31 de marzo de 2011

Rosmery (III) Rendida a mi sueño


Ofelia las puso sobre el montoncito donde había ido colocando toda mi ropa, perfectamente doblada. En sus ojos creí adivinar una punzada de envidia al observar mi figura. Después abrió otro panel. Para mi sorpresa no extrajo de él ninguna prenda, sino que regresó con un perfumador de esos antiguos que se accionan con una perilla.

- Permítame, mademoiselle – eso estaba mejor. Parecía que poco a poco se le iban bajando los humos…

Ofelia accionó la perilla a la altura de mi pubis, y sobre él cayó una lluvia de oro. Salté hacia atrás, pillada por sorpresa.

- Ya le dije que el señor había dado instrucciones muy concretas sobre su atuendo. ¿Puedo? – solicitó exhibiendo el difusor.

No contesté, pero tampoco me retiré. Ofelia volvió a rociar mi pubis un par de veces.

- Con su permiso – indicó separándome los muslos para rociar cuidadosamente entre ellos.

Después me ayudó a calzarme y se separó unos pasos, observando su obra. 

- Ya está. Espere un momento aquí, por favor. Horacio regresará en un instante.


La idea de que el mayordomo me pudiera encontrar así me aterrorizó, y busqué la capa bajo el montón de mi ropa. Antes de ponérmela, observé con detenimiento mi imagen en el espejo. Lo cierto es que estaba atractiva, el atuendo no podía ser más excitante. Los finísimos zapatos con pequeñas piedras incrustadas sabían sacarle el mejor partido a mis piernas. El corsé se ceñía a mi cintura como si hubiera sido encargado a medida para mí, realzando la forma de mis pechos y describiendo una elegante curva en mis costados que moría en el punto exacto para que mis caderas volvieran a sobresalir rotundas, describiendo un arco perfecto que enmarcaba mi vientre rasurado, cuyo monte desprendía unos destellos dorados que difuminaban el principio de mi precioso coñito. Porque yo siempre había estado orgullosa de mi coñito, pequeño y proporcionado. De frente al espejo, su piel suave se separaba con comedida generosidad hasta ocultar lo mejor de su tesoro entre mis muslos cerrados.

El ruido de unos nudillos en la puerta me sacó de mi ensoñación. Cerré la capa rápidamente ocultando mi desnudez a Horacio que, con una tímida sonrisa en los labios, me pidió que le siguiera. Regresamos hasta llegar a un espacioso hall, del que partía una amplia escalera de madera describiendo un arco hasta el piso superior. Arriba, de espaldas a nosotros, aguardaba un hombre moreno, de pelo largo y oscuro. Vestía un pantalón blanco y botas de montar. Una de sus manos descansaba en la barandilla de ébano. De la otra, apoyada en su cintura, pendía una fusta de cuero negro. Cuando llegamos al pie de la escalera se volvió. Las piernas me temblaron. Una sacudida recorrió todo mi cuerpo. Era él. El hombre de mi sueño. Apenas percibí cómo Horacio me desprendía de mi capa, hipnotizada por sus ojos. Subí los peldaños en trance, sin poder desprenderme de su mirada hasta que, un par de peldaños por debajo de él, me arrodillé sobre la alfombra que cubría la escalera y comencé a besar sus botas. No fue un pensamiento, no fue una orden ni un gesto preparado. Simplemente, cuando llegué a su altura, lo hice como si fuera lo más natural del mundo, justo aquello que debía hacerse en ese instante.


Me abracé a ellas sintiendo cómo mis pezones se erguían al hacerlo y los fluidos se agolpaban en mi sexo. Poderosas palpitaciones me estremecían mientras mis labios se dedicaban a honrar la piel bruñida, imaginando sus dedos enredarse en mis cabellos.

La fusta tocó ligeramente en mi cabeza y separé mi rostro de ellas, observando mi propio reflejo en el brillo del cuero, acentuado por los restos de saliva que mi lengua había dejado por toda su extensión mientras las lamía sin control.

- Sígueme – su voz… ¡era Su Voz! ¡La voz de mi sueño! – por cierto… - añadió con aire casual mientras le seguía, gateando por la alfombra. – Mi nombre no es John. Mi nombre es…

7 comentarios:

  1. Humm... ahora el final se convierte en principio.

    Me ha encantado su propia descripción, cómo nos la has dibujado ante el espejo. Estoy seguro de que a él le va a gustar tanto como a nosotros.

    De hecho, Rosemery me tiene cautivado, aunque me sigue intrigando cómo puede tener ese hombre tanto ascendente sobre ella. Es algo casi sobrenatural. Espero tan intrigado como espectante la continuación.

    O, mejor dicho, El Principio.

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  2. aysssss....
    QUÉ MÁSSSSSSSS??????
    jejejje...
    Te sigo los pasos ;)
    Cariños!

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  3. Una vez más disfrutas torturándonos, dejándonos a medias, estimulando nuestra lubrica imaginación, buscando continuaciones en nuestro excitado cerebro...
    Una vez más disfrutas sabiendo que volveremos aquí para vivir contigo la continuación de esta maravillosa y excitante historia.
    Una vez más... gracias.

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  4. Uffffffffffffffff!!!!!!!!!!!!!
    Tu jardin es el mas calido que he visitado nunca, que coño!!!!!!!
    CALIENTEEEEEEEEEEE!!!!!!!!!.
    Quien no iba a envidiar ese cuerpo, ese cuerpazo!!!!!!
    Yo me miro frente a tu espejo y ufffffffffff!!!!!!!!!
    tu reflejo me quema.
    Besazos reflejados!!!!!!!!!!!!

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  5. Uffff! He elegido buen momento para visitarte, porque el calentón que me dejas....
    Pero no nos hagas esperar mucho, no seas cruel! Jijijji
    Te dejo mis caricias, por todo el jardín!

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  6. Uh, yo también quiero saber como termina la historia. Bueno, suponemos cómo terminará :3, ¡pero queremos leerlo! :D

    Un beso íntimo ;)

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.