2 de enero de 2011

Un regalo delicioso

Ahora son mis letras
las que reflejan lo sentido

Dieron las doce en esta noche fría de diciembre. Mientras la escarcha cubría las calles de la ciudad, el fuego de la chimenea calentaba las paredes de nuestro hogar. Las llamas caprichosas dibujaban figuras arabescas con la luz rojiza de su calor. Cuando el reloj marcó la hora señalada, me miraste a los ojos y con tu dulce sonrisa susurraste: felicidades.

Observé en tu mirada el danzar de las ardientes llamas de la pasión. Acariciaste mis mejillas. Tus dedos recorrieron mis facciones hasta perderse entre mis cabellos. Me besaste apasionadamente y nos fundimos en un eterno abrazo. Eres la dueña de mi corazón, volviste a susurrarme al oído.

En el dormitorio, me fuiste desnudando lentamente. Dejaste para el final la camiseta ajustada de tirantes. Deslizaste la prenda alzando mis brazos hasta dejarlos atrapados junto a mi rostro, cegándome. Tan sólo dejaste al descubierto mi boca, para disfrutar de ella como a ti te gusta.


Seguíamos de pie junto a la cama. Primero me regalaste tu aroma. La camiseta me impedía verte pero no me robaba tu olor. Tus manos recorrieron mi piel erizada. Tus hábiles dedos pellizcaron mis pezones erectos. Sentí como mi cuerpo se estremecía a tu paso y mis gemidos aumentaban a la par que tu deseo. Quería emborracharme de ti, respirar tu aroma varonil mezclado con tu fragancia preferida. Estaba absorta en los placeres que me ofrecían tus manos y en el gozoso aroma de tu piel, cuando con un movimiento rápido me inclinaste hasta que mi frente tocó el mullido colchón. Mis brazos y mi rostro seguían atrapados. Mis piernas rectas elevaban mis nalgas hasta la altura de tu pelvis. Expuesta ante ti, tus manos ahora más perversas, estrujaban y abrían mi culo con violencia. Tus dedos se perdían entre mis pliegues y los fluidos que emanaban de mi flor. Estaba dispuesta a todo. Sería tu bombón y tu aguardiente, tu niña y tu zorra… sería la fiel marioneta entregada a tu deseo. Ansiaba sentirte dentro llenándome por completo. Mis gemidos te suplicaban cuando en un instante tu violencia se mudó en ternura. Ahora acariciabas mis nalgas bajando por el interior de mis muslos mientras tus labios besaban con suavidad el mismo camino que tus manos recorrían. Despacio lamiste de arriba abajo mi hendidura hasta llegar a la cueva más estrecha. Un vaivén de estremecimientos recorrió todo mi cuerpo. Con cada caricia un escalofrío, con cada beso un gemido y con cada lametón un aullido. Buceaste por mi espalda hasta mi nuca, dejando a tu paso un rastro de besos y saliva. Un oleaje de sensaciones se agitó en mi interior mientras mis gemidos resonaban de gozo y de placer. Me entonabas al oído nuestra melodía cuando tus manos apresaron mis caderas y apoyaste tu miembro erecto sobre la piel de mi culo. Acariciaste cada centímetro con tu glande sedoso. Recorriste su hendidura y yo, agitada, me preparé para recibirlo pero no te lanzaste, no penetraste en él, te dirigiste al centro de mi flor hundiéndote por completo en ella. Entrabas y salías una y otra vez y yo unida a tu baile me deshice entre tus sales. Me elevaste hasta las nubes. Esperaba tu maná pero decidiste que el regalo no había llegado a su fin. Aferrado a la tierra me bajaste a tu lado acariciando mis senos, susurrándome al oído palabras maravillosas. Entonces, ahora sí, tomaste aquello que más te excita, aquello que más deseas… tu tesoro más preciado. Penetraste con suavidad al principio y poco a poco fuiste acelerando tu cadencia. Las embestidas se sucedían como las notas armoniosas de una canción. Bailamos al unísono, acompasando nuestra respiración. Nuestros cuerpos perlados se fundían en uno solo entre gemidos de placer. La tormenta estalló con violencia sacudiendo nuestro interior. Dejaste caer la lluvia tibia en mi tierra sedienta de tu agua, mientras mis manos asidas con fuerza a la colcha soltaban sus amarras algo más relajadas.


Aun jadeando, nos dejamos caer sobre las sábanas. Piel con piel, nos limitamos a mirarnos sin pronunciar palabra alguna. No nos hacía falta, nuestros ojos hablaban con la misma claridad que un día sin nubes. Nos besamos. Nuestros dedos acariciaban las espaldas aún ardientes por el fuego de la pasión que nos envolvió. Todavía con el corazón acelerado, te separaste de mi cuerpo dejando solo tu boca sobre mi piel. Tus labios recorrieron mi cuello. Bajando hasta mis senos, jugaste con ellos con exquisita ternura. Descendiste por mi vientre hasta llegar al valle coronado por mi flor. Eres grande, maravillosamente grande. Sabes cuánto me gusta tu lengua. En ese mismo instante supe que me regalarías tu boca. Y así fue. Fue diferente a otras veces. Esta vez no me subiste para bajarme abruptamente antes de encumbrar la cima. Esta vez el ascenso fue lento, sin retrocesos que provocaran en mí ese deseo desesperado por tenerte que tanto te gusta… que tanto me gusta. Esta vez me llevaste hasta la cumbre escalando poco a poco la senda del placer. Todo para mí. Sólo para mí.

10 comentarios:

  1. Tú sí que eres un regalo. Un regalo para la vista, para la mente, el corazón, el vientre.

    Despiertas en mí la más amplia gama de emociones, desde los sentimientos más elevados hasta los deseos más perversos y lujuriosos.

    Felicidades.

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  2. qué grandes sendas recorren las bocas más intrépidas!!

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  3. Que el nuevo año te traiga más regalos como este,... y mejores!! ¿Porqué conformarse?

    Besos y feliz año!

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  4. me gusta tu cuerpo... feliz año nuevo!

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  5. Delicioso regalo para comenzar un buen año.
    Un beso y un susurro dulce
    Te deseo que tengas un año lleno de felicidad y cosas buenas

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  6. Muchas felicidades para este año, dale vida a tus sueños y que la crisis económica pase de largo.

    ¡¡Feliz año 2011!!

    Un abrazo.

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  7. Si es que dan ganas de cumplir años!!!! Aunque no sé yo si lo describiría tan , tan... Tan bien, jeje, o sentiría ese maremoto de sensaciones.
    La bomba, Rosaida!!!
    Un besazo y mis caricias

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  8. las sendas del placer... Camino para recorrer en compaña...

    Saludos y un abrazo.

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  9. Ay Rosaida de qué sensualidad es capaz tu boca y tus palabras

    Sophie

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.