2 de diciembre de 2010

Recuerdos (I)

Sonó el despertador. ¡Por fin el último madrugón de la semana! -pensé. Jamás me acostumbraré a despertarme a esas horas intempestivas. Abrí a duras penas un ojo para desconectar la alarma y como siempre suelo hacer me quedé un ratito más remoloneando entre las sábanas. Tan sólo diez minutos, lo suficiente para pegarme a su espalda, tomarle entre mis brazos y acariciar su torso. Y para recordar la salvaje batalla que mantuvimos anoche. Levanté la nariz inhalando la sutil mezcla de aromas: ese inconfundible olor a sexo combinado con la fragancia a vainilla de las docenas de velas que anoche iluminaban el dormitorio.

Cerré los ojos repasando mis recuerdos. Teníamos la casa para nosotros. Después de darme una ducha, me encontraba en el salón escribiendo no recuerdo qué en mi ordenador, cubierta únicamente con mi albornoz rosa. Él se acercó por detrás.


- Sígueme, tengo algo preparado para ti – susurró en mi oído presionando con su mano en mi cintura para que me levantara.

Me guió escaleras arriba sin soltar mis caderas. Cuando llegué hasta el centro de la biblioteca, su presión me indicó que parara.

- Quieta, no te muevas.

Aguardé unos instantes mientras él tomaba algo a mi espalda. No pude reprimir un jadeo de sorpresa cuando el negro antifaz cegó mis ojos. Tiró con fuerza de mi albornoz, descubriendo mi torso y atrapando con él mis manos.

Noté sendos pellizcos en mis pezones que inmediatamente se endurecieron por la presión de sus dedos. Sus manos acariciaban y apretaban mis senos mientras mis gemidos se hacían más intensos. De pronto cesaron sus caricias. Le oí alejarse y escuché el sonido familiar de una cremallera al abrirse. No le oí volver. La presión del collar rodeando mi cuello me pilló por sorpresa. Como siempre que me pone el collar, mi corazón comenzó a latir con fuerza tratando de adivinar qué maldades habría maquinado esta vez su perversa mente. Un sonido tintineante interrumpió mis pensamientos. Giré con nerviosismo mi cabeza cuando sentí como me despojaba del albornoz con un tirón seco. Gemí asustada sintiéndome completamente indefensa ante la repentina violencia de sus movimientos, secos y precisos. En contraste, su mano guió mi rostro hacia delante con firme suavidad antes de deslizarse por mis hombros hasta mis muñecas. De nuevo tiró de ellas hacia atrás con violencia, y con movimientos rápidos cerró a su alrededor mis muñequeras, de cuero suave y acolchado. Descubrí al instante que las había unido entre sí, impidiendo mis movimientos.


Su boca se apropió de mi cuello, arrancándome gemidos de placer, mientras mis manos percibían la dureza que crecía en su vientre presionando contra mi cuerpo. Las suyas descendieron con suavidad acariciando mis senos, erizando toda la piel de mi cuerpo. Me entregué con dulce abandono a las placenteras sensaciones. De repente, sus dedos volvieron a atrapar mis pezones con fuerza, provocándome un salvaje latigazo de excitación. Descendieron siguiendo el curso de mi deseo hacia mi vientre. Apenas se demoró lo justo jugando con su sabia lengua entre mis pliegues. Lo justo para hacerme recordar la promesa de lo que podría ser. Lo justo para arrancarme aullidos de placer, para despertar en mí un deseo desesperado de que llevara hasta el final lo que acababa de iniciar. Lo justo, solamente el tiempo justo, antes de separarse de mí.

Lo justo para intuir lo que sería una noche inolvidable...
 

6 comentarios:

  1. Ah, mi Black Satin Dancer... ¿llegarás a describir lo que ocurrió entre las sábanas de negro satén?

    Espero impaciente ese momento...

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  2. Wond'ring aloud…


    …how we feel today.


    Kisses.


    (el "Minstrel" no está nada mal, pero el "Aqualung", my god, es francamente insuperable)

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  3. Ay!!! mi florecilla del mejor jardín... vas a acabar conmigo!!!!
    Menuda tempestad de sensaciones me has desatado....
    Espero ansiosa cómo sigue...
    Un besazo y mis caricias (enloquecidas!)

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  4. oxígeneo quemado en aroma de dulce vainilla

    sexo alumbrado por el des-velo sumiso de unas cadenas

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  5. La noche genial, seguro. ¿A que sí?

    Besos.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.