27 de mayo de 2011

Ritual tántrico (II)

Cogimos el coche camino de la ciudad. No es habitual encontrar la autovía con poca circulación un miércoles laborable, pero aquella tarde tuvimos suerte y llegamos puntuales a la cita. Nos recibió una joven delgada y de piel blanquísima. Tras las presentaciones nos condujo a una estancia íntima y coqueta, bañada por la cálida luz de las velas. La habitación contaba con un cuarto de baño amplio, moderno y funcional. Nos trajo una botella de cava y dos copas en una bandeja decorada con pétalos de rosa del mismo color que los recipientes de las velas. Antes de salir nos dio amablemente unas pequeñas instrucciones:
- Desnudaos tranquilamente. Aquí tenéis unas perchas donde podéis dejar la ropa. En este cesto encontraréis toallas y babuchas para los dos. Si queréis podéis daros una ducha. Yo volveré en unos minutos. Esperadme boca abajo sobre la cama. Estáis en vuestra casa.

A estas alturas ya no me cabía la menor duda. El regalo que me tenía reservado era un masaje erótico. Llevaba tres semanas ilusionado, atando cabos para que todo resultara perfecto. Quería que disfrutara, que me sintiera feliz. Entonces me confesó que aquí no terminaba la noche pero me dijo que no le preguntase, que no me diría nada más. Asentí y me dejé llevar, radiante.

Antes de marcharse, nos advirtió que incluía también las zonas erógenas del cuerpo, pero que podíamos obviar esa parte sin ningún tipo de reparo. Yo, que no me niego a nada y que me encanta experimentar nuevas sensaciones, le dije sin dudarlo que queríamos el servicio completo.

Brindamos con el cava. Nos besamos felices y charlamos sobre los enseres que contenía la estancia. El amplio futón que reposaba sobre un fino tatami de bambú estaba rematado por un cabecero hindú labrado en madera. En el centro, encastrado entre sus arabescos, se encajaba un espejo donde se reflejaba todo el lecho. Una música suave y exótica flotaba en la habitación realzando todo el conjunto.

Cuando entró la muchacha, se arrodilló entre nosotros y tomando una de mis piernas comenzó a embadurnarla con aceites esenciales. Masajeó concienzudamente mi pie antes de ascender poco a poco por mi pierna, alcanzando mi muslo mientras presionaba con habilidad los músculos, que se relajaban agradecidos ante el calor que desprendían sus caricias. Después dejó reposar mi pierna suavemente sobre el colchón y repitió la operación con mi amante. Así fue alternando sucesivamente cada parte de mi cuerpo con la de él. La sensación era, además de placentera, relajante y muy sensorial.

Ya tumbada boca arriba, me separó las piernas con gran delicadeza. Sus manos, que habían demostrado su habilidad en el reverso de mi cuerpo, comenzaron a deslizarse desde la punta de los pies hasta las ingles pasando por mi vientre para continuar por los senos hasta acabar masajeando mis hombros. Repitió el ritual varias veces. Me sentía en una nube cuando se detuvo en mi pubis. Con sus finos y ágiles dedos fue separando mis labios lentamente explorando cada pliegue en busca de mi perla. Sus pulgares friccionaron la entrada de mi vagina hasta encharcarla por completo. Entraban y salían con rapidez para continuar hasta el clítoris deteniéndose en él con gran habilidad. El placer que me proporcionaba era inusual, diferente a todo lo que había disfrutado con anterioridad. Comencé a respirar más hondo, a gemir, a sujetar las sábanas con fuerza mientras miraba a mi amante que, encendido, no me quitaba los ojos de encima. No pude dejarme llevar hasta el final. Mis orgasmos son demasiado escandalosos. Demasiado para un lugar al que iba por primera vez. Pero este hecho hizo que disfrutara cerca de las puertas del cielo durante muchísimo rato, gozando intensamente de sus placenteras caricias y de sus habilidosos dedos al borde del abismo.
Me preguntó con voz melosa si había disfrutado. ¿Cómo no voy a disfrutar con esas manos maravillosas que tienes? Me acabas de depositar feliz y relajada, instalada en una nube de placer, le contesté mientras recuperaba el resuello embadurnada en aceite aromático.


7 comentarios:

  1. Que rico suenaaaaaaa!!!!! Yo quieroooooo!!!! jejejeje
    Muakssssssssssssss.....
    Un placer pasar por tu relajante espacio ;)

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  2. Hummm.... sospecho que este relato aún no ha terminado.
    Destacaré ese largo tiempo 'al borde del abismo', corazón del ritual tántrico. El placer en calma, lo llamaría yo.
    Una experiencia sin duda inolvidable, que nos regalas con tal frescura y tan vívidamente que se mete en nuestra piel pasando a formar parte de nuestras vivencias imaginadas.

    Gracias por este regalo.

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  3. Wooooow Rosaida!!!! Tienes mi móvil? Te lo mando, por favor quiero esa dirección!!!!
    Un envidioso beso y mis caricias

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  4. Aunque llego con retraso, por algunos problemillas informáticos, veo que aún perdura en el ambiente los ecos de la sensual música, y en el aire el aroma de los aceites usados.
    Y en tu relato aún perdura la delicadeza y la sensualidad de ese maravilloso y sensual masaje.
    Aunque con retraso… una vez más he podido disfrutar del encanto de tus letras.
    Muchas gracias una vez más, lady Rosaida.

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  5. Siento su ausencia y se me parte…


    …¿la esperanza?

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  6. Joooo que way, eso merece la pena disfrutarlo y sentirlo en la piel.
    Me encantó leerte, como siempre.
    Besos y susurros dulces

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  7. Solo hay que relajarse y disfrutar de esos momentos, solo con leer tu escrito se nota que disfruto de manera intensa.

    Un placer disfrutar de tus letras.

    Besos.

    Lunna.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.