26 de noviembre de 2010

Roxanne. Juegos Olimpíacos (II)

El miembro de Apolo quedó a la vista en toda su erección, oscilando ligeramente a dos palmos de mi rostro. Las manos de Talía se apoderaron de él con ansia, recorriendo toda la extensión de su verga gorda y sonrosada. La mía regresó a sus nalgas, cubiertas de un finísimo vello, en busca del camino entre sus muslos que me condujo a sus testículos, grandes y completamente depilados. Esta vez mi uña arañó sin trabas su camino, arrancándole un estremecimiento tan potente que sentí flaquear sus piernas. Entonces Talía pasó al ataque. Abandonando su postura se incorporó y engulló de un solo golpe la verga de Apolo, que respondió con un aullido salvaje. Desprovista momentáneamente del acceso al sexo de la mujer, yo aprisioné con fuerza uno de los glúteos del hombre, empujándole contra ella.
Entonces sentí cómo alguien tiraba de mis cabellos con violencia. Subí la cabeza y me encontré con el glande de Zeus a la altura de mis labios. Se había acercado por detrás del respaldo, sacándosela del pantalón. Abandoné el culo de Apolo para aferrarme con fuerza al de Zeus y, ante su mirada de reojo, repetí la misma maniobra que Talía, engullendo todo su falo duro y palpitante. Era consciente de la mirada de Talía. No sé qué extraño impulso me incitó a ello, tal vez un atávico sentimiento de rivalidad. Arqueé la espalda levantándome sobre mis rodillas y fui abriendo mi garganta poco a poco, dejándole entrar dentro de mí hasta engullirle por completo. Cuando la sensación de ahogamiento se me hizo insoportable, me separé despacio conteniendo la arcada que pugnaba por escapar de mi garganta mientras miraba a Talía de reojo. Sin soltar la verga de su amante, sus ojos estaban fijos en el rastro de saliva que mi boca iba dejando a lo largo de toda la extensión del miembro nervudo de Zeus, recorrido por venas hinchadas que palpitaban al sentirse liberadas de la presión de mis labios. Por un momento nos miramos desafiantes. Después ambas nos lanzamos a follarnos las bocas, subiendo y bajando por los falos de nuestros amantes de forma casi sincronizada, lamiendo y chupando, intentando dar fe cada una de nuestras habilidades. Los hombres nos separaron prácticamente a la par. Zeus tirando firmemente de mis cabellos y Apolo empujando en la frente de Talía.
Tablas. Nos miramos sorprendidas de nuestras propias reacciones. Por un instante nos retamos en silencio, pero algo se rompió y las dos empezamos a reír a la par. Al principio fue una risita entre nerviosa y sincopada que ambas intentamos retener, pero al poco tiempo nos partíamos de risa, conscientes de lo ridículo de la situación. El rostro entre sorprendido y ceñudo de Zeus y Apolo no nos ayudó precisamente a calmarnos. Cada vez que subíamos la cabeza era peor. Sus miradas de incomprensión nos provocaban carcajadas cada vez mayores, hasta que acabamos revolcándonos por la alfombra abrazadas, sin poder parar. No nos dimos cuenta cuando ellos se separaron de nosotras. Lo único que veía a través de las lágrimas eran los ojos de Talía entornados, su boca abierta riendo sin parar. Acabé tumbada sobre ella, sintiendo las convulsiones recorriendo su cuerpo joven bajo el mío. Su muslo se coló entre los míos, rozando mi sexo. El mío rozó el suyo. Poco a poco nos fuimos calmando, y unas sensaciones fueron sustituyendo a las otras. Subí la cabeza separándome de ella mientras mi muslo presionaba con fuerza entre los suyos, y ella reaccionó haciendo lo propio. La besé. Tenía los labios suaves, sorprendentemente blandos para su finura. Su lengua me recibió jugosa y fresca, enredándose en la mía. Inconscientemente comencé a mover la pelvis arriba y abajo sobre su muslo y nuevos estremecimientos estallaron en mi cuerpo, ascendiendo desde mis riñones hasta la nuca. Ella empezó a jadear. Sus pezones duros acariciaban mi piel arrancándome más estremecimientos. Rodamos sobre la alfombra. Sin dejar de besarnos, su mano se introdujo entre mis muslos buscando mi sexo. Sonrió un momento al sentir lo empapada que estaba, separándose de mí. Después comenzó a bajar por mi cuello, besando mis pechos sin dejar de acariciarme. Yo tomé sus cabellos entre mis manos animándola a seguir, hasta que alcanzó mi vientre. Su lengua se abrió paso dentro de mí con rapidez. Abandoné su cabeza. Mis pezones ardían, necesitaba sentir unas manos sobre ellos y, a falta de otras, comencé a estrujarme los pechos hasta alcanzar mis pezones justo en el momento en que Talía, abandonando la profundidad de mi cueva, alcanzó de lleno mi sensible perla. Aullé de placer arqueando la espalda. Apresé mis pezones con fuerza, recorrida por mil estremecimientos. Lo sentí ascender desde lejos, desde muy lejos. Desde mis tobillos, por mis piernas separadas por su cuerpo, subiendo por los muslos y convergiendo en mi vientre para acelerar rápidamente por mi espalda y estallar en mi cabeza. Talía no tuvo ninguna clemencia de mí cuando empecé a retorcerme incapaz de recibir más placer. Aferrada a mis caderas con firmeza, rodó conmigo sobre la alfombra golpeando sin piedad con su lengua una y otra vez en mi abultado clítoris. Cuando sus movimientos pulsantes se tornaron en caricias yo gemí extasiada sobre ella, a punto de asfixiarla, y rodé de costado separando mi muslo para liberar su cabeza.
Talía continuó lamiéndome con suavidad recogiendo el fruto de su labor y echando de vez en cuando miradas divertidas hacia mi rostro, agotado por la felicidad y el gozo. Hasta entonces no recordé a Zeus y Apolo, que en algún momento debían haber retirado las mesitas frente a los divanes y ahora nos observaban desde sus sillones, de espaldas a la chimenea, con sus copas en la mano. Apolo volvía a llevar los pantalones, y a pesar del gesto impasible de Zeus, ambos estaban claramente empalmados.

6 comentarios:

  1. Como para no estar empalmados mi florecilla!
    Eres una maestra en presentarnos escenas de lo más morbosillas..... Apetecibles a mil.
    Que pases un finde inolvidable mi niña
    Te dejo un besado y mis caricias!!!

    ResponderEliminar
  2. De las Delicias se llama este jardín…

    Ni el mismísimo Bosco igualaría sus imágenes, Lady.

    Greenkisses.

    ResponderEliminar
  3. Me temo que he terminado por derramar parte de la copa de cognac.

    ¡Una rosa enredándose en una azucena!

    No sabía a dónde mirar, aunque reconozco que al final me decanté por la figura infinitamente sensual y apetecible de Roxanne; por el rocío que perlaba sus pétalos y ese sutil temblor alborotando los pistilos mientras derramaba generosa su fragancia...

    En fin, si la ves por ahí envíame a Rosita para que limpie la alfombra... antes de que el cognac deje mancha.

    Besos un tanto etílicos.

    ResponderEliminar
  4. Hi,friend blog good
    we can link to ok
    http://hambredeahombre.blogspot.com/
    http://angkorgay.blogspot.com/
    http://cambodiahot.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  5. Ainss, me voy a tener que prohibir venir a tu rincón, me entran unos sudores!!!. Aunque pensándolo bien, como viene mucho el frío, que caray, vendré a entrar en calor por aquí, jajaja.
    Besos y susurros acalorados

    ResponderEliminar
  6. Hombre, es que con ese panorama, hasta los mismos dioses sudaban empalmados.

    Me gusto mucho el detalle de las risas incontrolables, le dio un giro inesperado pero fantastico a la historia.

    Y el resto, bueno, repito, si habia que escribir un relato erotico/mitologico, ese lo debias escribir tu.

    Besotes Rosaida!

    ResponderEliminar

Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.