24 de agosto de 2011

El juego de los espejos (I)



Me quedé perpleja cuando entré en aquella habitación que él había reservado días antes. Fue tremendamente excitante. Mi imagen reflejada multiplicándose en cada una de sus paredes. Un deseo morboso recorrió todo mi cuerpo, desde la punta de los pies hasta el último cabello de mi melena. Pero aún fue más excitante descubrir que el techo también era un gigantesco espejo. De pie, en medio de la suite, comencé a imaginar situaciones obscenas con posturas casi imposibles de realizar, pero que deseaba practicar esa misma noche. Lo deseaba fervientemente. Invadían mi cabeza. Una, otra… otra más. Tumbada con las piernas abiertas y los brazos en cruz, expuesta sin pudor a las perversidades que él pudiera idear en ese momento. O con las rodillas clavadas en el colchón y las muñecas atadas, intentando agarrarme con los dedillos al borde de la cama para no estamparme contra el cristal mientras él embestía con fuerza alguna de mis dos aberturas dilatadas. Así una tras otra, como los fotogramas de una película porno no apta para menores de treinta.

Mi corazón latía acelerado. Notaba las braguitas empapadas. En ese mismo instante hubiera dado lo que fuera por tenerle a mi lado, frente a mí, mirándome con los ojos encendidos por el deseo, con esa mirada que él sabe me desarmaría al instante.

Dejé el bolso sobre la cama y me dirigí al baño. Como era de esperar también los espejos predominaban en la zona de baños. Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí su mensaje escrito en uno de los espejos.

“Ahora desnúdate, zorra. Sólo llevaras puestas las sandalias de tacón. El cabello te lo recogerás dejando tu nuca al descubierto. Te maquillarás. Luego abrirás el bote con la tapa azul y espolvorearas de plata tu coño. También alrededor de los pezones y el final de la espalda justo donde comienza la abertura de tu precioso culo. Hazlo bien, putita... especialmente para mí.”


Tuve que leerlo de nuevo. Estaba nerviosísima. Durante un instante no supe qué hacer. Me quedé congelada, con la mirada fija en aquellas palabras. Entonces cerré los ojos y respiré profundamente para recuperar la serenidad y el aplomo. Lo primero que hice fue buscar el bote. Lo encontré junto al paquete de toallitas húmedas y me lo llevé a una de las mesitas redondas de la habitación.

En media hora Él llamaría a la puerta. Hice un repaso de lo que tenía que hacer. Hummm... a ver. Antes de salir de casa y coger el coche para dirigirme al hotel me había duchado, depilado y rasurado el coñito. También me había maquillado... lo único que me faltaba era recogerme el pelo que habitualmente lo llevo suelto.

Lo primero que hice fue desnudarme. Luego me recogí el cabello y la verdad es que el recogido me quedó francamente atractivo. Dejé un pequeño mechón deslizándose por el cuello y otros dos cayendo a ambos lados de mi cara. Como la habitación era un cubo forrado de espejos, no me hacía falta moverme para aplicar sobre las zonas que él había señalado los polvos de plata. Me veía perfectamente los pezones a la vez que el coñito y el culo. Era magnífico. El bote llevaba incorporado un aplicador tipo roll-on que me facilitó enormemente el trabajo, además de permitirme realizar pequeñas “obras de arte”. La verdad es que me emocioné tanto que sobrepasé las zonas que él me había marcado. Mi osadía emocional me pasaría factura. Lo pagaría con creces recibiendo un castigo en toda regla. Pero el caso es que en ese momento ni caí en la cuenta y dejé volar mi imaginación plasmando sobre mi cuerpo algunos dibujos. Comencé por los pezones y continué por los senos, sí, me extralimité como hice con el resto de las zonas señaladas. En uno dibujé un sol vomitando su plasma estelar y en el otro una luna menguante y junto a ella el lucero del alba. Pretendía representar el día y la noche en el firmamento. Continué por el monte de Venus. Tenía claro lo que iba a encarnar: un volcán en plena ebullición chorreando el magma ardiente de la pasión. Y así lo hice. Me gustaba el cariz que estaba tomando mi cuerpo. Sonreí cachonda. Estaba excitada. Deseosa de sentir sus manos desdibujando mi piel. Ya sólo quedaba pintar mi culo. Su joya preferida, ese pozo de deseo que a él tanto le gusta. Tenía que decorarlo con suma exquisitez. Entonces recordé sus ojos encendidos cuando hace años me soltó tajante aquella frase, después de desvirgarme el culo: “Eres mía, mi fuego… no hay cosa que me ponga más que follarte el culo”. ¡Dios! Me estremecí, de nuevo sentí las convulsiones en mi interior. De nuevo aquel latigazo recorriendo mi ano para luego estrellarse con fuerza en el clítoris. Y otra vez chorreando mientras visualizaba su polla embistiendo poderosa.


Jadeaba como una perra en celo. Intenté reponerme de aquellos recuerdos lujuriosos. De nuevo cogí el roll-on y sin pensármelo dos veces comencé a dibujar unas llamas danzando a las puertas del infierno. Justo por encima de la abertura de las nalgas. Rematé la pintura representando a Lucifer, bueno, mejor dicho, su cola acabada en punta de flecha. Como un látigo cruzando mi espalda en diagonal, desde el lado derecho de la cintura hasta la cacha izquierda de mi culo.

Escuché tres golpes secos. Era Él. Había llegado el momento…


11 comentarios:

  1. hola. los espejos que transportan la imagen infinitamente repitiéndola, parecería situación de locura, pero no si está la figura que la genera...
    saludos, leeré qué tal finaliza.

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  2. Interesante idea ;D vamos a probarla jijiji

    Un beso
    S.

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  3. Siempre he dicho que una belleza como la tuya sería casi imposible de mejorar. Verla repetida hasta el infinito sería una de las pocas formas de lograrlo.

    en cualquier caso procura no pasarte de desobediente, Reina, y más aún de jactarte de ello, que ya sabes cómo se las gasta...

    Un beso.

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  4. Uy, uy, a ver qué pasa ahora, sigo leyendo.

    Una introducción muy interesante, veamos si el desarrollo es igual de intenso!

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  5. Si los espejos hablaran... no lo harían mejor que tú, ¡seguro! Pero a ver si nos cuentan como sigue el asunto, ummmm
    Besotes y mis caricias mi linda Rosaida

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  6. Me puede leerte, los sentidos se me aceleran y me dejas con ganas siempre de más.
    Un lujo leerte siempre mi niña.
    Besos y susurros muy cálidos

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  7. Los espejos son esos buenos aliados para estos juegos.
    Lo bueno de dibujar es que despues se puede borrar.

    Fascinantes y sensuales letras.

    Besos.

    Lunna.

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  8. Un habitáculo fascinante que inspira a la imaginación y unas letras que inspiran a la lujuría.

    Acogedor jardín en el cual disfrutaré sentándome en un rinconcito perdiéndome en tus letras, buena idea verdad? jaja.

    Besitos de esta princesita.

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  9. me gusto muchisimo la idea de pintar determinados lugares...aunque pense que no soportarias la excitacion y te follarias con el roll on!!! jajaja
    besossss!!!!!!!!
    fantastico relato!!!

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  10. Hummm... sugerente propuesta. Recuérdeme que encargue a los decoradores construir una habitación así en La Mansión de La Luz.

    Y si decide visitarnos con su Señor, le prometo que dispondré un juego completo de pintura corporal para que de rienda suelta a esa imaginación desbordante. (Cruzando los dedos) Prometo no mirar mientras lo hace.

    Trasmítale, en todo caso, Mi invitación junto a Mis respetos.

    Un beso desde la Luz

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.