, que le premió llevando su cabeza hasta su seno. Apolo atrapó con sus labios la cima enhiesta de Talía, que cerró los ojos y gimió de placer echando la cabeza hacia atrás. Bebí mirando de reojo a Zeus, que había acercado un sillón de espaldas a la chimenea y miraba distraídamente su copa de coñac. Apolo se demoró bastante, succionando y mordiendo el premio que se le ofrecía. Dejé mi copa en la mesita. Al regresar a mi postura, el pie de Talía se coló acariciando la cara interior de uno de mis muslos.
Volví a mirar a Zeus, que observaba la escena serio, diría que casi inexpresivo. ¿Qué esperaba de mí? Busqué una respuesta en sus ojos, pero no encontré nada. Ni me animaba ni me prohibía, así que dejé que fuera mi cuerpo el que actuara. Separé ligeramente los muslos permitiendo a Talía un acceso más profundo, y tomé su otro pie entre mis manos, descalzándola. Después de acariciar su menudo empeine lo elevé hasta que mis labios rozaron la piel de su pantorrilla, enfundada aún en una finísima media de seda. Lo hice plenamente consciente de que así dejaba a la vista de Zeus todos sus encantos, que resultaron estar desprovistos de ninguna traba que los ocultase. Sin soltar el pezón que había capturado entre sus dientes blanquísimos, Apolo bajó la mano para acariciar la húmeda flor que había dejado a su alcance. Mi corazón empezó a acelerarse al presenciar tan de cerca cómo sus dedos separaban con delicada habilidad sus pétalos brillantes de rocío, hasta acceder al palpitante pistilo sonrosado que atesoraba celosamente su corola.

Sentí la suavidad de la seda que cubría el pie de Talía ascendiendo por mi muslo, explorando a su vez mis propios secretos. Cuando rebasó el límite de las medias y descubrió que yo tampoco llevaba nada debajo, volvió a gemir de excitación. La dejé hacer, sintiendo cómo las palpitaciones se apoderaban de mi sexo a su paso. Apolo había descubierto con sus dedos hasta el último rincón del cáliz, y ahora su corazón acariciaba rítmicamente su abultado pistilo, dedicando ligeras presiones al sensible estambre que coronaba su punta. El vientre de la mujer exhalaba un perfume fresco – agua de rosas, anoté mentalmente – y fragante. Dudé un momento por cuál decidirme, el pantalón oscuro de Apolo insinuaba una creciente erección que tensaba su tela alrededor de sus bien formados glúteos. Volví a mirar a Zeus. Sus ojos habían cambiado de expresión, e iban desde el pie de Talía entre mis muslos hasta la pareja. Despacio, sin dejar de mirarle, acerqué mi rostro al vientre de Talía, y no abandoné sus ojos hasta girar la cabeza para recorrer su perla con una larga caricia de mi lengua. 
Ésta reaccionó con un grito ahogado, elevando las caderas de golpe. Apolo había desabrochado su otro tirante y lamía su otro pecho prácticamente de espaldas a mí, pero sus manos no abandonaron su posición, separando los labios de Talía. La mía apretó sus nalgas, tanteando sus músculos y, mientras empezaba a acariciarle bajando entre sus muslos, volví a hundir el rostro en el vientre de la mujer. Esta vez me moví con más atrevimiento, recorriendo todo el perímetro de su clítoris antes de empezar a lamerlo a base de una serie de rápidos movimientos con la punta endurecida de mi lengua. El gemido largo de Talía me animó a continuar, mientras mi mano alcanzaba los testículos de Apolo y los masajeaba sobre la tela del pantalón. Me volví ligeramente para obtener todo el placer posible del pie de Talía, que acariciaba en círculos mi sexo. Mi mano subía y bajaba entre los muslos de Apolo, desde sus firmes glúteos hasta sus testículos, siguiendo la costura de su pantalón con la uña con plena intención, y a juzgar por los movimientos de su pelvis, le estaba gustando y mucho. De espaldas como estaba, no sentí llegar a Zeus hasta que noté sus manos desabrochando el nudo que cerraba mi vestido en la nuca. Me levanté ligeramente apoyando una rodilla sobre el sofá para facilitar su maniobra. Cuando me hubo despojado de él, dejándome únicamente con mis medias, sus manos se detuvieron brevemente en mis pezones, pellizcándolos con esa habilidad que siempre me había admirado de él, arrancándome gemidos de placer mientras intensos calambres descendían por mi vientre concentrándose allí donde el pie de Talía presionaba y exploraba con singular destreza. Después volvió a retirarse. Cuando giré la cabeza decepcionada nos observaba de nuevo desde su sillón, perdido tras las volutas del coñac. 
Pero una mano de Apolo vino a sustituirle, empezando a recorrerme por la nuca y bajando con suma lentitud por mi espalda, a lo que mi cuerpo reaccionó redoblando las sensaciones de placer. Cuando alcanzó el canal entre mis nalgas elevé mi trasero ofreciéndole un acceso franco a mi sexo, mientras presionaba con deleite la base de un miembro que se me antojó nada despreciable y cuya forma ya se dibujaba insistente en mi cabeza. Por eso, cuando sentí que la tela se aflojaba levanté un momento los ojos para disfrutar del espectáculo de las manos de Talía desabrochando con urgencia el cinturón y tirando con fuerza del pantalón hacia el suelo.


12 comentarios:

  1. Delicioso. Deliciosa. Deliciosamente narrado.
    Yo me imagino a Talía rubia con los ojos azules y a Roxanne morena, con los ojos verdes. Justo como se adivina en la foto central.

    La velada promete y mucho, y me encanta ver que vamos entrando en acción.

    No obstante, continuaré tomando mi copa de cognac mientras observo esta deliciosa escena, digna del mejor de los cenadores de tu Jardín.

    Un beso con sabor a cognac.

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  2. Su relato es un auténtico placer de dioses, Lady. He de confesarle que mataría por cupar el lugar de Zeus o de Apolo en su olímpica orgía…

    Besos erológicos y verdes, muy verdes, Lady Fantasy.

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  3. Un relato que desprende sensualidad y pasion por cada renglon transportandonos a ese Monte Olimpo donde los cuerpos se funden en caricias.

    Besos.

    Lunna.

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  4. Siempre me encantó la mitología Griega, pero desde hoy creo que me gusta más, jajaja.
    Erótico y sensual relato.
    Besos y susurros dulces

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  5. Genial! venga! tu eres Roxanne y yo Talía, me lo pido!!!
    Me ha encantado mi florecilla

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  6. Uyy pero que combinacion, la mmitologia griega que siempre me ha fascinado, y el sexo que siempre... bueno, tu sabes.

    Nada mejor que un relato con personajes mitologicos y acciones de verdaderas deidades, escrito por ti.

    Provocadora historia Rosaida.


    Besotes guapa!

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  7. Y por donde queda el Olimpo?? ;P

    Besos.

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  8. Cuando se encuentran seres dispuestos a brindarse sin ambajes se dan circunstancias como estas entéramente erotizantes y bellas. Me encantó.

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  9. Genial escena, genial descripción, pero parece que aún quedan muchas flores por regar, uy, uy :P

    Un abrazo ^^

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  10. Me dispongo a leer este blog. Es un consejo de musas, machos cabríos, diosas y dioses, ah, y semidioses con semidiosas. Un placer. También me inscribí como seguidor de su blog. Si algún día vienes al mío, espero que también se apunte entre quienes siguen mi blog.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.