9 de septiembre de 2017

Quizá merendando a las seis (3 de 3)


 
Liberada por su voz del confinamiento matinal,
retomo mi vida alegre degustando un tentempié.
El canapé repasa el último Desayuno con las flores
hilvanando lo que vendrá junto al bocado de dos.
 
Después, continúo con el hacer más allá de tejer.
Canturreo una canción mientras bailo con el jamón,
Y entre tapa y tapa me preparo para la ocasión.
 
Antes de sacar las viandas que nos darán de comer,
Las olivas y el vermut visten la mesa de bermejo azul.
Le miro a los ojos con el hueso en la boca…
Sonrío mientras me arrastro a su piel… 
 
Con la boca de piñón,
Lanzo la pepita por encima del sillón
Mientras lamo su cuello de rey león… 
 
Le beso, acaricio su piel y le toco los pies,
Agasajo sus manos y le sorbo los dedos
Uno a uno los chupo con la mirada perdida
Cuando un rugido le arranca de mí… 
 
Es el bufido de un motor,
de carreras o no, que más da
si el deseo ya no está… 
 
Pienso luego no existo… me dice
Volveré a intentarlo al atardecer,
Quizá ahora le guste antes de cenar…
Pero los años me dicen
 
que regrese a los dedos que alivian mi sed
O espere a que llegue la madrugá,
despierta y abierta hasta el amanecer…
 


1 comentario:

Tus palabras son las huellas que dejas en los senderos de mi Jardín... palabras que se quedan cuando son sinceras.