4 de mayo de 2014

Vibrando en sus manos

 
Acaba de follarme otra vez. De todas las formas posibles… con posturas imposibles. Clavada hasta las entrañas por las tres entradas. Tumbada boca arriba y boca abajo… por arriba y por abajo. De pie y de rodillas… enrojecida y escocida. Molida hasta los huesos, follada hasta la médula. Sé que suena demasiado fuerte. Pero, aunque esa voz no me pertenezca, a veces descaradamente la utilizo. Él se apresura a frenar el impulso que me asalta. No le gusta. Tu voz es limpia, sensual y cantarina... No vomites notas disonantes. La suya también me llega clara. Quizá sólo le ocurra conmigo, pero lo cierto es que, incluso en los momentos más obscenos, no quiere verme en ese lodazal. Existen otros lugares, Rosaida, donde se mezclan desenfrenados el deseo, el vicio y la pasión. Es donde te veo,  donde deseo encontrarte. Un bocado delicioso, distinguido, sabroso como pocos. Mientras le escucho boquiabierta, imagino mi rostro… deslumbrado, fascinado, derretido bajo el sol de poniente.
 
 
Me tomó en sus manos. Dispuesto. Seguro. Con ganas. Sus dedos intensos tantearon en busca de la armonía en mi piel. Desde el primer acorde fui instrumento de viento, resoplándole al oído gemidos de pasión... jadeándole en la boca todo mi deseo. De viento a cuerda, temblando en sus  brazos, vibrando entre sus piernas de fuego y acero. Guiada por el sueño de mi compositor, sus ansias me sedujeron con la percusión. A ritmo de su baqueta retumbaba en su cuerpo mientras golpeaba mi cuero sudando lujuria. Golpeaba una y otra vez con la salvaje finura de sus caderas. No tardó en arrancarme los sonidos que orquestaban mis orgasmos sobre la piel agitada. Ha tocado cada tecla de mi cuerpo, cambiando de ritmo… gozando conmigo al tiempo que le ofrecía las notas que Él quería. Nuestro deseo no tiene límites. Hemos pasado por todos los registros, y no ha cesado hasta alcanzar mi alma de blues. Extenuada. Agotados sobre el lecho musical donde las melodías nacen cuando su magia me compone. Maravilloso... Él y su forma de cogerme, tocarme… degustarme. Deseo y pasión al unísono. Energía inagotable. Su maestría y creatividad se funden en una espiral que sube con fuerza, inalcanzable para muchos. Se ha entregado al sonido que encierro, capaz de sacarlo como nadie, como siempre. Música celestial en sus manos, su boca… en su cuerpo entero. Siempre dispuesto a tocar. Excitado, expectante, atento a las notas que me desgarra. Crea y actúa… ¡Dios cómo compone! Y yo me dejo crear multiplicando mis cuerdas en cien mil sonidos, melodía para los oídos. Vibro en sus manos, progreso en su cuerpo hasta encumbrar la nota más alta. Entonces le entono la flauta mágica. Gozamos. Le siento pleno, satisfecho bajo el hechizo del sonido. Comienzo a descender con una de las sonatas para piano. Suspira, susurra y me abraza besando mis teclas. Me acaricia las cuerdas... hasta el cuero que recubre mi pandero.

Es un genio. Un compositor de altura. Jamás le he oído una nota malsonante. Quizá ese sea el motivo de que no nos privemos de nada. Tampoco nos prohibimos nada… ni nada nos produce rechazo cuando vibro en sus manos.




4 comentarios:

  1. ARMONIOSA MELODÍA, MUY EXCITANTE Y SENSUAL,,, :)
    UN BESAZO ROSAIDA!!!

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    1. Me encanta seducir... nota a nota, mi Lord

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  2. Ay, Rosaida... quién sepa tocarte podrá deleitarse con las melodías de placer que a buen seguro brotarán de tu cuerpo.

    Aunque quizás sea aún más placentero que seas tú la que haga sonar los tambores del deseo...

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    1. ... con los interludios que en mí provoca??

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.