7 de enero de 2012

Regalo de Reyes

Después de una noche realmente mágica, esta mañana después de abandonar las cálidas sábanas he bajado sigilosamente las escaleras que conducen hasta el salón en busca de mis zapatillas. En una de ellas he encontrado una carta que decía: "Querida Rosaida como este año has sido especialmente buena he decido concederte otra de tus peticiones. Aquí te dejo la continuación del relato que narra nuestra aventura en las termas de la Al-ma’sara… entre otras cosas. Tu Rey… Mago."


Cita en las termas (II)

Su boca descendió por mi torso empapado y se sumergió, para emerger de nuevo entre mis piernas. Me senté apoyando la espalda en la pared de azulejos. Ella subió sus ojos verdes hacia mi rostro, entreabriendo los labios. Posé mi mano en su nuca percibiendo el tacto húmedo de sus cabellos y me incliné para besarla. Sus labios me recibieron generosos. Su labio inferior, graciosamente abultado, tenía el tacto de los almohadones de seda; el superior presionó contra el mío atrapándolo traviesa. Nuestras lenguas se encontraron juguetonas persiguiéndose ansiosas de contacto, elevando el ritmo de nuestras respiraciones. Noté cómo sus manos subían por mis muslos y su boca abandonó la mía descendiendo por mi cuello, succionando y propinándome pequeños mordiscos con sus dientes. Mientras sus uñas se hundían ligeramente en mis glúteos atrapó con fuerza uno de mis pezones, provocándome un gemido de excitación y sorpresa.


Sin darme tiempo a reaccionar descendió rápidamente por mi vientre y atrapó mi miembro, que ya había empezado a reaccionar, entre sus labios carnosos. Una sacudida recorrió mi espina dorsal al sentir su lengua jugando con mi glande. Mis manos, que habían seguido a sus cabellos durante todo el descenso, comenzaron a acompañar sus movimientos. Ella giró el rostro hacia mí. Sus ojos verdes brillaban fosforescentes en la azulada oscuridad. Sus pupilas se agrandaron con deseo mientras clavaba sus ojos en los míos. Sin dejar de mirarme sacó la lengua y recorrió mi prepucio descubierto, disfrutando morbosa con el temblor que se apoderaba de los míos con cada roce. Después tiró de mi miembro ligeramente hacia atrás y apoyó ambos labios en su cima. Aguardó unos instantes mirándome fijamente y después abatió sus pestañas despacio bajando los ojos antes de comenzar a hundirse muy lentamente. Yo observaba ardiendo de pasión cómo mi miembro desaparecía entre sus labios, dibujándose en sus mejillas más y más adentro hasta que sentí cómo mi glande rozaba en su garganta. Presionó con vehemencia girando el cuello y sentí cómo ésta me abría paso generosa, atrapándome con su poderosa musculatura. Subió y bajó la cabeza un par de veces antes de salir de golpe de mí, exhalando atragantada un aullido de excitación. Sus ojos se dibujaron un segundo, como dos líneas verdes rasgadas, antes de lanzarse a metérsela y sacársela de la boca con una excitación que rayaba en la locura. Todo mi músculo se hinchó a punto de estallar. Los deliciosos estremecimientos que recorrían mi cuerpo ascendieron de potencia; la rigidez se apoderó de mis piernas a medida que la tensión ascendía dentro de ellas hasta concentrarse en la punta de mi glande, castigado inclementemente por su lengua mientras sus labios acariciaban una y otra vez su sensible corona. Me percaté de mis aullidos de placer justo antes de explotar en la jugosa cavidad que recibió gozosa mi avenida. Ella vació golosa hasta la última gota de mi alma, que se debatía sacudida por un torbellino de placer, mientras mis gemidos se mezclaban con los que escapaban cortos y agudos de su garganta. Al cabo de una eternidad surcando los mares del placer y del gozo, me di cuenta de que mis manos seguían enredadas entre sus cabellos acompañando el ritmo de sus acometidas, ahora más suaves. Sin abandonar sus cabellos me deslicé dentro de las cálidas aguas. Nuestros cuerpos se enredaron fusionándose y nos besamos largamente. El néctar de su boca fresca refrescó mis labios abrasados por el vapor y la pasión y nos sumergimos en las aguas sin dejar de besarnos.


5 comentarios:

  1. El regalo, sin duda, eres tú, Reina del Jardín de Las Delicias. Poder visualizar ese rostro anhelante, esos labios insaciables es un regalo de Reyes. Un regalo que invoca al recuerdo, a momentos tan gozosos que por lo general están vedados al resto de los mortales.

    Un beso, Reina de los Ojos Verdes.

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  2. El mejor de los regalos :D
    Benditos Reyes ;D

    Un beso respetuoso y un gran saludo a tú Señor
    S.S

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  3. Es ud una mujer muy afortunada, Lady Rosaida. Tener a alguien a quien regalar momentos tan extraordinarios y que luego sea capaz de plasmarlos así, en forma de bello relato, es algo al alcance de muy pocas personas. Y eso será porque ud lo vale… y además se lo merece. Por eso se cumplen todos sus deseos y luce ud tan bella y verde entre las flores de su Jardín.

    Los demás, en cambio, estamos a la espera de ver que nos regala el destino, porque aunque el tiempo nos prometió muchas cosas, no se yo si esta vez hemos pedido la luna. La verdad es que con tener alguien que me hiciera soñar con tan bellas palabras me daría con un canto en los dientes. Claro que entonces solo podría comer a base de papillas, pero todo placer tiene sus daños colaterales, ¿no cree?

    En fin, como siempre una deliciosa entrada para su Jardín la que nos ha vuelto a regalar, para envidia de quienes desearíamos vivir momentos así de inolvidables. Será por que no los valemos… o no nos los merecemos. Aunque, en mi caso, prometo seguir entrenándome y ser igual de bueno que he sido este pasado año (lo digo por si tuviera ud algún tipo de influencia con el Rey Gaspar, ya que la cosa va de reyes y reinas).

    Besos, Lady Rosaida.

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  4. Vaya, introduje un espacio entre "por" y "que" que da a mi frase un aire de pregunta en vez de consecuencia. Y no quería preguntar, no… por si las moscas… ;)

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.