27 de noviembre de 2011

Vapor y pétalos de rosa

Lo tenías todo preparado, tan bien dispuesto que ni el mejor de los sueños hubiera podido superarlo. Partimos el mismo día en el que miles de personas pedían un deseo. A mí no me hizo falta. Mi deseo se vería cumplido gracias al tuyo.

El viaje no se hizo pesado. Junto a nuestra ilusión, la música nos acompañó hasta el final del trayecto. De vez en cuando la luna llena se hacía sitio entre las nubes bañando de plata el paisaje, pero antes de llegar a nuestro destino tronaron con fuerza anegando las tierras arboladas de los montes que nos esperaban pletóricos.


Cuando llegamos la tromba de agua había cesado. Tan sólo chispeaba. Bajé del coche y me quedé atónita al contemplar el entorno. Era mejor de lo que había imaginado. El encanto que desprendía se podía palpar y eso sólo fue el comienzo… el comienzo de una mágica estancia diseñada por ti, con el deseo de tu varita resplandeciente.

Nos recibieron amigablemente. El trato que nos brindaron fue cercano y cálido, tanto que nos sentimos como en casa. Cada rincón lo hicimos nuestro. Cada pedacito de tierra, piedra y madera, cada gota o chorro de agua templada, palpitaba lascivamente arrojando a nuestra mente los deseos más excitantes que habíamos sentido a lo largo de nuestro recorrido por la vida. Recogimos dos llaves, las que abrían las puertas de la lujuria más apasionada.

Una de las llaves daba paso a una acogedora estancia decorada con refinado gusto. Piedra y madera danzando a la luz de las velas y el toque mágico y elegante de los pétalos de rosa esparcidos por los rincones más sugerentes de la habitación. Deslumbrada, rodeaste mi cintura desde atrás besándome en el cuello, preguntándome en un susurro si me gustaba. Estabas pletórico, estabas feliz. Tus ojos lo confirmaban brillantes de alegría y tu corazón lo gritaba libre de obligaciones y composturas. Tus manos se deslizaron bajo mis ropas robándome el aliento. Sentí tu potencia inundar la habitación. Las luces menguaron, el silencio tronó en mis oídos, pero frenaste a tiempo y, cogiéndome de la mano, tomaste la segunda llave.


La otra llave nos adentró en un paraíso azul de aguas templadas, ánforas y música envolvente. Desembocamos en un aljibe de la antigua Al-ma’sara convertido en un precioso baño árabe, exclusivo y privado. Disponible para nosotros a cualquier hora del día o de la noche. Nos cautivó. Imaginamos entre miradas cómplices mil escenas de amor salvaje, apasionado y lascivo, provocador y perverso. No tardamos en hacerlas realidad.

9 comentarios:

  1. Rosaida! Un viaje de ensueño!

    Un placer leerla!

    Abrazo desde mis horizontes rojos...

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  2. Lo más importante es no dejar que la imaginación se pierda

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  3. Hoy sin versos me acerco a mi señora
    pues mi única rima me la hurtó la aurora.

    (La madeja del tiempo torna apretada en cuenda
    mientras el olvido da al deseo agria mancuerda…)

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  4. Hummmm... el lugar parece un ángulo más de tu maravilloso jardín, Flor de la Almazara. Desde los baños de Rosaida hasta los pétalos esparcidos por 'los lugares más sugerentes'... que... en fin, uno se imagina cuáles serán y... ah, que te referías a la habitación, ¿no?
    Bueno, que parecen unos aposentos realmente dignos de La Reina del Jardín.

    Aguardo impaciente la continuación de tu relato.

    Y te dejo este beso.

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  5. Escapadas así no tienen precio. Y suerte que has especificado lo justo al hablarnos del baño árabe, así lo poblamos con nuestros propios cuerpos y lo disfrutamos a pierna suelta.

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  6. ¡Qué maravilloso escaparse a algún lugar así! La lluvia hubiera ayudado, no?

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  7. Una escapada deliciosa, sí. El agua siempre produce humedad, pero a veces su sensación es muy agradable. Yo, fíjese, soy más de su variante salobre. El mar, la mar…

    …y siempre, siempre, los rompeolas.

    Besos aguamarinos (precioso color).

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.