28 de octubre de 2013

Creo en ti


Aquella maldita muela le mantuvo en vela toda la noche. Al día siguiente, los calmantes tampoco lograron aliviarle el dolor que continuaba taladrando su bonita boca. Pese a ello, no dejó de enviarme esos mensajes apasionados a los que tan mal me tiene acostumbrada. Sabe muy bien cuánto me excitan y hasta dónde es capaz de llevarme el deseo cuando suelto el freno. Sus palabras incendiarias comenzaron a estallar entre mis piernas como pequeñas bolas de fuego. Poco a poco, palabra tras palabra, su apetito fue dominando mi cuerpo que ansiaba tenerle. Después, cuando me supo desesperada, su voz ronca tomó el turno para encumbrarme a la cima del volcán de la lujuria. Sin aliento, los gemidos se cruzaban en la distancia empapando de gozo nuestros dedos ansiosos. Entonces, me dijo que cerrara los ojos para poderle sentir más cerca, fundidos mientras disfrutaba del placer que aún nos envolvía.

Pero me basta y no me basta. Le quiero de cuerpo presente. Le deseo a mi lado, erizando mi piel ansiosa de sus besos y de sus roces. Se lo susurré jadeante. Se lo pedí desesperada, anhelante de su carne excitada y excitante. Y él respondió como siempre lo hace, con la misma urgencia que a mí me domina. Exasperados buscamos un hueco que, si no lo tenemos lo inventamos, lo sacamos de la nada como dos magos seduciendo a la tarde con el arte de los labios enardecidos.


Llegué impaciente, con el tiempo corriendo en mi contra. Pero allí estaba él, esperándome de pie, con la mirada clavada en el vaivén que ofrecían mis caderas. Cuando sus brazos me arroparon, sentí que su deseo me conquistaba por completo. Pasamos al interior tropezando con todo mientras nuestras bocas se devoraban excitadas. La estancia se encontraba lista para recibirnos. Lo había preparado todo… la música flotando en el ambiente, la luz tenue envolviendo el lecho improvisado sobre un escenario único, especial para nosotros.

El reloj dejó de existir. Las horas pasaron despacio y al mismo tiempo tan deprisa que arañábamos cada minuto como si fuera el último. Nos sumergimos el uno en el otro con el brío del oleaje cuando atiza la costa. Empapados en sudor nos cabalgamos salvajemente. Nuestros fluidos se mezclaban en una comunión perfecta mientras sus embestidas agitaban el ritmo sinuoso de mis caderas. Agarrada a su melena de cabellos ondulados, notaba que me ardían los ojos, que su piel se fundía a la mía tatuando aquel momento arrebatado de pasión. Crecida en el sueño indescriptible que me ofrece su cuerpo, no sé cuantas veces subí hasta los cielos del Olimpo y bajé a los infiernos de su fuego enardecido. Quizá perdiera la cordura al igual que la noción del tiempo cuando acabé entre sus piernas bebiéndome hasta la última gota de su deseo.


Lo cierto es que aquella tarde no fue como otras, no fue como con otros… Su apetito voraz me llegaba claro y sincero, cargado de nuevos retos que me excitaron aún más de lo que estaba. Te atreves, preciosa? Sólo hay que verte y… catarte para saber que lo harás de maravilla. Susurró entre los gemidos que le arrancaba mi boca.  Fue en ese momento cuando supo que me sublima lo desconocido, que cuando me proponen algo por indecente que sea jamás me excuso o me niego. Todo lo contrario, los retos me tientan, me calientan. Quizá por ello, mis dudas se diluyeron en la lujuria que me arrebató por completo. Me dejé llevar crecida sobre su cuerpo como nunca antes lo había hecho.

Eres tan grande como la luna, mejor de lo que imaginé cuando te vi por primera vez. Su sonrisa satisfecha me abrazó dulcemente. Ni yo misma podía creer lo que acababa de suceder… Fue como un sueño maravilloso, pero lo cierto es que Pink Floyd seguía flotando en el ambiente.




13 comentarios:

  1. ...cada vez más prendado de tus palabras....voy a poner The Wall y sigo leyendo...

    Mil besos

    JJ

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario, Juanjo. Yo seguiré tus huellas tras el muro... aunque, entre tú y yo, éstas son las notas que ardieron aquella tarde como estrellas fugaces

      Mis besos para ti.

      Eliminar
    2. entre tu y yo...las estrellas las atrapé en un manto llamado deseo...para que no fuesen fugaces....

      Besos

      Eliminar
    3. Me gusta como entiendes y atrapas al deseo...
      Mi beso.

      Eliminar
  2. Vaya momento más erótico!!! Una pasada leerte.
    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí que lo fue, erótico y salvaje. Gracias y bienvenida, Auroratris.

      Un beso.

      Eliminar
  3. EXCITANTE,,,, Y QUE ESA MUELA NO MOLESTE MUCHO.
    UN BESAZO ROSAIDA!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Umm... mi querido Lord, creo que tendré que llevarle otra dosis de mi particular anestesia ;-))
      Otro para ti.

      Eliminar
  4. Como bien sabe ud. querida Lady, soy más de "Us and Them", aunque todo lo rosa me parezca delicioso. Pero, observo con inquietud que en este relato solo hay una canción… eso se me antoja una racanería realmente intolerable. Una mujer de su categoría, toda una Reina, se merece más, por eso yo le regalo todas estas, que estoy seguro de que, aun hoy, seguirán siendo de su agrado.

    Besos de su fino y honesto seductor, Beau Brummell.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son y serán eternamente de mi agrado, Señor Brummel, igual que los recuerdos que las acompañan.

      Mi beso de color rosa.

      Eliminar
    2. Un beso (de una) rosa… delicioso. El mejor regalo, sin duda, que ud podía hacerme. En justa reciprocidad, permítame el atrevimiento…

      Eliminar
    3. Atrevimiento permitido, Señor Brummel...

      Otro beso

      Eliminar
  5. " Siento un deseo irresistible, y no lo puedo evitar. Cuando estás desnuda no te puedo dejar de mirar, y son esos crespos los que me enloquecen hasta la locura. Es justo ahí donde ahora dejaré mis labios pegados... y no me detendrán tus suplicas.
    El sabor a fuego que destilas y ese olor que hay en ti, es droga para mí... ven déjame abrir suavemente tus piernas y beberte toda, hasta que no haya aliento para respirar. Moja de sal mis labios y aferrate a ellos como si fuera la última vez... Esa cabecilla roja que me lleva al infierno, es la que voy a atar para siempre a mis labios y que no soltaré hasta sentir que la muerte llega a tí..."

    ResponderEliminar

Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.