3 de junio de 2012

Inesperada...

Ayer ocurrió algo inesperado y nuevo para mí. Cuando me levanté el día se presentaba sin novedades, salvo en el termómetro que marcaba una temperatura veraniega, como si estuviéramos en mitad de agosto. Como digo, me levanté, me metí en la ducha y por último disfruté de un magnífico desayuno. Después abrí el portátil para ojear los espacios fetichistas que mas me gustan. No encontré nada nuevo, así que abordé los típicos trabajillos caseros. Mientras los hacía, no podía dejar de pensar en su cuerpo que descansaba en la planta de arriba. Le imaginaba desnudo, medio cubierto por la sábana que se pegaba libidinosa a su piel, destacando las formas de su miembro erecto.

Cuando subí a buscarle sentía la sangre latiendo con furia en mi pecho. Abrí la puerta sigilosamente y me acerqué hasta el borde de la cama. Permanecí a su lado unos segundos, observando la tersura de su verga, tal y como la había imaginado. Me subí de rodillas a la cama con cuidado de no sobresaltarle y comencé a besar su pecho. Embriagada por su aroma, mi mano se deslizó guiada por mi deseo hasta el lugar que tanto ansiaba. Sentí su miembro responder potente a mis caricias y él se removió levemente. Mi boca buscó la suya. Me acogió cálida y melosa. Sentía su verga latir atrapada entre mis dedos, y mis besos comenzaron a descender en aquella dirección.


Después de un rato disfrutando de su suave dureza, de sus aromas y jugos, sentí cómo una mano se colaba lúbrica debajo de mi tanga y dos dedos se introducían en mi encharcada vagina. Me pilló por sorpresa y emití un pequeño grito, pero él empujó mi cabeza hacia abajo penetrándome casi hasta el fondo. Parece que mi putita está muy caliente esta mañana. Levanté la cabeza mirándole con gesto provocativo y los ojos encendidos. Me sentía muy caliente. Mis fluidos ardían como la lava de un volcán en plena erupción y mis palabras emergían incandescentes, alternadas con los lametones que mi lengua juguetona ofrecía a toda su envergadura. Hummm… sí, muy caliente y como soy una nena muy golosa, esta delicia me gustaría comérmela enterita… ¿puedo? Durante un buen rato no paré de chupar y relamer cada centímetro de su carne palpitante. Mmm… ¡qué rica está! Cuando nuestras miradas se cruzaban, le encontraba escuchando con suma atención cada frase que articulaba. Feliz con mi golosina preferida, no dejaba de lamer su falo y de hablarle cada vez más deseosa. Mmm… ¡qué golosina tan maravillosa!

Durante un tiempo se mantuvo inmóvil, clavando sus ojos en mis labios, observando con ojos brillantes cómo emergía su miembro perseguido por mi lengua juguetona. Fóllame, por favor, la necesito dentro de mí- supliqué. Pero él hizo caso omiso a mi petición. Empujó mi cabeza hasta encajármela dentro y con un golpe de sus caderas me la clavó hasta la garganta. No, zorrita, no voy a follarte. Voy a romperte ese culito que se remueve inquieto entre las sábanas. Subí los ojos asustada e intenté liberarme para responder. Pero él me había tomado la cabeza con firmeza, y sus caderas iniciaron una lenta cadencia, follándome despacio. La sentía escapar rozando mis labios hasta que tan sólo su glande permanecía entre ellos, para volver a entrar lentamente abriendo mi mandíbula al límite de lo imposible. Cuando te la saque me suplicarás que te rompa el culo. Después te colocarás en posición. Morderás la almohada y separarás tus nalgas ofreciéndote. Después de varias penetraciones lentas y profundas me la sacó de golpe, mirándome fijamente, a la espera de mi respuesta. No, por favor, fóllame… pero eso no, todavía no… después me lo rompes si quieres… No me dejó acabar la frase. Aspiré todo el aire que pude mientras su glande atravesaba mi cavidad bucal. Esta vez se alojó por completo en mi garganta y se dedicó a follármela sin salir de ella, entrando y saliendo lentamente. Sentía su piel como la seda rozando mis paredes. Comencé a ahogarme. Con cada convulsión notaba cómo una oleada de fluidos estallaba en mi sexo. Tiró de mí cuando vio que la falta de aire congestionaba mi cara. Inspiré con desesperación. ¡Oh… dios! – aullé – ¡fóllame ya!. Pero él continuaba impertérrito, sus manos sujetaban mi nuca y mi barbilla. Volvió a empujar su glande dentro de mí y girando mi cabeza me obligó a mirarle. Sé que tienes miedo. Por eso deseo con más fuerza ver cómo te derrumbas. Quiero ver quién gana, si la ramera que veo brillar en tus pupilas o la mujer asustada. Ahora traga, zorra.


Otra vez empujó. No me dio tiempo a tomar aire, entró hasta el fondo de mi garganta. Las aletas de mi nariz se abrían con desesperación, intentando sin éxito llevar un poco de aire a mis pulmones. Se retiró lo justo para que los llenara. Entró y me folló largo rato. Me retorcía de excitación, de miedo, del placer que me provocaban las oleadas que estallaban una y otra vez en mi vagina. Me dejó tomar aire tres veces, y cada vez me folló con más dureza. Voy a seguir hasta que me lo supliques. Ya no sentía mis mandíbulas. Si no hubiera sujetado mi cabeza con sus manos no sé qué hubiera pasado, porque toda fuerza me había abandonado tiempo atrás. Volvió a sacármela muy despacio. El deseo de que volviera a entrar hasta dentro y siguiera usando mi garganta me provocó un gemido de decepción. Antes de sacármela del todo volvió a quedarse quieto, con sus ojos clavados en los míos, de los que escapaban lágrimas de excitación. ¡Qué zorra tan magnífica, tendrías que verte con mi polla metida en la boca! Pero yo sólo tenía ojos para el torbellino de fuego que abrasaba mi interior. El muy cabrón me tenía chorreando y con el ano palpitando de deseo. Aún así, el poco orgullo que me quedaba vino en mi ayuda. ¿Quieres encularme? De acuerdo, rómpeme en dos si quieres, pero fóllame antes el coñito, mi dios, fóllamelo porque mi perlita va a explotar de deseo…


Esta vez sí continuará… pues a él no hay nada que le guste más
que tomar mi trasero, penetrar en él una y otra vez hasta llenármelo con su savia,
sabiendo que a mí me gusta tanto como a él.


11 comentarios:

  1. Límpido despertar y excitante, lujuriosa y tormentosa mañana, amiga!

    Saludos azules desde mi orilla que te espera...

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  2. Woooooooooooooooooooo, maravilla de letras.
    Despertares así te ponen las pilas para todo el día y te recuerdan desde bien tempranito que eres y de quien eres.


    Un beso preciosa.

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  3. ¡Mmmmmiauuuuuuuuu! ¡Marrammmmiauuuuuuu!

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  4. mmmmmmmmmm, ahora tenemos la ventaja de que podemos abusar de las duchas, pero cómo eres Rosaida, tus temas favorecen la pérdida de peso, te lo aseguro....caliente contenido....imágenes devastadoras....besos ardientes.

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  5. Y después de los maullidos, Lady, mi dedicatoria musical.

    Se que va a gustarle tanto como a mí, pero, por favor, no me pregunte por qué.

    Besitos, RoseLady.

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  6. MENUDA MANERA DE COMENZAR EL DÍA,,, CUANTA LUJURIA....
    PERO NO HAS DEJADO A MEDIAS,,,,, QUIERO MÁS!!!!
    UN BESAZO ROSAIDA!!!

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  7. Inés Perada, mujercita,
    asaltada en la mañana
    por oscuros pensamientos.

    Inés Perada, hembra curiosa
    encontróse con un tallo
    enhiesto y soleado.

    "¿Oh, qué es esto
    que de mí hace sudores?",
    la muy pícara pregunta.

    "Es mi falo atormentado
    por los besos de tu boca",
    dice el dueño de la prenda.

    "No se atormente y acerque
    tal apéndice a mis labios,
    que hambre me ha entrado
    de catar tamaña pieza".

    Y el dueño del pepino,
    trípode por Dios dotado,
    le aproxima el pepinazo
    que Inés toma con tino.

    "¡Válgame el cielo, señora!
    ¡Cómo come! ¡Cómo chupa!
    ¡Voy a quedarme sin zumo
    por las artes de su boca!"

    "No sea, señor, tan tunante
    que tanto alarido impostado
    va a convertir al gigante
    en poco miembro aminorado"

    Inés Perada, chica golosa
    liba que liba del miembro
    aleteando cual mariposa.

    Inés Perada, afán inusitado,
    fela que te fela la verga,
    de su macho encabriolado…



    Mis habituales cuerdas para ti, hoy unidas por (des)nudos apretados con ternura.

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  8. Narración que casi lleva al directo, a la viveza, que adentra...
    Fantástico, Rosaida.

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  9. Hummm... sinceramente veo peligrar ese culito.
    Me parece que su excitada y excitante poseedora va a caer víctima de su propia debilidad, y cuando lo haga tendrá que reconocer que no podía haber elegido mejor opción.
    Tan sólo pido que esta vez no nos dejes con la miel en los labios, jejeee... nunca mejor dicho.

    Un beso

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  10. Siempre me han gustado los jardines y si estan plagados con estas flores, me hago floricultor.
    Vaya fuego amiga.
    Un beso

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  11. Esto si que es un desayuno perfecto...
    Me ha encantado el texto, pasion que eriza la piel...

    Un beso desde mis Amanteceres.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.