15 de noviembre de 2010

Roxanne: Musas, Diosas, Dioses…

En mis tiempos de escort había experimentado muchas sensaciones fuertes, pero cuando inicié esta nueva etapa a su servicio creí que las noches de piernas temblorosas y el corazón galopando en el pecho habían terminado para mí. ¡Qué equivocada estaba!

Aquél había sido tan sólo un aviso, digamos que él había decidido poner de entrada las cosas en su sitio. Mientras ascendía por la escalinata no dejé de sentir ni un instante la mirada del criado en el atrevido escote de mi espalda. Con la sangre aún pulsando con furia en mis venas, opté por darle gusto al pobre. No podrás catar en tu vida algo así, pero al menos podrás recordar un día lo cerca que estuviste de ello… - pensé mientras me contoneaba delante de él.

El que me abrió la puerta, en cambio, mostró un rostro impasible ante mis encantos. Me franqueó el paso al interior y con un ligero carraspeo me indicó que esperara allí.
Aguardé un buen rato cambiando el peso de pie mientras observaba el lujoso vestíbulo, presidido por una magnífica lámpara de cristal enmarcada por sendas escalinatas gemelas que ascendían trazando una elegante curva hasta salvar la impresionante altura que separaba la planta cubierta de alfombras de la galería superior.

Después de un buen rato se abrió la maciza puerta corredera de mi izquierda. Las notas de un piano escaparon de su interior inundando de vida la casa. Apenas pude vislumbrar la cálida luz de la chimenea que chisporroteaba en el interior de la estancia antes de que él la cerrara. El corazón me dio un vuelco al verle acercarse a mí sonriente, con su impecable chaqué negro, recordándome al instante por qué me había entregado a él en cuerpo y alma, por qué había decidido que, pasase lo que pasase y exigiera de mí lo que exigiera, él sería desde ese momento el centro de mi vida.

Me atrajo con firmeza hacia él, arrancándome un estremecimiento al sentir el contacto de sus dedos en mi espalda desnuda, y me besó.

- Nuestros anfitriones están ansiosos por conocerte, preciosa – susurró acercando sus labios a mi oído – no deberíamos hacerlos esperar mucho más – pero se demoró lo suficiente en mi oreja como para morderme con picardía en el lóbulo.

Suspiré. En ese momento lo que habría deseado es que me llevara escaleras arriba y me lo hiciera como un salvaje en una de las inmensas camas que suponía en los dormitorios superiores. En lugar de eso, descorrió la puerta de par en par, empujándome suavemente para que entrara delante de él.

La cálida luz de la chimenea, perfectamente compensada con las lámparas de pie me dio la bienvenida a la espaciosa biblioteca. A mi derecha, una muchacha de largos cabellos rubios vestida con un vaporoso vestido de muselina tocaba una pieza de Chopin en un pequeño piano de cola. Hasta que no pasé junto a ella no me percaté de la suave venda blanca que cubría sus ojos. A la derecha, frente a la gran chimenea encendida, dos personas charlaban cómodamente reclinadas en sendos divanes de época. Uno de ellos se levantó al sentir que me acercaba. Era un hombre moreno, de fuerte cabello ondulado que apenas lograba contener la gomina. También llevaba un chaqué, pero había deshecho el nudo de su pajarita y desabrochado el primer botón de su camisa, dejando entrever parte del vello ensortijado que cubría su piel dorada por el sol. Avanzó hacia mí resuelto. Iba a estrecharle la mano, pero él prefirió pasar su brazo por mi espalda y, sin dudarlo un instante, me besó en los labios.
- Estaba deseando conocerte, Roxanne... Puedo llamarte Roxanne, ¿verdad? Zeta nos ha hablado maravillas de ti. Y veo… - se separó un paso para recorrer con sus ojos mi figura – que no exageraba…

No supe cómo reaccionar. Si mostrarme ofendida por la intolerable familiaridad con la que se había presentado, o halagada por su elegante cumplido. Finalmente decidí no hacer nada, aunque le devolví el saludo con cierta frialdad.

-¿Y usted es…? 

- A. Puedes llamarme A. - No separó su mano de mi espalda mientras me guiaba frente al otro diván, donde aguardaba una mujer de cabello castaño y ensortijado, con un corto vestido negro que relucía como si estuviera hecho de finísimas escamas de metal. – Querida, te presento a Roxanne – Me tomó de la mano para que me acercara a ella.

- Encantada – respondí. No me sentía cómoda, sólo le había faltado obligarme a girar sobre mí para que ella pudiera apreciar bien la mercancía. 

Ella sonrió turbada.

- Perdona a mi marido. No está demasiado acostumbrado a estos lances… - carraspeó – bueno, yo tampoco, no te creas, pero cuando se pone nervioso es un poco animal- añadió regalándome, esta vez sí, con una amplia sonrisa llena de calidez.

- ¿Te gustaría tomar algo? – miró a su marido, que permanecía detrás de nosotras ligeramente sonrojado, con la mirada clavada en el suelo.

- Sí, claro… ¡qué despiste, debes pensar que soy un anfitrión espantoso! – reaccionó mirándome avergonzado. Tenía una sonrisa absolutamente cautivadora, y al observar su rostro levemente sonrojado presidido por aquella sonrisa mi inicial rechazo se disipó al instante.
- Ven, siéntate junto a mí – me invitó la mujer palmeando en el diván – y olvidemos por un momento a estos salvajes – agregó siguiendo con la mirada a los hombres, que se dirigían al pequeño bar situado en una esquina de la habitación.

- Vamos a ver… – comenzó mientras se mordía distraídamente la uña del índice de la mano derecha con los ojos brillantes – ¿hace mucho que conoces a Zeta?

Me hizo gracia que todos se llamaran entre sí por sus iniciales. ¿Cómo me iban a llamar a mí? ¿Erre?

- Bueno, hace unos meses que estamos juntos, señora…

- Te. En ley a mí tendrías que llamarme Te. Pero esto es algo engorroso… ¡Queridos! – Palmoteó llamando la atención de los hombres – Tenemos que elegir otros nombres para la velada. A mí eso de las iniciales me parece totalmente estúpido, además de engorroso – saltó poniéndose de pie sobre el diván – he decido que esta noche me llaméis Talía, como la musa - y empezando a girar sobre la punta de los pies, añadió – y tú serás Apolo.

Después se volvió hacia mí, envolviéndome en una sonrisa alegre y excitada.

- Tú debes ser Afrodita, querida… no hay más que verte para saberlo. Y tú… - añadió dirigiéndose a Zeta, que aguardaba con una media sonrisa flotando en sus labios – tú serás Zeus. ¿De acuerdo? – aplaudió dejándose caer sobre el diván en una postura deliciosamente indolente.
Sin dejar de sonreírme, una de sus manos subió hasta el broche que cerraba el vestido en sus hombros, abriéndolo dejando a la vista uno de sus senos de piel blanquísima, muy bien proporcionado y coronado en un pequeño pezón oscuro que apuntaba hacia el techo con osadía.

- Caballeros, seguimos esperando esas copas… estoy sedienta – les urgió.


13 comentarios:

  1. No podrás catar en tu vida algo así, pero al menos podrás recordar un día lo cerca que estuviste de ello…

    La belleza inalcanzable, dolorosamente insufrible. Una de las mayores crueldades que el hombre puede padecer, Lady.

    Una canción, triste y hermosa.

    Besos, Lady in green.

    (nos dejó con la miel en los labios)

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  2. Sutil, elegante y muy excitante, me inquieta seguir sus pasos...

    Un cálido beso.

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  3. Una introducción elegante y bien llevada, muy sugerente, que permite entrar dentro de la historia y sentir incluso el calor de la chimenea.

    Un saludo ^^

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  4. Que scort mas sensual, hermosa y deliciosa, resulta todo un reto resistirse a tus encantos, besitos de canela guapa.

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  5. Muy elegante y sugerente, querida Rossy. Presiento que su continuación será igual de deliciosa

    Besos gélidos

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  6. un olympo de dioses, buen comienzo !

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  7. Un ambiente completamente seductor el que nos has creado.
    Una situación sensual, pero elegante...
    Al leerte tenía la sensación de ser uno de aquellos hombres sentados en un sofá que disfrutaban mirando la escena.
    Esperaré con impaciencia la continuación...
    Muchas gracias por tan hermoso regalo, y un beso desde la mansión.

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  8. ME ABRUMAS.
    No, No que si me abru... más.

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  9. Bufff una antesala genial. Promete lo que puede suceder después...
    Besos y susurros dulces

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  10. Por fa, por fa, por fa sigueeeeee! que me tienes....ummmm
    Te espero ardiente, mientras imagino mis caircias en tí!

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  11. No ocultaré que Roxanne es una de mis favoritas, aunque no la que más, entre las rosas que perfuman tu Jardín.

    La verdad es que esperaba impaciente la continuación del relato. Más aún si tenemos en cuenta que el capítulo anterior se quedó en un impass que no fue del todo comprendido por algunos lectores.

    Pero aunque el aire soplara de barlovento durante algún tiempo, aquí estamos de nuevo, con la excitante Roxanne contándonos sus experiencias con su Pigmalión.

    Ya espero impaciente la siguiente entrega... nunca mejor dicho.

    Un beso

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  12. Por dios! Espero que pronto quedes saciada...

    Besos.

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  13. Me encanta como creas la atmosfera perfecta para cada situacion, elegancia y sensualidad bien combinadas.

    Pero cuando nos dejas en continuacion, mira que me quede con mi copa en la mano y la boca abierta, ahora esperare (a ver como) la continuacion.

    Besotes guapa!

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.