11 de mayo de 2014

Reflejados




Lo supe en cuanto le vi
y aunque digan de mí
que a la blanca luz acompaño,
no negaré que la sombra sibilina
oscureció el andar de la mirada.
Apareció ligera como el viento,
enmascarando la faz de la saña
mientras su manto negro cubría
las palmas abiertas al día.
Partí al pasado con los ojos cerrados
reviviendo el deseo en mi reflejo
que otrora dibujara en el espejo.
Antes de regresar, la duda se dio a la fuga
como hace el humo en la bruma.
¿Es el eco del cristal brillante
que recuerda la voz de los amantes?
Quizá... ¿la mirada clavada en la carne
y el deseo empapando la piel?
Los susurros se deslizan
en un vaivén de cálido aliento
para alejarse del relieve de los cuerpos
que moran los caminos descritos.
Anduvimos libres de fronteras,
nunca nos debimos nada,
nada tuvimos que demostrar.
Deseamos caminar despacio,
marcando el mismo paso,
sin metas que alcanzar,
ni rivales a los que ganar.
Nos hicimos a fuego lento,
lejos del reclamo de las llamas
de expectantes destellos,
de efímeros suspiros.
Quisimos arder al unísono,
lentamente… sin prisas,
como hace la encina,
desahogada,
 sin deber obligado,
sin compromiso empeñado.
Nos mantenemos calientes,
pegados al fuego que alberga
el corazón de nuestra hoguera,
incombustible como el amor
que comienza a envolvernos.
Y seguimos clavados al deseo
que destilan las pieles…
al calor que exuda pasión
y a lo mejor del amor
que crece, crece y crece…

2 comentarios:

  1. Difícil resistirse el amor a tan maravilloso vínculo y sentir de esos dos cuerpos…
    Letras que palpitan y vibran Rosaida…un placer leerte y sentirte ;-)
    Bsos!!

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  2. Es él, el amor, el único que nos hace vibrar con mayor intensidad. El único que no olvida, que no reniega. El único que palpita colmado de los cinco sentidos a la vez... y alguno más ;-)
    Besos también para ti, Ginebra.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.