15 de noviembre de 2015

La venda caída...

Me gustan las figuras de cera derramada, musité con apenas un hilo de voz. Su dedo friccionaba mi lengua con tanta rapidez que apenas me daba tiempo a apresarlo con los labios. Entonces, gatita, vas a disfrutar con lo que voy a mostrarte.
 

Aún mantenía la venda en los ojos cuando me agarró por la cintura elevándome mientras daba –lo que me pareció- media vuelta. Instintivamente eché mis brazos a su cuello para guardar el equilibrio. Noté su piel sudorosa. En vano intenté recordar cuándo se había desprendido de la camisa y aunque me picaba la curiosidad por saber si aún llevaba los pantalones puestos, no me atreví a bajar la mano por su espalda. Luego me sentó en lo que supuse una mesa. Cuidadosamente posó sus manos robustas en mis rodillas. Me apresuré a soltar su cuello para agarrarme al canto del tablero.
 

Comenzó a subir poco a poco por el interior de mis muslos separándolos a su paso lentamente. Cada caricia le acercaba más al centro de mi deseo. Me sentí tan húmeda que gemí sin pudor al tiempo que dejaba caer la cabeza hacia atrás. Comencé a subir el volumen de mis gemidos que trepaban por las paredes como llamaradas desbocadas. Al mismo tiempo que el fuego me quemaba por dentro, el vicio obsceno se encargaba de ensuciar mi mente con imágenes imposibles. Primero fueron sus manos las que llegaron al corazón que latía blasfemo entre mis piernas. Creí que me había perdido en un sueño de manos maravillosas, pero cuando noté la suavidad de su lengua explorando cada pliegue, cada rincón de mi sexo, no pude soportar los latigazos de placer que me recorrieron por dentro.

Como un resorte sin control, despegué mis nalgas de la mesa arqueándome como un puente suspendido en el aire. Bajo ningún concepto quería que esa boca deliciosa saliera de mi entrepierna, y si lo hacía que lo hiciera para follarme enloquecidamente. Pero Él, anfitrión y dueño de la velada, sería el inventor de la noche y guía de mi cuerpo excitado… algo que me pone muy cachonda. Cuando notó la curvatura de mi cuerpo, me agarró de los muslos ayudándome a mantener la posición en el aire. Acabó con un par de lametones que me hicieron temblar como un flan al mismo tiempo que agarraba su cabello con los dedos aún comedidos. Después del segundo lametón me posó de nuevo en la mesa.
 

No sé el tiempo que transcurrió antes de encontrarme sus ojos clavados en los míos, pero se me hizo eterna la quietud de una espera que pujaba por exacerbarme hasta estallar como una bomba de relojería. A duras penas contuve las ansias de gritarle con la piel agitada… Basta ya, te lo ruego… enteramente abierta, empapada en deseo… Fóllame… fóllame por favor… fóllame como a una puta gatita… si eso es lo que quieres… pero no pares… no me dejes… fóllame hasta que muera clavada en tu polla… dispuesta, expuesta… toda suya. Se lo hubiera gritado a la cara, sollozando impaciente, pero no lo hice, aunque me delataron los ojos que me ardían lascivamente. No podía dejar de mover las caderas, invitándole a bailar mientras le miraba con las ganas amarradas de lanzarme y follarle yo, pero antes de acabar de imaginármelo, siguió mirándome con una bonita sonrisa, mientras una de sus manos se colaba entre mis piernas y la otra me acercaba a su boca para besarme efusivamente, tanto que su lengua se volvió de acero para follarme hasta la mismísima garganta…
 

2 comentarios:

  1. Qué intenso es el placer cuando se degusta en pequeños bocados... como los que estoy empezando a imaginar... ;-)

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    1. Muchos dicen que la imaginación no tiene fronteras... y a mí me gusta añadir... ni límites cuando aún no se ha iniciado la incursión... ;-)

      Bienvenido de nuevo, Manolo... me encanta verte por aquí.

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Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.