26 de diciembre de 2011

Cita en las termas

Entre la noche de los buenos deseos y la noche de los deseos perversos, existe otra noche de velas y regalos. Cuando desperté esta mañana, mi Rey ya se había levantado. Me giré para aspirar su aroma, y el calor que su cuerpo había dejado entre las sábanas me envolvió. Mi mano tropezó con un objeto inesperado y abrí los ojos. Sobre la almohada reposaba una rosa roja sobre una hoja de papel.


Cita en las termas

Quedamos en reunirnos en los baños a medianoche. Descendí desnudo por la empinada escalera, excavada en la roca viva. Los últimos escalones los había bajado sumergido en las nubes de vapor que ascendían desde las aguas termales. Mi cuerpo brillaba empapado en sudor antes de abandonar el último escalón, sumergiendo el pie en las tibias aguas que llenaban la cisterna. Una tenue luz azulada bañaba la antigua terma, excavada cientos de años atrás. Cuatro esbeltas columnas sujetaban la bóveda, recubierta de azulejos que, formando intrincados diseños, ascendían hacia el techo perennemente cubierto por una nube de vapor. El agua cubría toda la estancia, cuyo fondo estaba excavado a distintas profundidades, lo que unido a los diversos bancos y plataformas, construidos a diferentes alturas, permitía al bañista elegir entre una multitud de posibilidades. 

Avancé sintiendo la tibieza de las aguas en mis muslos. Entre las cuatro columnas, la parte central del estanque tenía casi la profundidad de un hombre. Apoyando los pies en el fondo las aguas me cubrieron hasta el cuello. Braceé hacia uno de los bancos circulares que rodeaban la del fondo y me senté en él, dispuesto a aguardarla. Cuando mis ojos terminaron de acostumbrarse a la luz, divisé la forma de su costado dibujada en la penumbra sobre una de las plataformas del fondo. Iniciaba un ademán para ir a buscarla cuando desapareció con un chapoteo bajo las aguas. Aguardé a que emergiera. Su silueta se dibujó bajo la superficie avanzando hacia mí. Se situó entre mis piernas. Antes de que sus bucles brillantes emergieran frente a mí sentí sus uñas acariciando furtivamente el vello de mis pantorrillas. Apoyó sus codos en mis muslos sacando sus hermosos pechos del agua. Sus pezones oscuros sobresalieron puntiagudos, desafiantes.

Ella apoyó su cabeza en mi vientre y nos besamos largamente. Después me sumergí junto a ella y nos besamos abrazados mientras nuestros cuerpos se enredaban. La guié nadando de espaldas hacia una de las plataformas cercanas. Tomándola de la cintura la elevé sentándola sobre ella. El agua apenas cubría la mitad de sus muslos. Después de volver a besarla la empujé suavemente hacia atrás, obligándola a acostarse boca arriba. Mis labios comenzaron a ascender por sus piernas separadas en busca de sus soñados secretos. Besé largamente sus ingles, acompañando de vez en cuando el roce de mis labios con rápidos movimientos de la punta de mi lengua, evitando cuidadosamente aquello por cuyo roce se estremecía en aquellos momentos. Primero fue una caricia furtiva y rápida sobre su escondida perla. Ella gritó de sorpresa y placer. Después mi lengua avanzó atrevida desde abajo, separando sus pétalos. Cada roce era acompañado por un gemido intenso y, guiándome por ellos, fui adentrándome entre la corola de sus pliegues hasta encontrar el escondido estambre que custodiaban. Con los ojos cerrados, recorrí con deleite su superficie tersa y breve mientras pequeñas olas producidas por el movimiento de sus caderas se estrellaban contra mi pecho. Dejé mi cuerpo flotar boca abajo con los brazos apoyados en sus muslos mientras me concentraba en aquél punto. Lo atrapé con mis labios suavemente y le obligué a emerger más aún absorbiéndolo ligeramente, mientras mi lengua lo acariciaba describiendo intrincados arabescos sobre ella. Sus manos se crisparon en mi nuca y el movimiento de sus caderas se tornó espasmódico mientras yo la acariciaba con creciente intensidad, atrapándolo entre mis dientes para golpearlo sin piedad con la punta de mi lengua o lo recorría con el músculo abierto en toda su amplitud, separándome de ella cuando el clímax amenazaba con atraparla para regresar al momento con fuerzas renovadas. Cuando las notas de desesperación embargaban todos sus gemidos decidí que había llegado el momento de llevarla hacia la cumbre. Volví a absorber con vehemencia y cerré mis labios en su base, impidiendo su huída. Comencé a imprimir un ritmo frenético golpeándole como a una campanilla de plata con mi lengua. Su pelvis chocaba contra mis labios de forma casi dolorosa, arrebatada por un frenesí que había hecho que sus manos atraparan crispadas mis cabellos, empujándome más y más contra ella. De repente la tormenta estalló con furia en su interior. Sus manos abandonaron mi cabeza y se estrellaron en el agua más allá de la suya, lanzando una miríada de gotas en todas direcciones. Su cuerpo se retorcía provocando gruesas olas coronadas de pequeños ribetes de espuma y sus aullidos rebotaban en las paredes haciendo levantar el vuelo a los silencios que anidaban en las más remotas esquinas de la bóveda.

Cuando su locura comenzó a amainar la dejé mecerse un poco en las tibias aguas. Gemía entregada a las deliciosas sensaciones que le provocaban las pequeñas olas besando su piel sensibilizada. Tomé una porción con mis manos y la derramé sobre su cuello, observando embelesado sus reacciones mientras descendía sobre sus pechos enhiestos. Cuando alcanzó su vientre deslizándose entre sus labios, mi lengua tomó el relevo separando sus pétalos. Golpeé de lleno en su perla. Su grito de placer retumbó en el techo abovedado, pero yo continué acariciándola suavemente, evitando de forma intencionada su centro de placer hasta que los temblores que sacudían todo su cuerpo cada vez que me acercaba a él se tornaron espasmódicos. Alimenté su desesperación hasta el paroxismo. Cuando sus manos se crisparon entre mis cabellos, incapaces de aguardar más, comencé un ataque furioso y despiadado sobre su perla tersa e hinchada de deseo. El nuevo clímax la alcanzó de lleno en cuestión de segundos, pero esta vez no iba a permitirle bajar de la montaña fácilmente. Atrapé sus manos con las mías separándolas de su cuerpo, y continué atacando sin piedad allí donde mis caricias habían cruzado hacía tiempo la línea de lo soportable. Un segundo orgasmo elevó sus caderas hacia el cielo. Mi boca no le dio tregua. Con mis labios firmemente apoyados en su lugar, mi lengua seguía castigando su tesoro a pesar de los movimientos de su grupa. No consiguió descabalgarme. Más bien al contrario, una tercera oleada volvió a lanzarla por los aires de forma consecutiva. Cuando remitió había perdido toda capacidad de lucha y se entregó resignada a mis caricias. Alternamos notas de intensa pasión con ligeros roces que erizaban su piel. Una nueva acometida volvió a lanzarla otras dos veces dentro de la vorágine del placer. Cuando la ayudé a descender entre besos y caricias sus manos yacían inermes junto a sus costados y su respiración se había tornado sincopada. No tenía fuerzas para resistirse, y mi mente malévola no podía evitar sorprenderla de cuando en cuando con caricias fulgurantes, tan intensas como breves. Pero poco a poco, entre ligeros destellos y roces fugaces, la fui dejando bajar hasta que ambos nos fundimos en un largo abrazo mientras las aguas cálidas acariciaban nuestra piel. Durante un tiempo reposó su cabeza sobre mi pecho, pero pronto sus manos comenzaron a perderse bajo las aguas para jugar con lo que se fue perfilando con claridad como su objeto de deseo, hasta que éste se hizo tan intenso que venció al gozo pausado que nos embargaba.

Gracias Amor por aquellas maravillosas noches y por el fantástico regalo que has dejado para mi Jardín. Sabes que me encantaría que continuaras la narración de aquella historia tan intensa.



8 comentarios:

  1. Nada que no merezcas con creces, mi Reina del Jardín, un presente que apenas podrá trasmitir el gozo que tú le haces sentir a cada instante.

    No me extraña que, gozando de una fortuna como la que él tiene, se entregue en cuerpo y alma a esa pasión que os desborda a cada instante.

    Estoy seguro de que no podrá resistirse a tu petición y pronto podremos disfrutar de esa continuación.


    Un beso.

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  2. Bellissimo...
    Un abrazo con mucho cariño...

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  3. UN RELATO QUE ATRAPA AL LECTOR DESDE EL INICIO, TAN PASIONAL COMO SENSUAL...ESPERO ESA CONTINUACIÓN CON IMPACIENCIA.

    UN PLACER PASEAR POR ESTE JARDÍN, BESOS!!!

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  4. El Amante Amatistamartes, 27 diciembre, 2011

    Hoy es mi today para vos, señora mía.
    Así, como un nuevo sueño cumplido,
    Pábilo en la encendida tea del tiempo nuevo
    Pactado y nacido entre largo epistolario,
    Yaciente en lo más profundo de mi alma.

    Día, no uno más sino marcado de alegría.
    Acróstico, sea, labrado en el relato de su vida
    Y versado para encubrir mi fantástico deseo.


    Su más cordial Amatista, hoy.

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  5. Te espera un pequeño detalle de agradecimiento en Mi blog :D

    Un gran beso
    S.SoMeTeTe

    http://airesbdsm.blogspot.com/2011/12/mi-agradecimiento-y-el-de-mi-llum.html

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  6. El rojo de las noches, el blanco de los dias…

    …y el azul para dejarse llevar a todas horas.

    Besos, Lady Rosaida.

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  7. Intenso castigo a su tesoro, atrapa la narración hasta llevarse la imaginación a termas grandiosas.

    Que el año nuevo sea también inmenso para ti.
    saludos Rosaida.

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  8. Qué delicia despertar y encontrarse con un relato así. Feliz año.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.