13 de abril de 2014

Flor en boca (I)


La sobremesa se veía venir. Apenas dos horas antes decidí cocinar un arroz especial -estilo Rosaida- para darle la bienvenida a la primavera. A menudo me despierta la imagen de algo diferente. No deja de ser una sensación extraña aunque me atraiga sobremanera. Será porque siempre he buscado esa excusa, por insignificante que sea, que convierta un día corriente en uno extraordinario, lo consiga o no. Al hilo de esta particular característica, he de reconocer que la cocina me ofrece un abanico de lo más variopinto. Desde aquel primer día, chorreando pasión sobre la encimera, me dije… Rosaida, esta es una puerta que dará salida a las fantasías que bullen como agua hirviendo en tu cabecita. Dicho y hecho. Poco a poco fui adentrándome en ese mundo maravilloso donde los colores se multiplican, los olores se intensifican y qué decir de los sabores… ¡Dios! Matizados por el tacto suave y dulce, ácido y picante o amargo y burbujeante. El caso es que terminé enganchada a sus fogones. No sólo tiene que gustarte, tienes que sentir su dominio desde el interior del alma. Cómo crece y crece, cómo te maneja satisfaciendo el deseo de cada uno de los sentidos hasta culminar en un cielo de placeres inigualable. Catar, oler, tocar y ver. Hablar, comer, chupar y saborear… me gusta demasiado, tanto que no suelo pasar desapercibida. Ese lametón, ese trago brindado a los ojos de mi anfitrión cuando la boca se me hace agua. A veces, incluso cierro los ojos como si con ello alargara ese momento inolvidable. Será porque jamás deseo que termine. El último bocado. Ese último trago en el que, en ocasiones, se me escapa una gotita por la comisura de los labios y la recojo con la punta de la lengua. Confieso que suele gustarme más que el aperitivo que sirvo antes del plato estrella, por muy picante y divertido que sea mi entrante.

Sin más demora, me puse “manos a la obra”, bueno, en esta ocasión sería más apropiado decir que las puse en la masa. A través de la ventana se colaba un sol primaveral deslumbrante. Su luz intensa bañaba toda la estancia proporcionando una calidez muy adecuada al encuentro que se avecinaba. Cuando cocino me recojo el pelo y después me pongo un delantal. Esta vez también lo hice, pero a diferencia de las otras me coloqué una flor en el recogido y sobre la piel desnuda me ajusté el delantal de la Venus de Botticelli que me traje de un viaje a Florencia. Me dirigí hacia uno de los espejos. Quería ver el resultado antes de meterme en las aguas saladas de mi cocina. Fue muy divertido. Subida en los tacones de unas sandalias rojas a juego con la flor del recogido. Por delante, pegada a mi cuerpo, la figura del desnudo renacentista y por detrás, la espalda descubierta hasta la cintura, donde un bonito lazo juntaba los extremos del delantal para luego abrirse forzado por las caderas, dejando al aire mis nalgas que sin más preámbulos moví a ritmo de salsa y merengue. He de reconocer que me estaba calentando. Notaba cómo la temperatura de mi horno subía por momentos mientras imaginaba a mi anfitrión observándome con los ojos clavados en mi trasero.
 
Salí del ensueño con la respiración acelerada. Me dirigí hacia la cocina con las pulsaciones agolpadas en mi pecho y también entre mis muslos. Me sentía húmeda, mojada por el deseo desatado. Indecente o no, me gusta saberme excitada... ver cómo se activa mi imaginación hasta límites insospechados. Estaba decidida a servir un menú de altura, difícil de olvidar hasta para los paladares más exquisitos.
 
El arroz estaba casi en su punto cuando llamaron a la puerta. Antes de recibir a mi invitado, me apresuré a darle el último toque. Se trata de mi toque, único y secreto. Lo guardo como oro en paño, atesorándolo junto a los demás secretos. Sintiéndolo mucho no puedo desvelarlo, ya que forma parte de mi recetario de grandes sorpresas...
 
 

4 comentarios:

  1. Noche mágica con tus secretos en sus labios.
    Besos Rosaida.

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    1. Más allá de la magia... están sus labios.
      Besos.

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  2. Coincido contigo en lo del delantal, también me traje el David de Miguel Ángel, jejeje. La cocina no es mi fuerte, lo reconozco, pero estos delantales son una monada.
    Tu entrada genial Rosaida, nos has llevado de la mano por el camino de la sensualidad.
    Besos.

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    1. Y muy divertidos cuando se cocina con ellos... sólo con ellos...
      Yo también me traje el David... para Él... aún más divertido, si cabe jaja
      Te invito a que pruebes -de esa guisa- ya verás como se te hace la cocina más atractiva, Auroratris ;-)
      Besitos

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.