22 de junio de 2014

Caliente como el verano




Una vez más corrí hacia sus brazos atentos, una vez más nada me detuvo. Conduje bajo la tormenta atronadora que anunciaba la llegada de un verano caluroso. El ruido ensordecedor de la lluvia bramaba frenético bajo mi pecho. Golpeaba con fuerza, pero, incapaz de restarle intensidad a los latidos de mi corazón enloquecido, cedió la piel al deseo que me guiaba a su presencia. La densa cortina de agua desdibujaba la calzada llenándola de peligros. En ningún momento atrajeron mi atención, ya que ante mis ojos sólo se mostraba un horizonte nuevo donde se perfilaba su figura esperando mi regreso. Aparqué el vehículo, el honor y la decencia. Tan sólo me quedé con el vicio que agitaba mi cuerpo y pujaba por salir a su encuentro para entregarle hasta el último aliento de mi deseo. Antes de bajar quise relamer de nuevo aquellas emociones vividas junto a él que marcaron mi destino a fuego y pasión…  'Pasión cuando le cabalgo y su boca expele el placer que le provoca'. Su nueva habitación nos acogió vestida de gala oriental. La música sonaba al son de la lujuria pagana que nos capturó sin querer remediarlo. Crecía y subía arrebatada de sensaciones únicas que se agolpaban en nuestras sienes. Las emociones se multiplicaban como estrellas en el cielo estival. De pie, nos miramos hambrientos.  Mientras el brillo nos incendiaba las pupilas, nuestros cuerpos se acoplaron sintiendo la excitación de sus relieves abultados. Le rocé suavemente. Le besé con ganas, me comí su boca entera al tiempo que lamía su cuello varonil. No se hizo esperar… sus manos arrancaron mi ropa dejándome desnuda ante sus ojos. Resoplaba y jadeaba bramando mi nombre. Le sonreí deseosa, provocándole con gestos lascivos mientras me agachaba con las piernas abiertas. Yo tampoco me hice esperar. Llevé mis dedos hacia la joya que me pierde... hasta el tesoro que me deslumbra y nubla la cordura. Me hundí en su entrepierna con los labios febriles. Su aroma invadió mis sentidos, excitándome aún más de lo que estaba. Respiré profundamente. Le besé una y otra vez mientras le chupaba suavemente. Quise recorrerle despacio, lamiéndole cada pliegue... cada centímetro de su carne endurecida. Gemía de placer, susurrándome complacido palabras maravillosas. Y eso... ¡Dios! eso me enciende, me excita sobremanera. Comencé a acelerar el ritmo succionándole hasta la última gota de deseo. Enloquecida, le atrapé penetrándole hasta mi garganta una y otra vez, precisa y veloz. No pasó demasiado tiempo cuando me detuvo jadeando que no deseaba derramarse en mi boca. Atados el uno al otro, caímos sobre las sábanas tersas que al instante quedaron deshechas por el ajetreo intenso que mantuvimos en la contienda. Le monté con ganas, me cabalgó ansioso clavándose en mis entrañas por las tres entradas. Acabamos sin aliento, empapados y abrazados a los susurros que nos mueven a estar juntos.

 
 

8 comentarios:

  1. Nunca dieron tanto de sí unas cañas con unas amigas, verdad?

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    1. Tanto como dio de sí la mente para crear una ficción... verdad?
      Encantada con tu vuelta, que ha sido una verdadera sorpresa.

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  2. Woooh, qué momento!!! Puro erotismo en acción. Me encanta la escena donde aparca el honor y la decencia. Te felicito por tu entrada, Rosaida.
    Besitos y buen lunes.

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    1. Fue inolvidable...
      Me alegra que te guste. No me resultó difícil... tan sólo precisé un par de maniobras ;)
      Un besazo.

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  3. Fogosa y enloquecida batalla la de dos cuerpos que se desean…

    Un placer leerte ;-)

    Bsos!

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  4. COMO SUBE LA TEMPERATURA EN TU JARDÍN, JEJEJEJE...
    UN BESAZO ROSAIDA!!!

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    1. Por el calor... ardiente del verano, Lord ;)
      Otro para ti.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.