19 de septiembre de 2012

Flash

Me levanté del chaise longue justo antes de finalizar la película de sobremesa de los domingos. Me resultó tan soporífera como todas las que programan a esa hora festiva, así que me sirvió de somnífero para echar una cabezadita. Él seguía durmiendo -o eso creía yo- en la otra zona del sofá. Por la mañana saciamos con creces nuestro apetito al tener un despertar subidito de tono, o sea, muy caliente. ¡Dios! Su mano colándose juguetona entre mis piernas… ¡hummm! mi boca bajando ansiosa hasta su falo, la suya mordisqueando mis pezones y mi lengua… mi lengua no paraba de darle placer. Al final acabamos follando como locos movidos por esa codicia de poseernos otra vez… una vez más.


Cuando abandoné el sofá, él seguía tumbado, medio dormido. Y digo medio porque en cuanto sintió que me movía, abrió los ojos para mirarme el culito a penas cubierto por la tela vaporosa del mini vestido que me puse esa mañana. Cuando llegué a la altura de su rostro, al otro lado del respaldo, susurró “dame un beso” mientras me agarraba del brazo. Me giré sorprendida creyendo que aún dormía, pero en cuanto vi sus ojos encendidos por el deseo, sonreí cachonda mientras me lanzaba hacia sus labios ardientes. El respaldo bajo del sofá me sirvió para apoyar las caderas e hincar las rodillas en su parte posterior. Le besé y su boca me recibió dulce, como si fuera un caramelo de miel. Aún saboreaba su almíbar cuando nuestras lenguas comenzaron a danzar entrelazándose apasionadas. En poco tiempo me arrebató de nuevo el deseo en su más pura esencia. Ansiaba otra vez que me follara como un verdadero salvaje, del mismo modo que lo hizo después de amanecer. Que me poseyera con esa pasión impetuosa que él desborda cuando posee a quien bien conoce.


Notaba mi corazón acelerarse cada vez más. Entonces no quise reprimirme. Tampoco hubiera podido. Comencé a acariciar su torso desnudo con una mano mientras con la otra jugaba suavemente por su nuca y cabello. Cerré los ojos para centrarme en su respiración cada vez más intensa cuando noté sus manos sobre mis hombros bajando hacía mis senos. Sentí el fuego avivarse en mi interior, empujándome a clavar aún más las rodillas en el respaldo. Afloraba como la lava ardiente hasta mi piel, calentándola y empapándola de lujuria. Un grito salió de mi garganta cuando atrapó deliberadamente mis pezones para engullirlos con fruición. Enseguida comencé a gemir de placer, aunque al poco tiempo me encontraba suplicando entre jadeos que me follara cada vez que notaba sus dientes y su lengua golosa en mis pezones. Quería más. Necesitaba más, como él bien sabe. Lo cierto es que conoce muy bien esos espasmos que llegan hasta mi clítoris cuando me devora así los pezones. Y la reacción que en mí provoca. ¡Dios! ¡lo hace y me encanta! Me vuelve loca, por eso lo hace, como él mismo dice, le maravilla mi locura, mis reacciones y gestos, mis susurros y gritos. Y yo le digo que es la pasión desenfrenada que me provocan sus actos, su buen… hacer.


Al poco tiempo le tenía delante. Me escudriñaba vicioso mientras me despojaba del pequeño vestido con suma rapidez y me arrancaba de un tirón el tanguita empapado. Nos fundimos entre besos, bocados y lametones. Sus manos crispadas se perdían por todos los rincones de mi cuerpo. Mi boca le buscaba desesperada mientras le rogaba que cumpliera todos sus deseos. Al momento lo hizo. Estaba henchido de deseo, pletórico y radiante. Rápidamente me giró apoyando una mano en mi espalda para inclinarme por encima del brazo del sofá. Antes de darme cuenta había expuesto mis nalgas ante sus ojos, justo a la altura de su falo palpitante. Introdujo una mano entre mis muslos comprobando lo húmeda que estaba. Abrí las piernas cuando noté sus dedos separando mis labios. Gemí de placer mientras mis pensamientos deseaban sentir su verga allí donde sus dedos entraban y salían encharcados. Luego subió lentamente hasta la entrada de mi culito para lubricarlo con mis propios jugos. En ese momento creí morir de gozo. 


Estaba desesperada. No podía esperar más, necesitaba que me follara con fuerza, con todas sus fuerzas. Se lo grité una y otra vez. Se lo suplique entre sollozos hasta que le sentí penetrando embravecido hasta el fondo de mi vagina. Empujaba con fuerza sujetándome por las caderas. Su pubis chocaba frenético contra mis nalgas cuando algo me ocurrió. No sabría describirlo, mis ansias se apoderaron de mí transportándome más allá de mi propia consciencia. Parecía como si mis caderas hubieran tomado vida propia. Comencé a moverlas frenéticamente, siguiendo un ritmo ancestral e instintivo. Fue como si él me hubiera hechizado con su “Varita” mágica y… ¡vaya si lo hizo! ¡Menuda vara!, dura y brillante como el diamante. Me transmitió algo indescriptible, algo que supera a cualquier sustantivo, adjetivo o verbo. Mis movimientos le gustaron tanto que dejó de embestirme y se entregó a disfrutar del inmenso placer que le estaba proporcionando. Le sentía maravillado, gozando como un poseso con las flamantes sensaciones que estaba recibiendo. Cuanto más le sentía, más me engrandecía yo, estallándome los orgasmos como bombas de placer. Cuando abandonaba la visión de mis nalgas, que parecía hipnotizarle, su mirada se perdía en los gestos que mi rostro le ofrecía arrebatado. Pronto alcanzó el clímax que culminó en un orgasmo interminable. Estábamos gozando tanto con el descubrimiento de esas nuevas sensaciones que su sexo se negó a abandonar mi interior. Me sentía aún tan excitada que comencé a moverme susurrándole que deseaba entregarme a él otra vez. Aún después de vaciarse, su verga seguía en mi interior dura como el acero. Notaba sus latidos golpeando en las paredes engrosadas de mi vagina cuando comenzó a follarme de nuevo. Me llevó otra vez hasta el cielo pero justo antes de tocarlo con los dedos se detuvo clavándose en el mismísimo fondo de mis entrañas. Al poco tiempo, salió de golpe para hundirse en su agujerito preferido. Grite, chillé y hasta lloré, primero porque mi cavidad más húmeda le echaba de menos y segundo porque cuando penetra de esa forma en mi gruta más estrecha, siento que me taladra hasta el alma, que pierdo la cordura hasta tal extremo que hace conmigo lo que quiera. Me enerva tanto que no dejo de retorcerme, de gritarle que siga, que no pare, que continúe hasta empalarme sobre él en forma de aspa para después morir exhausta en el reino de los cielos.


Flasheados
descubrimos algo nuevo, maravilloso… pero a pesar de todo, lo que a él le gusta más, con lo que más disfruta, es sentir su verga penetrando en mi estrecho agujerito mientras observa cómo le abraza la redondez de mis nalgas que desembocan en una fina cintura. Y a mí lo que más me gusta es sentir su maravilloso falo clavado entre mis nalgas.

6 comentarios:

  1. Es evidente que la magia de la 'varita mágica' despierta en ti todo tipo de sensaciones placenteras... (parecidas a las que tenemos cuando te leemos)

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  2. Flash, flash, flash, flash, flash…

    Una onomatopeya muy sugerente, ¿no cree?

    Aunque lo que más me pone es imaginar a toda una Reina… del Jardín exclamar ¡Dios! mientras queda encantada por el rítmico toque de una varita mágica…

    Sigue ud siendo la más deliciosa de las criaturas, Lady Rosaida.

    Mi flash… digo… beso.


    [ Quién dijo que siempre era lo mismo estaba muy equivocada ;) ]

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  3. Sus palabras encienden mi sexo
    y mi tea apagada por fin se desperta
    a mil se pone, señora, y corre mi deseo
    que más que correr, el vuelo levanta.

    Decidme como, mi ama, calmarme
    del ansia que no cabe en mi cuerpo
    salido, todo en fuego me encuentro
    que ya casi no atino ni a contenerme.

    Mi mano a la suya, perita, imagina
    o a su boca, que es más dulce camino
    y presta se aplica afanosa cual concertino
    al solo propio y gozoso con gran disciplina.


    Hoy te ataré con La Voz. En otras palabras, hazme subir hasta la Luna…

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  4. Inolvidable. Poseída por el espíritu de la lujuria, danzabas con la premura de los condenados.
    Apenas pude detenerme a disfrutar en la sorpresa inicial, tal era la intensidad del placer. Jamás he sentido algo así. Literalmente exprimías mi sexo, víctima indefensa ante la violencia de tu ímpetu.
    Aquel baile rápido y sincopado transformaba el roce en algo constante; sentía mi falo saltar de una cima a la siguiente como una lancha que vuela sobre las crestas de las olas.
    Por los dioses que el brazo de ese sofá se ha convertido en mi capricho favorito, y pienso repetir la experiencia hasta que tengamos que cambiarlo por uno nuevo o se descoyunte tu cintura.

    Y... sí, claro... pienso repetirlo cada vez en mi destino favorito
    hasta verte desfallecer empalada en la Cima de los Vientos.

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  5. ESO SI QUE ES UN GRAN DOMINGO DESPUÉS DE UNA SEMANA DE TRABAJO,,, ANDA!!! PERO SI MAÑANA VUELVE A SER DOMINGO.

    QUE EXCITANTE EXPERIENCIA.....

    UN BESAZO ROSAIDA!!!

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  6. o_o excelente me encanto y lo que le sigue jaja
    te sigo sin duda alguna :D

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.