5 de diciembre de 2011

Bailando en los baños

Antes de ir a cenar dejamos las maletas en la habitación, la número dos. Dos fusionados en el fuego de la pasión. Dos manos acariciando el corazón. Dos voces susurradas en la pureza de la razón. Doce meses de complicidad disfrutada. Cuatro estaciones gozando en sus colores. Los impares los dejamos para jugar a las tres en raya, al escondite o al mentiroso. El recinto posee solamente cuatro estancias independientes, construidas en piedra y perfectamente ensambladas en el paraje natural. Era increíble, todo aquel espacio disponible tan sólo para cuatro parejas. 

Habíamos deshecho prácticamente una de las maletas cuando nuestras manos se encontraron en el asa de la otra, la que contenía todos nuestros juguetes. Nos miramos sin soltarla. Cómplices, sabiendo todo lo que significaba aquella lujuriosa bolsa… deseo, pasión, placer, amor y satisfacción. Sonreí mientras te cedía el maletín y tú me devolviste la sonrisa con un beso efusivo. Pero al final no empleamos ninguno. Nuestra imaginación tan sólo deseó utilizar lo que nos ofrecía aquel excitante entorno. Y fue maravilloso.

Estaba retocándome el maquillaje cuando tus labios rozaron mi cuello. Sentí como poco a poco se me erizaba la piel, con la misma cadencia que las fichas de un dominó cayendo mientras dibujan la figura elegida. Con un suspiro ahogado cerré los ojos para disfrutar de la dulzura de tus besos con mayor intensidad. Noté que mi vientre también respondía palpitando de placer. Entonces me giré, rodeé tu cuello con mis brazos y te devolví el beso, un beso de aquellos que tenía en el olvido.

Nos sentamos en la mesa que había junto a la ventana. La cena transcurrió entre risas, manos que se tocan, pies que desean rozarse y miradas sugerentes. Entre los manjares, el habla del silencio tomó un protagonismo relevante. El caldo con la temperatura justa iba calentando mi cuerpo mientras mi sexo latía húmedo deseando encontrarse con el tuyo. Acabamos tomándonos un mojito suave pero cargado de intenciones salvajes.


Habíamos decidido estrenar los baños árabes. Eran las doce de la noche cuando nos dirigimos a la habitación para cambiarnos. Solamente con el albornoz cubriendo nuestros cuerpos cruzamos el pequeño jardín para adentrarnos en la sima de los aljibes. Al entrar en el complejo nos invadió su calor húmedo. Bajamos un tramo angosto de peldaños hasta llegar a la puerta que daba acceso a nuestra terma privada. El techo que cubría la escalera estaba abovedado y su luz tenue hacía que nuestras sombras bailaran en la penumbra. Una vez dentro echamos el cerrojo. El lugar era mágico. Un solo foco emitía un haz de luz celeste bañando la estancia. La luz jugaba armoniosamente en cada uno de los rincones y alturas ofreciéndonos zonas umbrías, en penumbra o iluminadas de un intenso azul que nos invitaban a realizar nuestros sueños más anhelados. Las teselas recubrían parte de las paredes. En una de las esquinas se erguía una columna que sujetaba en su parte superior un ánfora de la que se precipitaba una fina cascada de aguas tibias. Dejamos nuestros albornoces y nos sumergimos en sus aguas templadas, que cubrían todo el recinto. Varios bancos situados a diferentes alturas nos ofrecían su complicidad sumergidos o emergentes, estratégicamente ubicados. Una música suave flotaba entre las nubes de vapor acompasando nuestros movimientos. 

Bailamos agarrados sobre el agua ayudados por su ingravidez. Nos rozábamos insinuantes mientras las cálidas gotas se colaban agitadas entre tu piel y la mía. Poco a poco me deslizaste hasta el banco más emergente. Tumbada sentía como el agua ardiente acariciaba mi espalda y mis nalgas. Dulcemente tomaste posesión del interior de mis muslos. Tus manos comenzaron a explorar cada uno de mis rincones. Me dejé llevar por tus manos expertas. Sentía en mis pliegues cada uno de tus dedos y a los fluidos de mi sexo mezclándose con el agua tibia que rozaba mi piel. Gemí de placer cuando tu lengua recorrió de abajo a arriba mis labios como un pincel de seda. Comenzaste a lamer deteniéndote cada vez con mayor intención en mi perla rosada que se te ofrecía enhiesta y deseosa. Acompasados con las notas de la melodía iniciamos el baile de las mil y una noches. 

Continuará...

10 comentarios:

  1. Hum...

    Rosaida, este teu relato me deixou em chamas, confesso a ti.

    Estou aqui agora, embalada com vocês dançando agarrados, e esperando ansiosa pela próxima postagem...

    Delícia pura!

    Beijos carinhosos,

    ÍsisdoJUN

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  2. Bello relato de unos momentos irrepetibles en el tiempo, Lady Rosaida. Ese estilo tan cercano no hace sino conseguir que se pueda vivir en primera persona, casi hasta palpar con el aliento ese precioso dorso azulado con el que nos regala su relato. Ese estilo tan cercano, sí, es todo un guiño a la relectura de nuestros actos escondidos entre arcones de recuerdos…

    …oscurecidos por el ciego manto de la noche. Y sin embargo no puedo decir que no deseara una noche como la que nos dibuja con sus palabras. Una noche esperada con el ansia de quien descuenta cada minuto de los días como si fueran eternas barreras de distancia. Una noche para mirarla entre estrella y estrella, tan solo iluminada por la plata iridiscente reflejada por la luna.

    Por la luna, por la tierra compartida, por la mar rocosa y acantilada venida entre verdes montes, por las caricias septentrionales fogosas y clandestinas, por contemplar su pelo ensortijado, humedecido de resaca con sabor salino…

    tráigame la noche, Lady de azahar y jade, para que pueda al fin refugiarme en ella y sortear con sigilo la dura espera de los días.

    Gracias por hacerme soñar con su prosa y perdone la osadía de mis locas elucubraciones.

    Besos, sobre todo, Lady Rosaida del deseo ajardinado.

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  3. Entiendo por qué bendicen el agua: y es que calma y excita a partes iguales...

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  4. Recuerdos teñidos de azul, que flotan en nuestras mentes entre nubes de vapor y de deseo. El silencio de la música roto por los gemidos de los amantes, las ondas del agua congelándose en un instante fugaz. Las figuras embozadas tras los girones huidizos que se elevan desde las aguas. Tu belleza perlada de gotas iridiscentes, diamantes que salen despedidos en todas las direcciones desde tus cabellos, danzando al ritmo de la pasión...

    Todo queda grabado en mi mente. Divina caligrafía que rotula otra página más en este maravilloso libro que atesoro en lo más profundo de mi alma..., alma que en estos momentos galopa desbocada al son de la memoria.

    Leerlo ha sido magnífico. Vivirlo...

    Un beso.

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  5. Exquisito y excitante relato!
    Un placer leerla! Espero la continuación...

    Saludos color esmeralda...

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  6. Me abordaron las ganas de mojarme en esas aguas...

    Besos.

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  7. Mi querida amiga Rosaida... tú sí que sabes cómo sacarle partido al puente de la constitución :-)
    Si todo el mundo hiciera como tú, estoy seguro de que en este mundo habría mucha más gente a favor de la democracia y muchos menos dictadores, y yo, hasta apoyaría el hecho de que se celebrara el día de la constitución un mínimo de 5 veces al año :-)
    Como siempre un sensual relato que nos deja con ganas de más.
    Toca esperar.
    Un beso.
    Sayiid

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  8. QUE PENA, ESPERO SU CONTINUACIÓN, UN GRAN RELATO REALMENTE EXCITANTE Y BASTANTE AGRADABLE DE LEER,,, ME HA ENCANTADO....

    LAS POCAS COSAS DE ESTE BLOG QUE HE VISTO ME HAN DEJADO FASCINADO, CREO QUE LO VISITARÉ MÁS A MENUDO....

    OS DOY LAS GRACIAS POR VUESTRA VISITA!!!!

    UN GRAN ABRAZO, XXX!!!!

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  9. ah, qué sería de nosotros sin los exquisitos preámbulos!!!

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  10. asi si me pierdo en la lectura

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.