22 de septiembre de 2013

Tocando en las puertas del deseo


De nuevo toca en la puerta de mi deseo
con los nudillos temblorosos por la incertidumbre
de no saber si le abrirá la danza que le llevó
a la cima donde moran las delicias.
Se rehace por fuera levantando la mano,
lo intenta por dentro ahuyentando la duda,
congelando la razón que inmoló su fantasía
y lo mantiene vivo la ironía.
Pero en su mar de sentimientos, agitado y revuelto,
suaviza la pena recordando a la flor abierta
que retuvo entre sus piernas.
Armado con las imágenes
que la retina le grabó a fuego lento,
sus dedos tocan en el centro de mi deseo.
Me conoce bien, me conoce a fondo,
y sabe lo que a mí me pierde
cuando toca cada tecla de mi piel.
Le recibo con la mirada encendida
que ilumina su sonrisa de alegría
mientras su cuerpo le pide mi lascivia.
Con los ojos clavados por el deseo,
sabemos que no tenemos remedio,
que a los dos nos pierde lo mismo,
la misma pasión que nos ató.
Y a por ella regresa a mi morada,
a que le gima al oído mi lujuria,
a que le bese y provoque
mientras mis manos desesperadas
buscan la dureza entre sus piernas.


Vuelve para gozar sobre mi cuerpo
y recibir el placer que le doy
cuando aferra su poder a mi piel.
Iniciamos la batalla con la mirada clavada
y mis manos sujetas a la cama,
dispuesta y preparada,
con el deseo empapando mis muslos.
El duelo de palabras calientes incendia el ambiente.
Los gemidos que traspasan las paredes regresan desafiantes
y las embestidas de su cuerpo enardecido
remueven hasta los cimientos del infierno.
Vencidos por la fuerza de la contienda
caemos sobre el lecho devastado.
Nos superamos cada vez, me susurras al oído.
Te necesito a mi lado, me lloras a los ojos.
Te miro sudorosa, todavía emputecida,
sintiendo el acero de tu espada en mis entrañas,
y el abismo que aún palpita entre mis piernas.
No digo nada, tan sólo te beso en los labios
mientras respiro la fragancia de tu sexo
que aún retengo en mi piel exhausta.
Llamaste a mi puerta otra vez con el deseo encendido
y aunque parezca que el tiempo no pasa
ha llegado el momento de la despedida.
Te vas satisfecho, orgulloso de haberme gozado a tu antojo
de haber conquistado hasta el último bastión de mi cuerpo.
Pero la tristeza delata el dolor de una pérdida mejor,
el dulce placer de una entrega incondicional,
auténtica y desinteresada,
la que sin límites ofrece el Amor más allá de la lujuria.


5 comentarios:

  1. Unidos por una espiral de deseo... de la que parece difícil salir.

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  2. Al deseo siempre se le da la bienvenida, como a ti, Manolo, te la doy con mucho deseo.

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  3. De lo mejor que he leído Rosaida...
    Tus letras llegan, revolotean y despiertan todo sentido y sensibilidad...
    Paraíso del placer que a veces cautiva y apresa...

    Un placer amiga, un verdadero deleite ;-)

    Bsoss!!

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    Respuestas
    1. El placer es mío, Ginebra, cuando escucho tus palabras. Viniendo de una escritora como tú, que dominas como pocos el arte de la escritura, es un verdadero orgullo recibir tu comentario.

      Muchos besos y muchas gracias, querida amiga.

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  4. Tienes una forma de escribir que hace que no se puedan despegarse los sentidos de tu relato.....
    Besos

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.