9 de diciembre de 2010

Recuerdos (II)

Otra vez un sonido tintineante me llegó desde el otro extremo de la biblioteca y otra vez su presencia por sorpresa junto a mí. Recibí con un grito el gélido tacto del metal recorriendo mi cuerpo. Él enganchó la cadena a la pequeña argolla de mi collar y lentamente la dejó deslizar por mi cuerpo hasta abrirse paso en la abertura de mi sexo, haciéndome notar la intensidad del frío en mis entrañas. Separó mis piernas presionando con la punta del pie en mis tobillos. Pasó entre mis pliegues toda la longitud del metal, haciéndome temblar de excitación con cada eslabón, recreándose en mis gemidos. Sentía su respiración agitada en mi nuca cuando empezó a mordisquear el lóbulo de mi oreja. No pude reprimir un quejido sordo mientras sus dientes apretaban cada vez con más fuerza. Después comenzó a lamer y succionar allí donde sus dientes me habían herido, pero en cuanto el placer de su boca vino en mi auxilio, cesó separándose de mí. Entre gemidos ahogados le supliqué que no parase. Notaba mi sexo húmedo, deseoso de tenerle dentro.


Pero su perversidad no iba a permitir que me regodeara en aquellas sensaciones placenteras. Sentí un fuerte cachete en mi nalga. Salté de sorpresa, no tanto por el golpe, cuyo fuego tardó aún unos segundos en quemarme, como por el fuerte ruido que resonó en toda la biblioteca. No me dio tiempo para quejarme. Instantáneamente sentí un fuerte tirón de mi collar y tuve que avanzar trastabillando, so pena de caer al suelo. Tiró con fuerza de la cadena, arrastrándome detrás de él, con destino desconocido. De repente giró en redondo. Tropecé y casi caigo al suelo. Él aguantó lo justo para que recuperara el equilibrio, pero un nuevo azote en mi culo me urgió a seguir trotando. Mis manos seguían esposadas a la espalda, lo que dificultaba cada giro, siempre a punto de caer, bajo el castigo constante de sus azotes. Me encontraba al borde de las lágrimas. Mis nalgas ardían mientras los cambios de dirección se sucedían una y otra vez con brusquedad. Cuando paró no sabía dónde estaba. Tomó mis caderas y sentí su miembro palpitando entre ellas. Aguardé jadeando su siguiente movimiento. Él elevó mis manos unidas sobre mi cabeza, hasta dejarlas apuntando hacia el techo. La ligera presión que ejerció en mis brazos me indicó que debía dejarlos así, hacia arriba. Intenté tranquilizarme, recuperando el resuello. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo expuesto. Bajaban por mis costados, ascendían por mis pechos, acariciaba mi culo enrojecido. Metió sus dedos en mi boca, follándola brevemente, para volver a descender rápidamente por mi cuello, traspasar la línea de mis senos pellizcándome en los pezones a su paso, y adentrarse entre mis muslos. Mojándose, abriéndome, arrancándome renovados gemidos de placer. Volvió a ascender por mis costados hasta arriba, donde mis manos esposadas aguardaban crispándose hacia el cielo, y tiró de ellas hacia delante.


No sé dónde las había enganchado, pero me encontré esposada con los brazos hacia arriba, colgando de un gancho o algo así. Intenté en vano imaginar de dónde. Pero tampoco me dio demasiado tiempo a pensar. La punta de su zapato se abrió paso de nuevo entre mis piernas, golpeándome en los tobillos para que separara los pies. Otra vez noté su respiración sobre mi nuca, sus manos recorriendo mis costados hasta detenerse en mis senos. Los atrapó con fuerza, masajeándolos, apresando mis pezones con sus dedos índice y pulgar. Su habilidad alternando la intensidad de la presión sobre ellos hacía que mis gemidos se tornaran en gritos de placer. Notaba como el deseo descendía por mi espalda hasta explotar en mi chorreante sexo. Comencé a mover en círculos mi culo mientras me inclinaba hacia delante lentamente buscando sentir la dureza de su verga entre mis nalgas. Apenas había empezado a gozar de su imponente miembro cuando sus dedos pellizcaron con fuerza mis pezones tirando de ellos para luego soltarlos. Grité al sentir cómo ardían. Al instante un calambre descendió de cada pecho por mi vientre, fundiéndose en mi sexo. Sus dedos recogieron el fluido que se derramaba, dedicándolo a lubricar mi más estrecha entrada. No se demoró demasiado. Poco después sentí su glande ensanchándola, abriéndose paso en ella. Gemí de deseo, temblando, y empujé levemente con mi cuerpo hacia él. Sus manos se asentaron firmemente en mis caderas.

Tomé aire imaginando lo que vendría después.

12 comentarios:

  1. Ufff... y menos mal que nos dejas coger aire a nosotros, porque a mí me has dejado sin aliento.

    Esos cambios de ritmo inesperados, esa cadencia entre la suavidad y la violencia... en fin, que me ha encantado.

    Y además estoy seguro de que lo que vendrá después va a ser de altísima tensión, así que mi pobre corazón necesitaba urgentemente un respiro.

    Excitante relato, Rosaida, como siempre.

    Un beso

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  2. Es estremecedor leer como te agrada el sexo fuerte, doloroso, prepotente; es extasiante leer cómo lo disfrutas y nos llevas encandilados a tu alto placer. Mantienes en vilo al lector, te felicito. Un gran abrazo

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  3. Sus recuerdos son deliciosos, Lady. Es un placer degustarlos poco a poco, pladeando cada uno de sus sabrosos matices…

    Hay quien sostiene que no es la historia, sino el relato.

    ¿Ud qué opina?

    Besos, fleur du mal.

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  4. Estremeces de la intensidad que reflejas en tus escritos.

    Un cálido beso.

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  5. YO también tomé aire imaginandome lo que te daría después.
    Genial tu escrito.
    Besos y susurros cálidos

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  6. Uffffffffffff, sin aire. sin aire nos dejas, me dejas al menos.
    sin aire y con un ciclon al sur del ombligo

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  7. Excitante y excelente relato, un gusto leerte. He tenido que leerlos seguidos porque he estado muy ocupada, pero no sabría decirte si es mejor dejarlo a medio o leerlo todo de una sentada.

    Besos :)

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  8. Gracias!!!! por dejarme ir a por el ventolín, para la continuación, lo necesitaba
    Buuffff cómo me tienes!
    Un besote y mis caricias

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  9. No cojas aire y sigue, dejame que sea yo quien te azote, te pellizque las tetas....

    Bexos

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  10. A la próxima vengo con mascarilla de oxígeno... ;P

    Besos.

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  11. el dulce y perverso deleite...

    el futuro en sus manos

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.