25 de julio de 2011

Despertares

Aquella mañana me pasó algo maravilloso. Cuando abrí los ojos un deseo inesperado me sorprendió gratamente. Deseaba disfrutar de mi Jardín. Y sin más lo hice despojándome de las obligaciones y ataduras, liberando mi cuerpo y mi mente. Dejando fluir los buenos sentimientos que me ocupaban desechando así los malos, que se colaron en mi vida furtivos y enmascarados.

Me entregué al sol que invadía mi Jardín. Envuelta en su dulce calor, mantuvo el dorado en mi piel. Esos brillos de bronce obtenidos días atrás, cuando la roca y el agua se mezclaban en una combinación salvaje e imposible de domar. Tumbada sobre la hierba, volví a cerrar los ojos. Con el cuerpo desnudo al sol y con el alma henchida de gozo, me abracé a un dulce recuerdo.


Brindamos con un buen vino de reserva. Era su cumpleaños. Abonamos el importe de la factura después de fumarnos un cigarrillo y apurar las últimas gotas del intenso elixir. Salimos alegres y satisfechos de aquel jardín convertido en un exótico patio criollo.

Sentía la piel ardiendo. Sin abrir los ojos, palpé ciertas zonas de mi cuerpo comprobando que aún quedaban restos de crema bronceadora. Acomodé el cojín bajo mi cabeza y seguí tomando el sol.

Nos montamos en Popotitos, su Vespa de color cielo. Notaba el aire en mis mejillas cuando agarrada a su cintura le pasé una mano por debajo de la camisa en busca de su torso. Le acaricié con ternura siguiendo el contorno de cada músculo. Jugué con su vello mientras notaba su piel cálida y su corazón palpitando de gozo. Estaba enfrascada en las caricias cuando llegamos a su casa. Sin dejar de mirarnos a los ojos subimos rápidamente las escaleras hasta su piso. Deseaba sentir esa piel que momentos antes acariciaba fundiéndose con la mía. Necesitaba sentirle dentro de mí.

Noté una gota de sudor deslizándose entre mis senos. El sol me cegó cuando intenté abrir los ojos. Evité su luz girando la cabeza en busca de la crema bronceadora. Apliqué una buena dosis sobre mi pecho con sumo cuidado y especialmente en los pezones. Me sorprendí cuando los encontré duros como una roca. Dejé la crema sobre la hierba y cerré los ojos.

Fuimos directos a su habitación. No dejamos de besarnos mientras nos desnudábamos con pasión. Yo no acostumbraba a llevar ropa interior. Me despojó de la camisetita de tirantes buscando como loco mis pezones. Noté su pantalón abultado cuando mis manos intentaron desabrocharlo. Por fin lo conseguí. Su miembro estaba duro como el acero y su glande cubierto de fluidos. Me arrodillé mientras le bajaba el vaquero hasta los tobillos. Tomé su polla entre mis manos y la engullí mientras acariciaba sus testículos. Me tragué todos sus jugos. Mi lengua acariciaba su punta brillante mientras entraba y salía de mi boca. Oía sus gemidos y jadeos hasta que me levantó para tumbarme apasionadamente sobre el lecho. Devoró con locura cada pliegue de mi piel y yo cada vez más excitada le rogaba que me hiciera suya. Comenzó a poseerme con dulzura, pero sus movimientos pronto alcanzaron la locura de la pasión.

Me incorporé sobresaltada apoyando los codos sobre la toalla. Sentí mi clítoris abultado y palpitante. Estaba excitada y empapada. Llevé los dedos hasta mi sexo y lo noté encharcado. Volví a cerrar los ojos.


Me penetraba con pasión, susurrando palabras de amor en mis oídos. Sentí cómo las luces desaparecían y una fuerza irresistible me elevaba hacia el techo. Cuando él se derramó dentro de mí una explosión me elevó hacia los cielos. Podía sentirle sin verle, danzando junto a mí en medio de las estrellas. Bailamos abrazados, descendiendo poco a poco hacia aquella claridad que ocupaba todo el horizonte.

Estaba jadeando. Gotas de sudor perlaban mi cuerpo. Sin saber cómo me había doblado sobre mí misma y gemía sobre la toalla con las manos entre mis muslos. Cada latido que golpeaba en mis sienes me transportaba a aquel momento mágico que había tenido el poder de arrastrarme a ese lugar donde se funden pasado y presente. El eco de los gritos de placer aún resonaba entre los árboles de mi Jardín.

8 comentarios:

  1. Allí donde los recuerdos se mezclan con la realidad, allí donde las estrellas nos rodean, allí donde tu Jardín florece inundándonos con sus fragancias, allí aguardo sumido en los míos.

    Y mis recuerdos se funden con mis sueños, mis sueños se funden con mis deseos, mis deseos se funden con la realidad.

    Desde ese lugar donde mis sueños se acercan a tu Jardín te envío un beso.

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  2. Aquella mañana me pasó algo maravilloso…

    No sabe ud. cuánto comparto esa afirmación, Lady.

    Besos, Lady green.

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  3. Que bonito despertar...
    Mil besos para ti y feliz dia!

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  4. te he dejado un regalito en mi rincón preciosa...


    besos de una kajira

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  5. Ya me gustarían despertares así; y dormires, y vivíres! Jeje.
    Te dejo mis caricias, rosa linda del jardín

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  6. ummmmh, hasta aquí llega el olor a rosas y pasión de tu jardín. Excitante y sensual, una delicia leerte cielo.
    Mil gracias por estar en mi rincón, siempre dispuesto para ti.

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  7. Eso si que es hacer el amor, y lo demás son tonterias!. Jajajajajajajaja. Magnifico.

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  8. Te dejé un pequeño regalito en mi Blog... un besito dulce...


    iara

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.