1 de julio de 2012

Mudando la piel


Hace tiempo que no dispones, que no ordenas que te sirva. No sé muy bien por qué, pero después del banquete que me ha proporcionado tu entrepierna, he sido consciente de ello. Por cierto, ¡menudo festín! Estás rico, muy rico. ¿Aún no te lo he dicho? No importa, te lo digo ahora. ¡Me encantas! No, no lo digo, lo grito. ¡Me encantas!, ¡me enciendes!... tanto que ardo de deseo por los cuatro costados. Y, ¡claro!, esa pasión enardecida que me abrasa te empuja sin remedio al objetivo más deseado: mis nalgas expuestas ante tus ojos. Y, mientras me miras a mí y a mi culito, yo te miro a ti, hummm, ¡me fascinas cuando me comes con la vista! y luego te arrimas excitado. ¡No puedo esperar más! Cada segundo que pasa sin notar cómo tu glande lubricado va abriendo paso al resto de la verga endurecida para que penetre hasta el fondo de mi carne… cada segundo que pasa se me hace una eternidad. ¡Lo estoy! ¡Estoy preparada para recibirte ya!, a ti y a tu enorme falo.


No puedo negarlo, preparada y ansiosa por sentir tus manos sobre mi grupa. Sí, así, fuertes, potentes. Están calientes, arden como los pliegues que esconden mis labios. Por fin llega el momento. Te sitúas. Mi corazón palpita enloquecido. Tanto que ni oigo los gemidos. Tampoco los susurros insinuantes ni la respiración agitada que ahora nos domina. Nada. Sólo noto tus roces y siento tu piel penetrando en la mía. Me embistes embravecido. ¡Oh, dios! Grito en la cima ¡cabalga a tu yegua salvaje! Y como un resorte, me azotas para que galope enloquecida. Mis rodillas comienzan a flaquear por la fuerza de tus sacudidas pero para entonces ya he gozado con los orgasmos que tu pericia me ha proporcionado. Siento que no puedo mantenerme por más tiempo a cuatro patas. Mis piernas ceden temblorosas y caigo abatida. Y tú conmigo, sobre mi espalda sudorosa. Necesito recuperar el resuello, que mi piel enrojecida por la pasión retome su color natural. Me gustas mucho, quizá demasiado.


Pero ¿qué he escrito? La realidad es que no deseaba narrar este hecho. Quería escribir otro, algo, digamos, diferente. Pero no ha sido así, será porque está muy presente en mi vida. Y se me eriza la piel cuando lo revivo, la piel y otras zonas de mi cuerpo... ¡Buff! aún siento mi trasero dilatado cuando te cruzas, me miras y… ¡otra vez a la batalla! No, que no quería hablar de esto. Decía que hace tiempo no dispones, no ordenas ¡y mira que tenemos un baúl con utensilios para este juego! Pero no, no necesitas ni amarrar ni amordazar ni jalear. Ni precisas tu fusta o gato (bueno, a tu gata sí). Ni tan siquiera requieres el habitual protocolo. Y ahora que caigo, ¡ni el collar deseas que me ponga! ¿Será que hace tiempo nos cansamos de ese juego y no nos dimos cuenta? No tengo ni idea, no lo sé, pero el caso es que no lo echamos en falta.


Lo único que sé es que cuando clavas tu mirada en mi culito -lleve o no ligueros (hummm… parece que de la lencería no te cansas nunca ¿eh?)- me invade el deseo de ponerlo en pompa. Y cuando veo a tu falo crecer con tanta rapidez, que ni un ¡oh! me da tiempo a exclamar, la boca se me hace agua… ¡dios, deseo lamerla, besarla, tragármela enterita! Sí, o como aquél día que llegaste al clímax dentro de mi garganta, ¿recuerdas? no fue en la boca, fue en la mismísima garganta, derramando en ella hasta la última gota de tu vida. Si me lo hubieran contado no lo hubiera creído. Fue como un sueño... una experiencia inolvidable. Otra más que sumo a las tantas que me haces vivir.


Sí, necesito beberme hasta esa última gota. ¡Uff! Otra vez hablando de lo mismo, ¡excitada y con las braguitas mojadas! Bueno, pues eso, que de lo que no nos hartamos es de las batallas apasionadas que libramos en la cama, en el sofá, en el suelo o en la encimera de la cocina, en fin, donde nos pille el deseo pues los sentimientos fluyen libremente bajo el calor del sol o la luz de la luna. Punto y final, porque está claro que no puedo hablar de ningún tema sin que los pensamientos me dirijan a tu magnífica entrepierna o a tu boca experta, mmm… ¡dios, que boca! ¡llena de matices que me conducen a gozar de las sensaciones más increíbles!


Que no, que ya he puesto el punto y final más arriba. Se acabó. ¡Dios, que boca!. No tengo remedio… desenchufaré el portátil y me iré a comer(te).


11 comentarios:

  1. Qué calorcillo hay por aqui eh, jejeje.
    Saludos, rosaida.

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  2. JEJEJEJE,,,, LOS PENSAMIENTOS TE TRAICIONAN,,,, PERO MENUDOS PENSAMIENTOS,,,, O MEJOR DICHO RECUERDOS...
    EXCITANTE ENTRADA...

    UN BESAZO ROSAIDA!!!

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  3. mmmmmmmmmmmmm, ¡cuanta lujuria, y de la buena....me encanata Rosaida..besos lascivos..

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  4. De lo que no te libras nunca, por lo que veo, es de su implacable deseo... pero mucho me temo, mi Reina, que te va a costar centrarte en un solo tema. Ya sabes que a él le gusta variar. Cualquier día de estos te encuentras de nuevo en la cruz, víctima de sus perversiones y de tus propios anhelos.

    Hombre afortunado donde los haya, el que puede disponer a su antojo de una gama tan extensa de delicias. No hay tecla que no pulse, y por lo que se ve goza de un instrumento bien afinado en todos los registros.
    Ya sé que no se puede esperar menos de la Reina de un Jardín con tantísimas variedades, pero ¿cuántas podrían hacer gala de un abanico tan amplio de formas de placer, a cual más gozosa? Afortunado él, desde luego.

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  5. Muy excitante como comenta LORD :D

    Un beso respetuoso
    S.S

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  6. Ardiente, ansiosa y deseosa de placer. Así te percibo y así me encantas.
    Te dejo mis letras para trazar un sendero en tu lindo jardin, un sendero directo a ti. A tu sexo.

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  7. He venido a quererte, a que me digas tus palabras de mar y de palmeras. (Carmen Conde)
    ¡FELIZ VERANO!
    Un beso desde mis Amanteceres.

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  8. Cuánta sensualidad rebosan tus líneas... y tus curvas.

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  9. No me extraña que no se te vaya de la cabeza, de las teclas, y vuelvas una y otra vez al asuntico! Jajaja, yo no saldría de él.
    Un besazo y mil caricias para ti

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  10. Mude de piel… pero no de sentimientos.

    Eso espero…

    Besos, Lady, que me quema el alma de estar mudo.

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  11. Toda una declaración de intenciones. Solo deseo q satisfagas tus anhelos...

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.