16 de marzo de 2012

Lady Rose. La mirada del deseo

Hacía mucho tiempo que no volaba entre nubes y risas. La noche en que Lady Rose cumplió los cuarenta, Lord Grimm le brindó de nuevo esa oportunidad. Ella se debatía en un mar de dudas, pero al mismo tiempo que le miraba sorprendida, a Grimm le delató su evidente sonrisa. Lo había decidido mucho antes de proponérselo a Rose: volarían de nuevo.


Cuando regresaban a casa, la fría madrugada cubría de hielo y bruma las calles solitarias de la ciudad dándola un aspecto fantasmagórico. En uno de sus restaurantes preferidos habían degustado una magnífica cena, bañada lo justo con la ambrosía de las tierras del norte. Al entrar en casa sintieron el inconfundible saludo del calor hogareño. Una vez acomodados, compartieron un suave cigarrillo con pausa, dándose el tiempo necesario para llegar a ese clímax equilibrado y sugerente que requieren los buenos momentos. En los primeros compases afloraron en la mente de Lady Rose los temores de un pasado lejano. Pero él, impertérrito, la tranquilizó. Sin duda alguna Lord Grimm había cambiado cuando regresó de aquel viaje. Sus manos vacías portaban una meta nueva donde el recorrido sería diferente. A través de esa ventana él pudo ver la mendacidad frívola de sus formas.

Comenzó la incursión con los mismos juegos de antaño. Mientras sonreían se cruzaban miradas cómplices alternadas con besos cada vez más apasionados. Sus manos jugaban y se buscaban impacientes. Las de él crispadas sobre los pezones que Rose le ofrecía enhiestos. Las de ella recorriendo deseosas el torso desnudo de Grimm hasta alcanzar su meta. Estaban muy excitados y aún así su agitación seguía creciendo al mismo tiempo que sus roces se volvían más intensos. Rápidamente él se levantó del sofá clavando su falo en los ojos expectantes de Lady Rose que, sentada sobre sus talones en el diván, se lanzó enloquecida a desabrochar el cinturón que encerraba su alimento preferido. Gemía quejosa ante la imposibilidad de ir más deprisa, de no poder desatarlo de un solo tirón. Rose sentía la necesidad de calmar su apetito. Se relamía los labios mientras imaginaba aquella carne dura profanando su boca hasta llegar al fondo de su garganta, como tantas veces había ocurrido antes. Necesitaba respirar ese aroma que tanto le gustaba mientras la acariciaba. Aún lucía las medias negras con el encaje que decoraba sus muslos y el tanguita a juego con el corsé. ‘No te quites la lencería’, le había dicho Lord Grimm cuando entraron en casa.

Por fin agarró la verga que se alzaba como el mástil de un velero. Fue separándola suavemente de su vientre mientras la miraba excitada sin parpadear, con los ojos encendidos por el deseo. Notó su bombeo palpitante y cálido. Expectantes, sus manos bajaban y subían a lo largo de su envergadura deteniéndose en los testículos para acariciarlos. Lady Rose gemía de gozo, sabiéndose adicta a la sutil mistura que se gestaba entre sus manos. Necesitaba su carne poderosa llenándola entera. Sí, sabía que necesitaba a Lord Grimm en su vida como sabía que Grimm no podía vivir sin ella. Cuando le venció la desesperación, Rose posó sus labios en el glande deslizándolos hasta la misma base del coloso de acero. Con ansia comenzó a friccionar a la bestia. Los gemidos de ambos se mezclaban con las notas rítmicas de slowhand componiendo una melodía salvaje. Entonces, tomando las riendas de la batalla, Grimm agarró la cabeza de ella con las manos y comenzó a follar su boca a golpe de blues rock. Los gemidos de Rose le llegaban ahogados mientras ladeaba su cabeza antes de embestirla de nuevo. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas cada vez que le daba un segundo de tregua para tomar una nueva bocanada de aire antes de volver a tragar su implacable espada. 

Continuará...

 

15 comentarios:

  1. Has vuelto con fuerza y con energía, se nota en tu post. Me encanta saberte de nuevo floreciendo en tu jardín.
    Besos y susurros muy dulces preciosa

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    1. Gracias, preciosa. Lo cierto es que no quería cerrar las puertas del Jardín sin antes presentaros a la última de mis Rosas. Y como estamos a punto de recibir a la hermosa y florida primavera, he aprovechado la ocasión para mostraros la fragancia de mi Rosa más querida.

      Un beso, diosa del mar.

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    2. La última de sus rosas y seguramente la mejor y más elaborada, llena de madurez y plenitud de belleza. La más olorosa, aromática y perfecta, creada a partir de las experiencias de otras especies florales. Un especimen cuyo cromatismo obnubila la mirada y embriaga los sentidos de quienes la contemplan. Una rosa de sonrisa inolvidable, de diáfana mirada y esa piel… que hace tanto, tanto bien…

      Por eso es la Reina de las Flores, por eso es, ante todo, Lady.

      Y mi preferida desde hoy, por supuesto.

      Un beso… más.

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  2. Excitante relato ;D

    Un beso hermosa Rosaida
    S.S

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  3. Fuerte relato que impacta...

    Mis saludos azules de agua...

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  4. Y al final el fastidioso "continuará..." , cómo acaba el vuelo? Habrá que esperar...

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  5. Que ardiente mi preciosa Rosaida, un deleite pasarme por aquí y leerte, es un placer, mil abrazos y besos, dulce día!

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  6. Gemidos ahogados...
    Sí... me gustan... Sobre todo, cuando son auténticos...

    Espero, anhelante, su próxima entrega (nunca mejor dicho)...

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  7. me apoyaré en el título del post para decirte, Rosaida, que es tu mirada la que genera ese deseo. La que enamora, la que embelesa, la que enardece. Esa que avivada por la pasión se torna tan ardiente que podría derretir todo el hielo de los polos.

    Me han encantado las fotos, pero ten por seguro que no le hacen justicia al recuerdo de tus ojos aquel día.

    Besos

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  8. Volar,
    sentir
    placer;
    subir,
    gemir
    un ¡oh!.
    Querer
    vivir,
    follar,
    amar,
    reir…
    Bailar
    tu son,
    sudar,
    fluir,
    besar
    tu sien
    y al fin,
    yacer.

    Burlar,
    fingir,
    callar
    la voz.
    ¿Hablar?
    Mentir…
    decir,
    negar.
    Bajar,
    llorar,
    buscar
    tu sol,
    sufrir
    ardor
    sin ver
    tu piel
    de luz
    brillar
    en mí.

    Volar,
    levar
    veloz.
    Venir
    allí,
    estar
    y ser;
    con dos
    soñar.
    Tu yo
    querer,
    sin él…
    morir.

    Yo no lo creo, es más pienso que se pueden vivir los 40 como una época dorada de nuestro camino. ¿Y tú?

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  9. Estoy impaciente por leer esa continuación.

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  10. Que me alegro que sigas por aquí. Excitando, provocando, deleitando... No había tenido ocasión de decírtelo!

    Besos.

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  11. http://encantogitano.blogspot.com/2012/03/100-seguidores-y-mas-premios.html

    Rosaida, belleza, te he dejado un premio en mi blog!!!

    Pasas por el vale?

    Un besazo, guapa, feliz viernes!!

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  12. Encantada de leerte de nuevo.

    Muuuuuuuuuuuuuuack.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.