27 de febrero de 2011

Jugar entre risas cómplices

En nuestros eternos momentos no hay sitio para las razones frustradas y las palabras vacías, donde se sabe que lucían posturas repetitivas y desagradables figuras. Momentos de fracaso que agotan y pasan sin pena ni gloria. Nosotros nos susurramos palabras maravillosas de victoriosas batallas, de miradas ardientes y pasiones desbordadas. Momentos en que los cuerpos fundidos desean, sienten y aman como si fueran uno solo. Momentos donde nuestra lujuria no se puede describir, porque es demasiado grande para poder sublimarla sobre el papel.
La ardiente chimenea nos invita a sentarnos en el sofá. Subo las piernas y me acomodo, apoyando mis rodillas sobre tu muslo. Te acaricio enredándome en tu pelo. Acerco mi boca a tu cuello, besándolo, lamiéndolo. Atrapo tu oreja y le doy pequeños mordiscos. Te encanta cómo juegan mi lengua y mis dientes, siempre te ha gustado esa pasión cariñosa que me arrebata la piel de tu cuello. Tú, mientras tanto, te recreas por mis muslos hasta llegar a las nalgas y entre mis piernas te cuelas rozando suavemente mi sexo.

Nos miramos fundiendo nuestras almas en un beso eterno. Me susurras palabras tan dulces como el almíbar y tan tiernas como las fresas maduras. Te levantas para echar más leña al fuego… fuego que compite con el nuestro por caldear el salón… fuego que cruje rabioso por saberse inferior.

Vuelves a mi lado, esbozando una placentera sonrisa. Irradias felicidad. Tu cara y, en especial tus ojos, me la ofrecen. Rozas con dulzura mis labios y dibujas con tus besos cada facción de mi rostro.  El sonido de las risas nos envuelve y la magia se presenta invitándonos a jugar. Los corazones se acoplan al unísono sintiendo esa pasión que fluye espontánea, inmortal. Esa que tan bien conocemos.

De pie sobre la alfombra me vendas los ojos. Comienzas a desnudarme lentamente girando a mi alrededor con tu respiración tan cerca de mí que su brisa me llega erizando la piel que roza. Empezamos a jugar con esa complicidad tan tuya y tan mía. Nos conocemos muy bien. Te retiras para provocar mi inquietud. Mis jadeos se acentúan mientras rozas con intención mis pezones endurecidos. Muevo la cabeza de un lado a otro buscando el sonido de tus pasos, la brisa de tu aliento, mientras mi respiración acelerada mueve mi pecho y convulsiona mi cuerpo. Pero decido no moverme de mi sitio y soportar la presión de tu poder. Entonces arrancas con un movimiento brusco la única prenda que me queda, el tanguita rojo. Grito temerosa pero tu boca sobre la mía ahoga la tensión. Siento como tu respiración se acelera gozando con cada respuesta que te ofrece mi cuerpo. Por eso lo haces, por eso me encanta que lo hagas. Y seguimos jugando.
Ahora noto sobre mi piel la suavidad de la seda o de las plumas. Sí, son las plumas de uno de nuestros juguetes. Recorres mi cuerpo. Siento el placer que los escalofríos me producen cuando te recreas en mi sexo y también las cosquillas cuando rozas mis axilas provocando mi risa nerviosa. Reconozco esos gruñidos. Cuántas veces te he oído gruñir satisfecho. Con los ojos de mi mente veo tus ojos brillantes, disfrutando del espectáculo de mis senos erectos, de mi piel erizada. No me has dado permiso, pero el deseo me lleva a tocar tu cuerpo, a sentir entre mis manos tu miembro erecto. Te retiras y recibo mi castigo. Aunque eres benévolo. Siempre lo eres. Enseguida me ofreces mi premio que es el tuyo, y te siento enloquecer por la magia de mi boca. La recorro entera con mi lengua hambrienta de sus sales. No la veo pero la siento y también tus gemidos de placer que me llevan a lamerte despacio o deprisa, a engullirla entera, a recrearme en su glande recorriendo su jugoso anillo con la punta de mi lengua. Me follo, te follo, y el placer nos arrebata los sentidos. Pero no quieres que se acabe el juego y me haces parar justo antes de ofrecerme las mieles de tu fuente.

Ahora me quitas la venda. Deseas ver mis ojos de zorra gozando cuando me embistes con todas tus fuerzas, cuando los abro y te grito que me folles, que me llenes por completo. Sí, lo veo, veo el fuego en tus ojos, el deseo perlando tu piel y tu cuerpo vibrando como un timbal. Entonces tomas mi cuerpo y me posees como si fuera la última vez. Con mis piernas sobre mis hombros cuando penetras en la entrada más dilatada y las tuyas junto a las mías mientras sujetas con tus manos mis tobillos. O visionando mis nalgas alzadas al cielo cuando embistes la entrada más estrecha.
No hay postura que se resista ni figura que dejemos por dibujar. El juego llega a su final colmando con tu néctar cualquiera de las cuevas ofrecidas a tu placer. Y nuestras risas se elevan de nuevo cuando, cómplices y satisfechos, rememoramos juntos los lances del juego elegido.

9 comentarios:

  1. Los corazones se acoplan al unísono sintiendo esa pasión que fluye espontánea, inmortal.

    Ésa pasión que solamente se encuentra cuando danzan almas gemelas.

    Dancemos, bellísima Rosaida. Dancemos hasta el fin de los días. Hasta que nuestra pasión evapore los mares, anegue la tierra y oculte los cielos.

    Se acerca el Carnaval. ¿Bailas?


    http://www.youtube.com/watch?v=SAL0LInPlx8

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  2. En definitiva es un complemento perfecto, empatía de los cuerpos, y fraganciás sutile que juntas se hacen perfume.

    Un muy sugestivo, erótico, y cerismático relato. Delicioso al paladar de quienes disfrutamos la lascivia en letras y en carnes, al unísono.

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  3. Una vez las morbosas letras juegan con las excitantes imagenes

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  4. Que gran fantasía y que gran empatía :D

    Un beso íntimo ;)

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  5. Lo (d)escribe ud tan bien que siento su pasión con tal fuerza que ni la distancia puede mermarla.

    Cada día me siento más esclavo de sus relatos, Lady Roissy.

    Besos…

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  6. No entiendo que por gozar, disfutar y entregarse, una tenga que ser una zorra.
    En todo caso una bien agradecida, noo? ;-))

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  7. Tú eres cada mujer del mundo para mí
    Por eso canto esta canción para tí.

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  8. Como bien dice D.P. ese festival de sensaciones solo se disfruta con tu alma gemela!
    Es un tesoro lo que tú tienes, mi admirada Rosaida, y me alegro que tú sabes disfrutarlo y apreciarlo como poca gente!!!
    Buuuf!!! Te dejo mis ardientes caricias

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  9. Un juego donde la pasion y las caricias recorren tu piel como esa pluna que la acaricia, despertando un rio de sensaciones que deseas que no termine.
    Me encanta la palabra complice.

    Besos.

    Lunna.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.